Opinión

sin fronteras

Con lágrimas entre los ojos

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

Cuando Efrén salió expulsado —con lágrimas entre los ojos— del Tusculum College, en Tennessee, tan solo tres meses después de haber iniciado sus estudios, no solo murió su aspiración por convertirse en fisioterapista deportivo, sino también la esperanza de la aldea Chequín, en Tacaná, por graduar al primer profesional de su historia.

Para Efrén, haber sido condecorado con media beca por ser futbolista destacado no le valió un futuro; tampoco haber estudiado y ganado los exámenes para recibir la otra media beca, a pesar de su base académica en Chequín. Sus habilidades le habían permitido superar las barreras migratorias, pero eso tampoco le ayudó. A pesar de que lo querían, Tusculum College lo expulsó porque en Guatemala, en la aldea donde nació y creció, fue frecuente que los niños al nacer no fueran inscritos. A esto se le llama subregistro de actos civiles y sucede en actos como nacimientos, matrimonios y defunciones.

Con lágrimas entre los ojos, allá en Tennessee, Amado, el padre de Efrén, me contó su historia. Y le fue difícil confesar cómo él y su esposa tampoco fueron registrados; y me compartió cómo esa limitación se trasladó luego a sus cinco hijos nacidos en Guatemala. Una familia completa, de siete, que emigró y ahora vive en la ruralidad estadounidense, en la sombra absoluta. Salen adelante por la fuerza de sus músculos y su espíritu fuerte, pero saben que no se podrán superar en un mundo que exige un nombre, una fecha de nacimiento, un papel que certifique la existencia.

A veces cuesta comprender cómo una pareja engendra a un niño y luego no lo registra. Desde afuera, algunos lo califican como una irresponsabilidad. Pero para comprender el problema nacional y regional es necesario conocer la ausencia del Estado en comunidades rurales, y por tanto, que un registro es innecesario, porque no trae beneficio a cambio. Desde 2007, el peruano Dwight Ordóñez Phd. y Patricia Bracamonte —con el auspicio del BID— y por encargo de Renap, documentaron las consecuencias del subregistro en Guatemala. Revelaron datos contundentes que prueban que el problema se extiende hacia la población migrante. Y es hora de que el Estado reconozca esta dimensión internacional, y mínimamente: a. Reconozca el problema y provea una política pública; b. Aprenda —a partir de los datos— que en muchos casos las áreas con mayor subregistro son las que más expulsan migración; y c. Que inicie programas consulares focalizados para abrir las puertas del registro en los lugares más afectados.

Desde 2013, Renap ejecutó un Plan Nacional para la Erradicación del Subregistro, y de hecho, declaró varios departamentos libres del flagelo. Pero el plan se limitó a lo doméstico, pues para internacionalizarlo, hizo falta voluntad conjunta con el Ejecutivo que, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha negado este y otros problemas de registro civil en la población migrante: registros destruidos, alterados, suplantados, y otros problemas que inciden en que tantos guatemaltecos resulten rechazados cada vez que se acercan a una sede consular.

Conocí en EE. UU. a mucha gente en esta situación, pero el caso de Efrén se quedó grabado en mi existencia. Un día, él y su hermano me llevaron a conocer esa universidad en Tuscullum. En el recuerdo, fijo quedó el bello estadio de fútbol donde lo tuvo todo para ser estrella. Y sí, mientras hicimos el recorrido, lágrimas salieron entre los ojos de Efrén; y también entre los de su hermano; y también entre los míos, rodeados de los bellos graderíos de ladrillo vacíos, y del verde, encendido y vivo césped, que pedía a gritos ser pisoteado por ese muchacho. Lágrimas se asoman cada vez que imaginamos lo que pudo y estuvo tan cerca de suceder.

Un certificado de nacimiento no es demasiado pedir.

@pepsol