Música

Fabricante de organillos
La vieja escena de un monito recogiendo monedas en un pocillo, mientras su amo hace girar la manecilla de un organillo, es atesorada por un coleccionista guatemalteco.

Por: Francisco Mauricio Martínez
Fotografía: Carlos Sebastián

El olor a cedro, caoba y roble predomina en el taller de Germán Rodríguez. Tirados en el piso, doce trozos de madera redondeados con precisión milimétrica esperan turno. En los próximos meses podrán producir sonidos celestiales y realizar el sueño de su creador.

Rodríguez es un aficionado a la música, dedicado desde hace 25 años a coleccionar aparatos musicales. Actualmente, se encuentra metido de lleno en alcanzar una de sus grandes aspiraciones: fabricar y exportar organillos.

Los organillos españoles fueron fabricados de diferentes tamaños y eran halados por carretillas.

"Quien no recuerda aquella escena en la que un monito con un pocillo recoge monedas, mientras su amo da vuelta a la manecilla del instrumento para hacer música", señala Rodríguez.

Mezclados entre su colección de 50 aparatos musicales antiguos, orgullosamente muestra dos organillos fabricados por él; sin embargo, éstos tienen la característica de utilizar cilindros de organillos hechos en países europeos hace un siglo. "Los que estoy fabricando y que posiblemente exporte a México, serán totalmente fabricados en mi taller", señala.

El sueño de Rodríguez resulta caro. Necesita medio año para poder fabricar uno de estos instrumentos musicales. El tiempo requerido es extenso debido a que cada una de las piezas del aparato se fabrica en forma artesanal. Por ejemplo, cada uno de los tornillos se produce individualmente. A los cilindros se les graba separadamente cada nota musical. "Esta música es específica porque no se le ponen todas las notas de cada una de las diez canciones" señala Rodríguez.

Rescatar la música

Rodríguez, quien se dedica a afinar pianos, afirma que lo único que lo motiva a fabricar organillos es el deseo de "rescatar algunas tradiciones que se han perdido". Para los nostálgicos del pasado, el precio no debería ser problema: cada uno de los instrumentos podría llegar a costar unos US$4 mil (unos Q30, mil).

Los organillos tuvieron su apogeo en Guatemala entre 1890 y 1910. Se utilizaban en las residencias para amenizar fiestas. Para los pioneros del sector informal servían de herramienta de trabajo, ya que se apostaban en las esquinas y hacían sonar su instrumento musical. Luego recogían algunas monedas entre los citadinos que se paraban unos minutos para escuchar la música del organillo.

Estos instrumentos eran importados de Francia, Alemania, España y Holanda. Algunos utilizaban ritmos de tambores, castañuelas, triángulo y panderetas. Eran transportados sobre los hombros o en una carreta de madera.

El amor por la música le nació a Rodríguez hace 25 años cuando era adolescente. En ese entonces compró su primer instrumento antiguo: un fonógrafo que le costó Q3. "Esos precios ya no se ven", comenta. "Ahora piden muy caro. Por ejemplo un órgano que acabo de comprar me costó US$10 mil (Q80 mil)", explica.

El sueño más a largo plazo que tiene Rodríguez es compartir con todos los guatemaltecos la música que produce su colección. "Espero formar un museo para que todos los guatemaltecos gocen esta música. Así podrán observar una caja de música de 1884, organillos de 1890 a 1910".

Mientras eso sea posible, Rodríguez se empeña diariamente en fabricar las minúsculas piezas que a finales de año darán vida a los primeros organillos destinados a los melómanos chapines Si la seducción falla en el mercado local, ya tiene seguro un distribuidor en México.


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