Opinión

Presto non troppo

De regreso: otras ocho horas, sin alivio

Paulo Alvarado

Paulo Alvarado

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Cultura Paulo Alvarado

Como un corolario a lo que comentábamos en la entrega pasada, quizá resulta oportuno hacer referencia a las antiguas “caravanas artísticas”. El término es vetusto, no solamente porque se utilizaba antaño, sino porque denota algo que ahora se estila poco: la presentación de diversas disciplinas del arte dentro de un mismo evento. Pero, encima de eso, las giras actuales no se ven ayudadas en nada por la frivolidad que el Ejecutivo manifiesta en sus penosas demostraciones de incapacidad para solucionar, de manera expedita, hasta las faenas más obvias (tales como reparar las pinches carreteras del país); no digamos el resuelto apoyo material a la cultura de Guatemala.

Algunos lectores amablemente me recordaban que el organismo encargado de la obra pública varió de nombre hace un par de décadas. Al presente lleva el pomposo rótulo de “Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda”. No obstante, la alusión que hice a su antigua denominación tiene un trasfondo. Como acontece con tantas otras dependencias gubernamentales (la mayoría de las cuales han cambiado de nombre varias veces en pocos años), la etiqueta sale sobrando. El asunto es que con un apoderado del desgobierno anterior que desfalcó a la nación por Q1,800 millones, o con los que le precedieron, o con los que le siguen y le seguirán, la metáfora es profundamente representativa de lo que queremos creer que es la patria guatemalteca. Por desdicha, prevalece una comunicación mala, muy mala, terriblemente mala. Sea un correo, sea un medio de transporte, sea una carretera, sea… el simple hablar, debatir, disentir, hasta llegar a acuerdos y acciones que beneficien a todos, a todas. Dicho de forma llana, comunicarse a través de los medios sancionados por los estamentos de poder (político, económico, religioso) es MUY difícil en este país.

¡Qué diferencia cuando hablamos del arte y de la cultura! Aunque tengamos que invertir ocho horas en ir o en venir de un poblado que debiera estar a menos de la mitad de ese tiempo –sin otro alivio que la paciencia–, ahí vamos. Una vez en el escenario, no hay problemas de comunicación. No hay barreras, no hay obstáculos que franquear. Es darle rienda suelta a la creatividad, al proceso de transmisión-recepción (del que ya habremos de ocuparnos más largamente), a la enorme capacidad humana de compartir. Porque, en suma, el arte es comunicación. Una comunicación mucho más profunda y eficaz que la de un panfleto o de la noticia de última hora. Por eso es que se persigue, se coarta, se encarcela y se sacrifica a un músico, a una cantautora, a un poeta, a una pintora, a un cineasta. Los gobiernos, los ejércitos y los mercaderes le temen más a estos y a estas que a un tonto con una metralleta en mano.

No le demos más vueltas, pues, a la falta de quienes, teniendo un poder, no tienen una visión de conjunto que sea paralela con sus medios. Preferiremos aguantar el calor, el frío, la desesperante cola de vehículos para llegar o regresar. Preferiremos perder valiosas horas de trabajo, o de actividades productivas, o de estar con la familia, antes que rendirnos. Preferiremos asir una guitarra o enarbolar una canción que toque el corazón de una mujer o de un hombre, que agredirles con una violencia premeditada y vil. Preferiremos convidarles –en este día– a quienes puedan llegar, al final de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que hoy concluye, en Fórum Majadas. Cayendo la noche tendremos el privilegio de compartir con la joven cantautora comalapense Ch’umilkaj Nicho. Un poco de música, unas canciones, algunas sorpresas por ahí. Un lindo final de semana, lleno de cultura.

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