Opinión

IDEAS

Soy Danilo y Federico

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

El martes fueron asesinados dos periodistas en Mazatenango y uno más quedó gravemente herido. El asesinato de periodistas es una de las peores amenazas a la libertad, ya que, como constantemente nos lo recuerda la campaña de la Cámara Guatemalteca de Periodismo: “Sin libertad de expresión, sencillamente no hay libertad”.

Alguien podrá preguntar ¿por qué se le da tanta importancia al asesinato de periodistas, tomando en cuenta que en Guatemala hay un promedio de 16 asesinatos diarios? ¿Qué no son tan importantes las vidas de esas otras personas? Hay que poner las cosas en contexto. Todas las vidas humanas son igualmente importantes y deben ser protegidas por las autoridades. Esa es la principal función que se les atribuye a los gobiernos.

En un país como Guatemala —considerado uno de los más violentos del mundo—, todos, indistintamente de a qué nos dedicamos, corremos el riesgo de morir en las manos de algún nervioso ladronzuelo, o bajo el fuego cruzado entre criminales y policías, o al conducirnos en el transporte público, o en cualquier otra de las tantas circunstancias trágicas que se dan día a día.

Pero las amenazas y los crímenes en contra de los periodistas tienen otras connotaciones. Especialmente asesinatos como el cometido este martes: a la luz del día, en plena plaza central y en medio de una muchedumbre que había asistido a una celebración. Las circunstancias denotan, por un lado, un desprecio completo por el sistema de seguridad guatemalteco, apostando a que se puede cometer con toda impunidad un crimen semejante; y, por el otro, la intención de dejar claro que los periodistas no se deben atrever a tocar algunos temas o, de lo contrario, lo pagarán con sus vidas.

La implicación que tiene un asesinato como este, perpetrado —se supone— como represalia por hacer público algún caso de corrupción o del crimen organizado, es que los demás periodistas se “autocensuren” y mejor no toquen los temas “sensibles”, no vaya a ser que a ellos también los maten.

De tal suerte que las amenazas y asesinatos contra periodistas son ataques directos contra la libertad de expresión. El propósito principal de las mismas es acallar a aquellos valientes que osan sacar a luz temas que algunos criminales —sean funcionarios públicos o no— desearían que se mantuvieran en silencio, en la oscuridad. Pero su propósito secundario es infundir temor en aquellos otros —periodistas o no— que pudieran alzar su voz contra los abusos y crímenes.

En la medida en que los guatemaltecos —periodistas o no— bajemos la cabeza y callemos nuestra voz, estos desgraciados se saldrán con la suya, y la muerte de Danilo López y Federico Salazar habrá sido en balde. No podemos callar. No podemos cejar en el intento de recuperar nuestro país de los corruptos y criminales que se han enseñoreado sobre él. Y usted, ¿se va a callar?

Mi sincero pésame a las familias de los periodistas Danilo López y Federico Salazar, deseando que Marvin Túnchez se recupere pronto.

 @jjliber