Opinión

Sin fronteras

Una semana que moldeará el futuro

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

Esta semana, dos grupos de personas saldrán por dos distintas vías del país. Por Nentón, la esquina virgen de Guatemala, entre veredas de chichicaste, el “guía” Juan Frontera saldrá escabullido. Bajo sus cuidados lleva en este viaje a dos patojos hermanos. Su encargo es especial, el destino es un sueño americano. Es el sueño de un papá de llevarlos a la escuela. ¡Lo que hace cierta gente por educar a sus hijos!

Ese mismo día, desde La Aurora, despegará un avión con un equipo de gobierno. Representarán al país en un evento en Miami. Es la Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad en Centroamérica. Pero los anfitriones son los Departamentos de Estado y de Seguridad Interna de EE. UU, y también el Gobierno de México. Si acaso esto le es confuso, no es para menos. El bienestar y la seguridad de los países del norte centroamericano, se definirán en Miami, adentro de una sede militar —la del Comando Sur del Ejército norteamericano-.

Mencionaba en una ocasión Philip Chicolla, que EE. UU. pasó, de ser un policía en el mundo, a colocarse como garante del orden interno de los países que le afectan. Y parecen percibir que Guatemala se resiste a los cambios del Plan Alianza para la Prosperidad. Juan Luis Font citaba en un artículo esta semana, al secretario John Kelly, quien al convocar a este evento, habría llamado a Guatemala “un problema”, “incapaz o desinteresado por resolver sus dificultades” y que por ello “requiere de ayuda, o tomar dictado”.

Estas líneas pasan de lo diplomático, a lo estratégico militar. Son reflejo de que se elevan de tono las condiciones por un país menos fallido.

Principalmente persiguen la apertura democrática, el fortalecimiento del aparato de seguridad y justicia, y de la institucionalidad. Al leer la frustración expresada por Kelly, vienen a mente las contra-ofensivas de sectores conservadores del país, ensañados en sus batallas particulares contra las reformas propuestas, que perciben como un viraje a “la izquierda”.

Creo que podemos afirmar, con relativa holgura, que los sectores de poder tradicional en Guatemala no han lucido hasta ahora, como los más interesados en lograr cambios a la estructura y el pensamiento nacionales. Basta recordar aquella imagen, donde las cámaras empresariales en pleno, de negro vestidas, sentaron un no rotundo a la propuesta de legitimar la jurisdicción indígena.

El reto guatemalteco esta semana es mayúsculo, pues la agenda oficial tiene como esencia, convencer a Estados Unidos de que los procesos de cambio requeridos, están en camino. De hecho, se dice que en el equipo de gobierno existe un cierto optimismo de que Guatemala demostrará haber logrado resultados, especialmente en materia de la lucha contra la corrupción. Habrá que ver si los interlocutores dan crédito al país por esos logros, o si más bien, los acreditan al esfuerzo extranjero –CICIG-, a pesar de la resistencia nacional.

La paradoja es que el equipo que procurará convencer de una nueva Guatemala, lo encabezan tres actores que tienen un perfil cercano a las cúpulas económicas. Julio Héctor Estrada, Acisclo Valladares, y Carlos Raúl Morales, nos representan esta semana. Bajo el brazo, llevan horas de trabajo de sus propios equipos.

Si llevan una nueva agenda de inclusión, o una defensa de la tradicional posición, aún no lo sabemos. Tampoco sabemos si les creerá el viejo Tío Sam.

Pero de lo que sí podemos estar seguros, es que Juan Frontera tiene sabiduría de pueblo. Él sabe bien dónde no ha tenido lugar. Machete en mano, abre el camino para abandonar el país, donde un sueño para los suyos, no existe.