LIBERAL SIN NEO

La infección de los pactos faustianos

El pacto con el diablo es un motif cultural presente en leyendas populares y un tema tratado en obras literarias. La historia se hizo popular en Inglaterra, por el dramaturgo Christopher Marlowe, en la obra La trágica historia del Doctor Faustus (C.1587). Dos siglos más tarde, Goethe utilizó el tema en su obra Faust, donde un exitoso erudito, infeliz con su vida, hace un pacto con el diablo, entregando su alma a cambio de conocimiento ilimitado y placeres terrenales.

Los pactos faustianos han corrido rampantes desde hace mucho tiempo en Guatemala. El pago de sobornos para obtener contratos con el gobierno y el pago de comisiones para apresurar el pago no es noticia o primicia de última hora. La mercadería no sale de la aduana sin coima. El permiso, autorización, sello, licencia, estudio y requisitos ad infinitum no se materializan sin engrasar los ejes. El poder discrecional de otorgar contratos con el gobierno, desde venderle galletas, leche, computadoras o asfaltar carreteras, es la fuente de grandes fortunas mal habidas.

La línea que separa el bien y el mal no siempre está claramente dibujada. Quizás hay alguna diferencia entre el soborno y la extorsión, pero no la tengo clara. Una persona que pacta soborno para obtener un contrato con el gobierno está claramente incurriendo en actos corruptos e ilegales. Suponga que una persona logra un contrato para proveer al gobierno de un bien o servicio, con todas las de ley, sin dinero bajo la mesa, favoritismos o movidas chuecas. Invierte recursos, tiempo y adquiere deudas para cumplir a cabalidad. Luego, pasa el tiempo, meses, incluso años y no sale el pago. Un funcionario con poder de decisión le informa que para que salga su pago debe pagar una comisión de 15%. ¿Esto es soborno o extorsión? Está el dilema moral y además se corre un riesgo legal que puede tener consecuencias graves. Ha arriesgado su patrimonio, tiene deudas y enfrenta la quiebra. ¿Qué hacer?

Un ejemplo extremo de la capacidad de infección que puede tener la discreción es el caso del bolívar venezolano. Hay entre seis y nueve diferentes tipos de cambio entre el bolívar venezolano y el dólar, desde el oficial hasta el “negro”. Al 5 de agosto, el tipo de cambio oficial (Dipro) es 10.13BsF x 1US$, otra tasa de cambio oficial (Dicom) es 2,970 VEF (Venezolano Fuerte) x 1US$, mientras que el tipo de cambio en el mercado “negro” es 18,982 VF x 1US$. Es decir, se puede comprar un dólar por 10.13 bolívares en el Banco Central, pero no hay, o se puede comprar a 18,982 bolívares, todos los que quiera. Usted ¿en qué mercado quiere comprar los dólares y en qué mercado los quiere vender? La clave está en quién tiene el poder de dar autorización para comprar dólares al tipo de cambio oficial. Está claro que un sistema como este refleja un tremendo desorden económico y grandes oportunidades que van a infectar toda la economía con corrupción.

El sistema en Guatemala está infectado y no es cosa fácil sanarlo. Por una parte hay que aplaudir que la ley persiga la corrupción y los negocios sucios. Por otra, a muchos les incomoda que la justicia es selectiva, se persigue a unos pero no a otros. Por ejemplo, la Cicig y el MP lograron botar al corrupto gobierno del Partido Patriota, pero han dejado inmune a quienes encabezaron el gobierno de la UNE, que fue igualmente corrupto. Puede verse en esto algún tipo de Pacto Faustiano, a cambio de que la UNE apoye la agenda legislativa de la Embajada y la Cicig, no serán perseguidos. No me consta, pero se intuye. ¿Y Codeca, que encaja perfectamente en la misión de Cicig?

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).