Salud y Familia

Divagaciones al filo del tiempo

Es saludable tener un tiempo para hablar del amor.

Por Rina Montalvo

A muchos nos pasa que empieza febrero y comenzamos a pensar en el Día del Cariño, de los enamorados, de San Valentín, y hablamos más del amor y se citan versos románticos, se lee más poesía para alimentar el alma. Y así, se siente más nostalgia al recordar aquellos versos de Víctor Hugo, de Pablo Neruda. ¿Quién no recuerda su poema Número 20? Del poeta cubano José Ángel Buesa, con su Poema de la Despedida. A William Shakespeare, de quién aún guardo mis recortes amarillentos de aquellos tiempos. Quién no recuerda a la Niña de Guatemala, la que murió de amor, de José Martí.

Es posible que, para las nuevas generaciones, esto sea asunto del pasado, pero no para los de la tercera edad, porque nos toca sentimientos y nos sacude emociones que a veces se mantienen reprimidas.

Remontándonos al pasado, también en estos días me vienen recuerdos lejanos, cuando aún no se publicaba esta columna.

Pasa, que cuando daba mis primeros pasos en Prensa Libre, como aprendiz de periodista, en el año de 1955, el director del periódico, siempre abierto a las oportunidades, nos facilitó escribir una página entera, para publicar el material que resultaba más interesante a los lectores. Con mi compañera Lily de Anzueto, recurríamos a los temas femeninos, por supuesto. No faltaban los temas de belleza, de cocina y de la moda, pero yo me inclinaba ya por el género epistolar, tan importante en aquellos tiempos. Así, empecé con una sección que llamé Buzón romántico, sin firmar con mi nombre de pila. Esto viene al caso, porque estoy segura que esto fue el inicio de esta columna, que hasta el día de hoy firma Rina Montalvo, que también es un nombre literario.

Esta página, que luego titulamos Feminidades, me dio también la oportunidad de publicar mis poemas, de aquellos autores que ya mencioné. Pero regresando al Día del Cariño, es oportuno hablar del amor en su más profunda expresión, que además abarca la bondad y la amistad. Es el tiempo para hablar de ese amor humano, casi imposible, como del que nos habla el apóstol San Pablo en Corintios, o como el amor del que nos habla Jesús en su sacrificio en la cruz.

En otras palabras, no solo es válido hablar en estos días de aquel amor romántico, que en la juventud hasta hace querer agarrar las estrellas con la mano y vivir de sueños y utopías.

La preminencia del amor viene de siglos, desde que el mundo es mundo. Como dice San Pablo: Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor de nada sirve. Por eso, es que este tiempo es oportuno para recrear el espíritu y para decirle a los seres que nos rodean que los queremos. Y

o sigo creyendo que este espacio ha servido de asidero espiritual y moral, para compartir con tantos seres solitarios, que están necesitados de amor.

rina.montalvo@gmail.com