El olor a cedro, caoba
y roble predomina en el taller de Germán Rodríguez. Tirados
en el piso, doce trozos de madera redondeados con precisión milimétrica
esperan turno. En los próximos meses podrán producir sonidos
celestiales y realizar el sueño de su creador.
Rodríguez es un aficionado a la música,
dedicado desde hace 25 años a coleccionar aparatos musicales.
Actualmente, se encuentra metido de lleno en alcanzar una de sus grandes
aspiraciones: fabricar y exportar organillos.
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Los organillos
españoles fueron fabricados de diferentes tamaños
y eran halados por carretillas.
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"Quien no recuerda aquella escena en la que
un monito con un pocillo recoge monedas, mientras su amo da vuelta a
la manecilla del instrumento para hacer música", señala
Rodríguez.
Mezclados entre su colección de 50 aparatos
musicales antiguos, orgullosamente muestra dos organillos fabricados
por él; sin embargo, éstos tienen la característica
de utilizar cilindros de organillos hechos en países europeos
hace un siglo. "Los que estoy fabricando y que posiblemente exporte
a México, serán totalmente fabricados en mi taller",
señala.
El sueño de Rodríguez resulta caro.
Necesita medio año para poder fabricar uno de estos instrumentos
musicales. El tiempo requerido es extenso debido a que cada una de las
piezas del aparato se fabrica en forma artesanal. Por ejemplo, cada
uno de los tornillos se produce individualmente. A los cilindros se
les graba separadamente cada nota musical. "Esta música
es específica porque no se le ponen todas las notas de cada una
de las diez canciones" señala Rodríguez.
Rescatar la música
Rodríguez, quien se dedica a afinar pianos,
afirma que lo único que lo motiva a fabricar organillos es el
deseo de "rescatar algunas tradiciones que se han perdido".
Para los nostálgicos del pasado, el precio no debería
ser problema: cada uno de los instrumentos podría llegar a costar
unos US$4 mil (unos Q30, mil).
Los organillos tuvieron su apogeo en Guatemala
entre 1890 y 1910. Se utilizaban en las residencias para amenizar fiestas.
Para los pioneros del sector informal servían de herramienta
de trabajo, ya que se apostaban en las esquinas y hacían sonar
su instrumento musical. Luego recogían algunas monedas entre
los citadinos que se paraban unos minutos para escuchar la música
del organillo.
Estos instrumentos eran importados de Francia,
Alemania, España y Holanda. Algunos utilizaban ritmos de tambores,
castañuelas, triángulo y panderetas. Eran transportados
sobre los hombros o en una carreta de madera.
El amor por la música le nació a
Rodríguez hace 25 años cuando era adolescente. En ese
entonces compró su primer instrumento antiguo: un fonógrafo
que le costó Q3. "Esos precios ya no se ven", comenta.
"Ahora piden muy caro. Por ejemplo un órgano que acabo de
comprar me costó US$10 mil (Q80 mil)", explica.
El sueño más a largo plazo que tiene
Rodríguez es compartir con todos los guatemaltecos la música
que produce su colección. "Espero formar un museo para que
todos los guatemaltecos gocen esta música. Así podrán
observar una caja de música de 1884, organillos de 1890 a 1910".
Mientras eso sea posible, Rodríguez se empeña
diariamente en fabricar las minúsculas piezas que a finales de
año darán vida a los primeros organillos destinados a
los melómanos chapines Si la seducción falla en el mercado
local, ya tiene seguro un distribuidor en México.