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Elecciones a la latinoamericana

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

Las elecciones de este año en Estados Unidos han tenido giros que las hacen muy distintas de elecciones anteriores. Yo he llegado a calificar el proceso como la “latinoamericanización” de las elecciones en ese país. Lo curioso es que los latinoamericanos residentes allá no tuvieron mucho que ver en ese proceso. Es un logro genuino de los políticos estadounidenses. ¿Estamos presenciando el principio del fin de esa gran república?

A lo largo de los años se han hecho muchas comparaciones entre el Imperio Romano y Estados Unidos. Considero que esta comparación, si bien es cierto puede tener alguna similitud en la parte militar, se equivoca en las épocas. Y es que si se va a hacer una comparación correcta, creería que los Estados Unidos de los últimos doscientos y pico de años en todo caso se podrían comparar a la República Romana y no al Imperio. Pero no podemos obviar el hecho que de la República se pasó al Imperio. Y aunque el período de mayor “gloria” y la famosa Pax Romana se dieron bajo el Imperio, fue ese cambio en el tipo de gobierno el que sentó las bases para que, algunos siglos después, Roma cayera, ocasionando por lo menos un milenio de retraso en el desarrollo de la humanidad.

La pregunta del millón es si estamos en el punto de quiebre, similar al que convirtió a la República Romana en un Imperio. Nadie ahora puede dar esa respuesta. Los procesos de ese tipo llevan mucho tiempo.

Quizá en un par de siglos en los apuntes de historia alguien pueda marcar esta elección como el punto de quiebre, pero ahora no. Roma misma, aunque sentó las bases de su caída cuando se convirtió en Imperio, todavía sobrevivió más de cuatro siglos.

Lo importante aquí es entender que nada está garantizado. De allí que los mismos padres fundadores de la republica estadounidense lo previnieran. Jefferson lo advirtió cuando dijo que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Y quizá Benjamín Franklin fue todavía más explícito cuando respondió a una señora que le preguntaba qué tipo de gobierno les habían dado: “una república, si la pueden mantener”.

Y llegamos entonces a esta elección. Los políticos se han corrompido y alejado tanto de los electores y de los principios fundamentales de la república, que muchos de esos electores reniegan de la política tradicional y han sido deslumbrados por el que se vende como un “outsider”, como alguien fuera de la política corrupta tradicional, por muy impresentable que él mismo sea. Y por el otro lado está una candidata que representa todo lo que muchos desprecian de la política tradicional.

Y entonces llegamos al punto que ha caracterizado durante mucho tiempo las elecciones latinoamericanas: votar en contra. En Latinoamérica mucha gente vota en contra de alguien, más que a favor de quien emite su sufragio. Casi siempre para eligiendo al “menos peor”. Aquel con el que no está tan de acuerdo, pero que, comparado con su contrincante, aparenta que no hará tanto daño. Y eso, que no se daba antes en Estados Unidos, parece que ahora es el factor principal de la elección. Unos consideran que Hillary no es lo mejor, pero jamás quisieran tener a alguien como Trump de presidente. Otros consideran que Trump es impresentable, pero consideran que es mucho peor continuar con la política tradicional.

Si a eso le añadimos el populismo con que ambos han manejado su campaña, no tiene nada que envidiarle a unas elecciones latinoamericanas. Esperamos que la división de poderes en ese sistema republicano sea todavía lo suficientemente fuerte para resistir los vientos de cambio.