Opinión

EDITORIAL

Relevancia de la visita de Biden

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A la capital guatemalteca llegarán los presidentes de Honduras y El Salvador, además de su colega guatemalteco, para discutir la implementación del plan Alianza para la Prosperidad. El señor Biden tiene dentro de sus tareas la de poner en el tapete qué significa y cuáles son las consecuencias de lo ocurrido con la decisión del juez federal tejano que suspendió “temporalmente” el plan de ayuda por mil millones de dólares anuales a cada país del Istmo.

La nueva situación político-jurídica estadounidense abre una batalla de similares características librada por el presidente Obama. Es un pulso que realiza la Casa Blanca para mantener viva la esperanza de una solución a esta crisis, de más está decirlo, moral y humanamente pesada de manejar, dada la gran cantidad de centroamericanos que ya están en la nación del norte. Por eso, la visita del vicepresidente Biden es más que un simple acto administrativo y se convierte en una señal de esperanza para los migrantes y en una muestra de fuerza del presidente hacia el resto del aparato estatal estadounidense.

Es la segunda oportunidad en que Biden visita Guatemala en menos de ocho meses. El 20 de junio del año pasado se reunió aquí con los mandatarios de El Salvador y Guatemala, así como con el ministro de la presidencia de Honduras, quien representó al gobernante de ese país, quien se encontraba en Brasil, a fin de comenzar la discusión que involucre a estas naciones para disminuir el flujo de menores migrantes no acompañados.

La propuesta nacida por iniciativa de los tres gobiernos del norte de la región y presentada como ruta de solución a esa crisis, evidentemente tuvo una buena acogida inicial y se ha ido depurando con la participación de las tres naciones centroamericanas, al grado de que ahora se espera que el número dos de la administración norteamericana visite el área, en espera de acuerdos y compromisos para poner en marcha el Plan.

Ya puesta en el escenario local, esta segunda visita de Biden resulta ser un reconocimiento al trabajo que Guatemala hace en Washington. Materializa la aceptación de la propuesta del presidente Pérez Molina y sus colegas, la Cancillería, la embajada en la Casa Blanca y los equipos de los tres países, así como un liderazgo guatemalteco, para desestimular la migración por medio de mejorar las condiciones locales, a fin de evitar la forzosa inmigración.

El doloroso tema de los niños indocumentados y sin acompañantes ha disminuido, pero se mantiene, lo cual significa que la crisis humanitaria y familiar es ahora “de baja intensidad”, sobre todo en los casos en que los menores viajan con el objetivo de reunirse con sus padres. Esta realidad obliga a acelerar todos los procesos.