Opinión

CATALEJO

Se tomó conciencia del gran monstruo

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

ESTAS ELECCIONES TENDRÁN un lugar especialmente destacado en la historia nacional, por la serie de sucesos inesperados ocurridos desde abril, cuando las denuncias del Ministerio Público y de la Cicig provocaron una reacción popular en rechazo abierto a la corrupción. Pero también porque los guatemaltecos descubrieron o más bien tomaron plena conciencia de cuál es el gran monstruo “comedemocracias”: el Congreso de la República. Este organismo del Estado jamás ha tenido popularidad y siempre ha ocupado los más bajos lugares en la confianza ciudadana. Pero en este momento, la conciencia pública ha permitido comprender en su vasta totalidad el poder parlamentario, y por ello entender el riesgo de tener malos diputados.

EL ANTIGUO RECHAZO al Congreso era originado porque su imagen ante el pueblo era la de albergar a un conjunto de gente cuya mayoría era desconocida para un porcentaje abrumador de la población. El calificativo inconsciente era el de ser personas ocupadas en la difícil tarea de levantar la mano. Pero desde el momento del reparto a las municipalidades de una parte del presupuesto nacional, provocó de inmediato el interés desmedido de los diputados por ser los propietarios o tener relación con organizaciones no gubernamentales dedicadas sobre todo a construcción de obras. Esto puso las bases para contubernios con los alcaldes de muchos de los municipios del interior del país. El Congreso se convirtió en una fuente de negocios.

POR APARTE, A CAUSA del incremento pertinaz de estos negocios, aumentó el porcentaje de diputados dispuestos a vender su voto y a convertirse no solo en partícipes sino en facilitadores de la corrupción. La escasa vida de las agrupaciones llamadas jocosamente partidos políticos, se convirtió en un aliciente para aprovechar al máximo las oportunidades de enriquecimiento, tarea de proporciones cada vez más grandes. La cantidad de diputados cuyo estatus socioeconómico cambió radicalmente fue cada vez más notoria pero sobre todo cada vez más cometida de manera desfachatada. Las excepciones a esa regla han sido eso, precisamente: excepciones. Mientras no se sabía nada oficialmente, todo parecía estar impune.

EN EL CAMPO POLÍTICO, el Congreso se fue convirtiendo en una fuente de chantajes, ejemplificada con casos como los de las interpelaciones a los ministros, quienes debían pasar meses en espera de ser interrogados por el pleno a causa de cualquier razón. La casi increíble cantidad de casos de transfuguismo comprobó con claridad esa actitud de búsqueda de negocios turbios, además de convertir al Congreso en una verdadera olla de grillos, por dos razones: una, su constante bulla, y dos, sus saltos de un lugar a otro. A esto se agrega la permanencia en el pleno durante varios cuatrienios, lo cual en teoría no tiene nada de malo, pero en la práctica de la política nacional simplemente significa períodos más largos de chanchullos y trampas.

PARECE EXAGERADO comparar al Congreso con un monstruo comedemocracias. Pero así es. La democracia, decía el martes el expresidente Mujica, es el arte de repartir el poder, pero aquí se trata de cooptarlo sin misericordia. El resultado de ese despertar de la conciencia nacional respecto al parlamento, será uno de los factores de la esperada, constante y muy útil labor de vigilancia ciudadana al siguiente gobierno, sin importar de cuál partido surge. Las manifestaciones ciudadanas dirigidas al palacio de la 9ª avenida y en menor escala a la Corte Suprema de Justicia son prueba de cómo será la actitud de un suficiente número de ciudadanos, cuya presencia no solo estará en las calles, sino electrónicamente en las redes sociales.