Opinión

Catalejo

Los acontecimientos marcan las tendencias

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

En el mundo de hoy existe una maraña de sucesos cotidianos en todo el mundo y también una excesiva reducción del espacio para expresar ideas e informar y comentar lo acontecido —consecuencia a la vez de la instantaneidad del alcance de los mensajes. El resultado de esto se manifiesta especialmente en la trivialización de los mensajes y de la inmensa popularidad de emisores sin ninguna importancia, como pueden serlo artistas de cine, cantantes juveniles, etcétera, al punto de existir en este momento estudios para identificar un nuevo trastorno psicológico derivado de la permanencia excesiva, casi delirante, conectado de cualquier manera a las redes sociales, uno de cuyos efectos menos comprendidos es debilitar la educación escolar y familias.

En este contexto, se encuentran en franco problema quienes desean compartir ideas serias, motivadoras, dirigidas a buscar una mejora en la vida humana o simplemente invitar a la meditación, aunque sea breve, acerca de temas de importancia por sus efectos tanto en las personas como en las sociedades. Hay comunicación, pero siempre es a distancia, y por ello poco a poco se va perdiendo la costumbre de dialogar con alguien presente, con el resultado de destruir o al menos afectar duramente la relación humana, característica propia iniciada desde los tiempos de los hombres de las cavernas. Esos minimensajes tienen además el peligro de ser reactivos a emociones, con el agravante de estar en cuestión de segundos en cualquier lado del planeta.

Dentro de las dificultades de esta nueva situación mundial, se encuentra la de encontrar las tendencias, es decir, los hilos invisibles unificadores de hechos pertenecientes al pasado, y útiles para predicciones y para decisiones futuras tomadas sobre bases objetivas. En este año 2017, las tendencias buscadas en el campo de la política permiten encontrar explicaciones válidas. Por ejemplo, las acciones del presidente estadounidense Donald Trump van en una clara tendencia, aunque son inesperadas. En el caso de Cataluña, el resultado de las urnas en las dos últimas ocasiones permiten predecir las graves dificultades colocadas a la vuelta del camino en España. La salida de Inglaterra y sus acontecimientos relacionados permiten predecir malos tiempos.

En el caso nacional, este 2017 confirmó la tendencia manifestada en el 2016, es decir, la dirección errática del país, el rechazo a las críticas aunque sean mesuradas y, sobre todo, justificadas. Las alianzas ocultas del presidente Morales con personajes oscuros en el Congreso, las alcaldías, su poca capacidad de liderazgo dentro de la agrupación política de la cual fue secretario general y obtuvo ilegales contribuciones en especie y en efectivo cuando era candidato. A todo esto se agregan acciones descabelladas, como su inútil peregrinaje a Nueva York para pedir la expulsión de Iván Velásquez, o arriesgadas, como ser el primer país seguidor de la reciente decisión de Trump respecto a Jerusalem y la sede de la embajada en Israel.

Quienes piensan en las posibles consecuencias de las decisiones, sobre todo en el campo de la política tienen sólidos puntos de vista a este respecto. En el caso de Guatemala-Jerusalem, preocupa la fuerza de uno de los verdaderos motivos de la resolución: la solicitud de diputados basada en criterios religiosos. Aquí, el riesgo interno es iniciar la costumbre, la tendencia, de nuevas decisiones por esa misma causa, lo cual provocaría aún más problemas posibles. Los anteriores son solo ejemplos de la importancia de marcar una ruta, porque de esa manera será más fácil encontrar y conocer esa tendencia. Cuando tal ruta no existe, los hechos señalan tendencias peligrosas, absurdas y malas.