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La productividad de los guatemaltecos

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

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Economía guatemalteca

Conforme la tasa de cambio del quetzal se continúa apreciando, siguen surgiendo voces argumentando que se debe dejar este sistema y devaluar nuestra moneda artificialmente para “volvernos más competitivos”.

Considero que esto es un grave error y sería retroceder a un pasado que, lamentablemente, ya muchos parecen no recordar.

El camino hacia la estabilidad de nuestra moneda se inició hace un par de décadas, cuando se prohibió constitucionalmente al Banco de Guatemala (Banguat) financiar los desmadres del gobierno. Si no fuera por esta limitación —y tomando en cuenta la sarta de políticos incompetentes y corruptos que hemos tenido de esa época para acá—, la situación en Guatemala sería muy distinta y probablemente le estaríamos peleando a Venezuela el dudoso honor de ser el país con la inflación más alta del mundo. Pero eso no ha sucedido, no porque los políticos no lo hayan deseado, sino porque no pudieron hacerlo.

Luego se sumó la Ley de Libre Negociación de Divisas, que liberó a los guatemaltecos para utilizar cualquier moneda, lo que a su vez establece un freno a lo que el Banguat puede hacer, so pena de que los guatemaltecos decidan dejar de utilizar el quetzal.

Estas dos decisiones han permitido que, por lo menos en esta área, Guatemala sea un ejemplo y que el quetzal se haya mantenido estable a lo largo de ya casi dos décadas. Es en ese contexto que debemos analizar la situación actual.

Es innegable que el principal factor en la apreciación es el ingreso de dólares por remesas. Aprovecho para comentar un argumento según el cual esta apreciación no es “natural” porque no está basada en un aumento de la productividad en nuestro país. Este argumento es falso.

Este ingreso de divisas está directamente vinculado —en su mayoría— a guatemaltecos que se han ido a trabajar a Estados Unidos pero que envían de regreso un porcentaje de sus ingresos para sostener y mejorar el nivel de vida de sus familiares que se quedaron en el país.

Bajo esta perspectiva, yo sostengo que, en la práctica, la productividad de los guatemaltecos sí se ha incrementado, gracias a que una buena parte está trabajando en una economía con mucha mayor productividad. Es decir, se ha incrementado la productividad de los que se fueron, pero como mantienen los vínculos económicos con Guatemala, esa mayor productividad se traslada para acá.

Luego está el factor de la tasa de interés más alta en quetzales que en dólares, lo que, aunado a la tasa de cambio, crea un espacio para el arbitraje financiero —aprovechar la ventaja de una diferencia de precio entre dos mercados—. Hago la salvedad de que existe esa posibilidad, pero no creo que se haya aprovechado todo lo que se pudiera, sino el quetzal se habría apreciado todavía más.

Ante esta realidad y los antecedentes, considero irresponsable —cuando no suicida— querer quitar los candados legales que han permitido la actual estabilidad. Quienes buscan el beneficio a corto plazo pasan por alto el hecho de que se abriría la puerta para que los políticos irresponsables y corruptos nos lleven hacia el desastre.

Desde mi perspectiva, solo hay dos cosas que los mandatarios deberían hacer, una es igualar la tasa de referencia a la de la Reserva Federal, para reducir al máximo la posibilidad de arbitraje financiero, y la otra es eliminar todos los obstáculos a la inversión en nuestro país. Mientras más inversión haya y se generen más puestos de trabajo en Guatemala, menos incentivo habrá para que más guatemaltecos decidan irse a trabajar a otros países. ¿Usted cree que se les debe permitir a los políticos manosear la tasa de cambio?