Opinión

urbanismo y sociedad

Juegos olímpicos y las favelas

Alfonso Yurrita

Alfonso Yurrita

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Infraestructura

Los Juegos Olímpicos, como sucede en casi todas las ciudades, tienen su reverso amargo en Río de Janeiro. Como es el caso de las favelas o zonas marginales en nuestro medio. “Pues algunos proyectos de obras olímpicas afectan directamente a las favelas que el Estado quiere derribar —o están derribando y los moradores no están de acuerdo ni en dejar una comunidad—”. Pero al final solo una sufrió esta decisión y sus moradores fueron compensados por un conjunto residencial. Para los brasileños, la favela es un modo de creación de la ciudad por parte de amplios sectores de las clases populares, cuyos bajos ingresos no les permiten acceder a los barrios y a las viviendas formales. La extrema desigualdad social y la debilidad de las políticas públicas de construcción de vivienda y de urbanización básica han hecho de la favela una respuesta efectiva de los sectores más pobres, pues con sus limitados recursos y ahorros pudieron ir construyendo poco a poco sus viviendas y formando verdaderas “ciudades hechas a mano”.

En Guatemala, el fenómeno urbano de las áreas marginales dieron inicio en el gobierno del doctor Juan José Arévalo, cuando en 1951 se construyó la Ciudad de los Deportes, para unos juegos Centroamericanos en la zona conocida como La Barranquilla, un complejo con instalaciones para el futbol y atletismo, piscina olímpica, canchas de tenis, gimnasio y el Palacio de los Deportes (WP). Para esta época, la ciudad había crecido a 250 mil habitantes. Muchos de los obreros de esta obra se instalaron en las laderas de este barranco y posteriormente invasores rurales formaron la primera zona marginal de la Ciudad de Guatemala: La Limonada —por amarga—.

A mediados de siglo XX, con el crecimiento urbano, los más pobres y los inmigrantes se ubicaron en cuartos de alquiler, donde vivían varias familias en uno o dos cuartos. A partir de 1959 se realizaron invasiones en terrenos baldíos y barrancos de las zonas 3, 5 y 6. Con el terremoto de 1976 se destruyeron muchas de ellas y para solucionar este problema se desarrollaron instituciones como el Comité de Reconstrucción Nacional. Se cambió el uso de materiales que trajeron el fomento de técnicas de autoconstrucción, mano de obra familiar, promovidos, en parte, por el desaparecido Banco de la Vivienda (Morán), creado en 1973. Pero la SIB suspendió sus operaciones. También se creó el Comité de Reconstrucción Nacional y el Fondo Guatemalteco para la Vivienda, pero dejó de tener interés por las fuerzas políticas y menos interés por parte de las económicas. Con el tiempo crecieron los asentamientos en las orillas de los barrancos, que suman ya alrededor de 177 en la Ciudad de Guatemala, con alrededor de 425 mil personas (Ceur). Junto a esto se desarrolló la violencia urbana, que según el Índice de Progreso Social 2016, de 133 países evaluados, Guatemala ocupa el sexto lugar en niveles de violencia, siendo La Limonada una de la más violentas. Igual que en 264 favelas, en donde la guerra entre los narcotraficantes y la Policía parece no tener fin.

Lo dramático es que exista “el Banco Interamericano de Desarrollo, principal institución multilateral que proporciona financiamiento de largo plazo en el sector de habitación y apoya la formulación y ejecución de políticas habitacionales a fin de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables y contribuir a la reducción de la pobreza”. El presidente del Banco sostuvo recientemente reuniones con representantes del Gobierno y con el presidente Jimmy Morales, quien le recordó que Guatemala es uno de los países con menor presión fiscal del mundo, de apenas el 10% del PIB.

alfonsoyurrita@yahoo.com