Opinión

Con nombre propio

Un peligroso presidente

Alejandro Balsells Conde

Alejandro Balsells Conde

La soledad del Presidente es tal que firma lo que sea y se alía con quien sea. El eterno dirigente magisterial Joviel Acevedo desfiló la semana pasada y en la misma Casa Presidencial don Jimmy Morales aprobó un bono extraordinario para fin de año de dos mil quinientos quetzales por cada profesor y así cree tener el apoyo de todos los maestros. Por supuesto, el ministro de Finanzas salió más corriendo que andando a señalar la imposibilidad, para cubrir la ocurrencia presidencial.

El anuncio del bono se da cuando el Presidente es señalado de haber pagado con dinero público joyas, tenis, licor, masajes y otro tanto de exquisiteces que obligaron a la anquilosada Contraloría General de Cuentas a ordenar al jefe de la SAAS reintegrar más de 300 mil quetzales. Si bien el jefe de la SAAS se retrató de cuerpo entero como servil y culebra, es injusto que la Contraloría solo lo señale a él, cuando quien usa las joyas corrió con los tenis, bebió el licor y sufrió los masajes (no fueron relajantes) fue el Presidente.

Compartí con el Presidente cuando se preparaba el proyecto de Reforma Constitucional, y yo era parte del equipo de la Secretaría Técnica a propuesta del Procurador de los Derechos Humanos. Escuché al Señor Presidente proponer cambios al proyecto, lo vi analizar en conjunto con diputados y magistrados de la Corte Suprema el giro de 180 grados que se quería dar al sistema. Escuché al Presidente argumentar que la carrera judicial real era un pilar fundamental que debía construirse y que no era conveniente que los Magistrados de Cortes de Apelaciones tuvieran que visitar el Congreso cada cuatro años para su reelección, lo escuché señalar que la independencia del sistema de justicia sería parte de su legado.

Vi al Presidente sentado a la par de Thelma Aldana y de Iván Velásquez en reuniones de trabajo, constaté su apoyo al proyecto con su operador en el Congreso Javier Hernández (quien siempre mostró reservas) y acompañado de otros diputados como Mario Taracena, quien presidía el Legislativo, lo observé a la par de Ranulfo Rafael Rojas Cetina, en ese entonces presidente del Organismo Judicial y otros cinco o seis magistrados. Por eso, después de escuchar que había firmado un acuerdo que declaraba non grato al comisionado de la Cicig y que justificaba su decisión en que existía “presión para que se aprobara la reforma constitucional”, comprobé que o le mentía a la población o había mentido a lo largo del proceso, pero cuando salió a luz que por las prisas había dispuesto la declaratoria sin referendo ministerial y, en consecuencia, el documento era nulo, supe que ya había capacidad de “hacer cualquier cosa”.

Pasó el tiempo y el presidente se alió con el alcalde cuestionado de la Ciudad de Guatemala, y cuando la Fiscal General le señaló de no ser un aliado en la lucha contra la corrupción, solo ripostó que era el gobierno que había entregado, de forma más eficiente, el situado presupuestario al MP. Ante esa banal respuesta poco puede agregarse.

El Presidente “ascendió” a un médico como ministro de Salud. A un ministerio no puede llegarse por ascenso porque es un puesto político, pero en fin acá pasa cualquier cosa. En ese ministerio se había llevado a cabo la batalla más grande en torno a las ilegalidades de ciertas disposiciones de los pactos colectivos. Hoy esa batalla la quieren meter al “congelador” para seguir fomentando la corrupción sindical, como lo demuestra lo que ocurrió con el magisterio.

@Alex_balsells