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Fue un pierde-pierde

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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Donald Trump

SI ALGO ES BUENO en México, es su cancillería. Los diplomáticos de carrera del vecino país se distinguen por su capacidad, lo cual incluye obviamente el cuidadoso estudio de las posibles consecuencias de las decisiones de Estado o de gobierno. Por ello, la tormenta desatada debido a la invitación a Donald Trump hecha por el presidente Enrique Peña Nieto, no me deja duda: se trató de una decisión tomada por alguien ajeno a la diplomacia de ese país. Me sorprendió la andanada de críticas, sobre todo por estar basadas en otro asunto en el cual los mexicanos destacan: la certeza de su dignidad y por tanto, su reacción negativa cuando ésta, a su criterio, es mancillada.

EL DERECHO A CRITICAR a los presidentes lo tienen sobre todo los ciudadanos. Pero cuando se trata de un país importante, como lo es México en muchos aspectos, y se relaciona con otro de igual calidad, como Estados Unidos, es válido hacer señalamientos, por supuesto dentro de las normas de respeto. En mi caso, concuerdo con la mayoría de las críticas serenas de una serie de personalidades mexicanas cuyo criterio va más allá de la simple valoración partidista. Y en realidad, lamento lo ocurrido, porque el constante insulto de Trump se puede considerar dirigido a todos los indocumentados de cualquier nacionalidad, especialmente de nuestros países.

SIEMPRE HE CONSIDERADO al aspirante republicano Trump como un verdadero peligro para su país y el mundo, si llega a ganar. La manera como habló en México, al compararla con la repetición de su diatriba absurda respecto a construir un muro pagado por los ciudadanos mexicanos, solamente reafirmó mi preocupación por las votaciones de Estados Unidos. A mi criterio, la sorpresiva visita hoy comentada fue un pierde-pierde. Tanto Peña Nieto como Trump quedaron mal: uno porque la invitación no tenía sentido, y otro porque a sus seguidores, recalcitrantes como él, tampoco les pareció. En política, se debe recordar, no hay penitencia para expiar errores.

Tantos personajes ahora perdidos en el horizonte político.

Los casi olvidados

HACE SOLO UN AÑO, el resultado de la elección en Guatemala era la fuente de comentarios al hundimiento de Manuel Baldizón y al estrepitoso fracaso de su aventura, a pesar de los millones de quetzales gastados. Otto Pérez Molina ya había dejado la presidencia, así como Roxana Baldetti la vicepresidencia, y comenzaba su larga permanencia en los tribunales de justicia. Para los tres mencionados se puede señalar el ocaso total de su estrella política. Algo similar ocurre con Sandra Torres, cuya derrota posterior significó el fin de las dirigencias partidistas tradicionales, de la “vieja política”, aunque el FCN Nación sea un grupo de nuevos políticos estilo viejo.

BALDIZÓN, PARA BIEN del país, se esfumó. No sé cuántos se recuerden de él, porque a pesar del cuantioso dinero gastado, no significaba nada, realmente. Su “partido” incluso es menos recordado. Sus diputados “transfuguearon” de nuevo, como era obvio: eran tránsfugas. La señora Torres se encuentra ahora enfrentando una rebelión interna, de la cual es muy posible salga derrotada, aunque pese a ello la supervivencia de la Unidad Nacional de la Esperanza ya no tiene esperanzas, aunque aún pueda durar pocos años más. Si agregamos al resto de quienes participaron en la contienda electoral pasada, aumenta considerablemente el número de los casi olvidados.

LA VIDA EN GUATEMALA TIENE una velocidad vertiginosa. Los hechos sorprendentes, inesperados, etcétera, suceden cada día. Por eso un año resulta ser una larga cantidad de tiempo, complementada por la falta de memoria histórica nacional. La atención nacional se fija en los nuevos políticos de estilo viejo, ante todo quienes están arrimados muy cerca de Jimmy Morales, quien por su parte no se decide a hacer a un lado a sus amigos reales o supuestos, estos últimos impuestos por los poderes fácticos partidistas de la agrupación tribal conocida como FCN-Nación. Al terminar este gobierno, se unirán a los casi olvidados en un tiempo igualmente corto.