Colores, olores y sabores colman cementerios en la provincia

Miles de pobladores llegaron, desde muy temprano, a los cementerios para recordar a sus familiares que han fallecido y conmemorar el Día de Todos los Santos en la provincia.

Una de las familias que llegó desde temprano al cementerio de Retalhuleu. (Foto Prensa Libre: Rolando Miranda)
Una de las familias que llegó desde temprano al cementerio de Retalhuleu. (Foto Prensa Libre: Rolando Miranda)

En la cabecera de Retalhuleu se observó a familias con utensilios para efectuar reparaciones en los sepulcros de sus seres queridos, y adornarlos con arreglos florales.

Otros también llevan alimentos para compartir con la familia y algunos solicitan el servicio de mariachis para que canten canciones, cuyo valor por pieza es de unos Q25.

“Vengo de Escuintla, para adornar la tumba de mi madre, quien fue sepultada aquí, y me llevo la sorpresa de que nos reciben con marimba. Me gustó mucho, porque es la primera vez que lo veo, a pesar de la tristeza que llevamos en el corazón, nos viene a alegrar un poco”, expresó María Gonzales, visitante del cementerio de la cabecera de Retalhuleu.

En el cementerio de Coatepeque, Quetzaltenango, se ofrecen diversos platillos gastronómicos. (Foto Prensa Libre: Alexánder Coyoy)

Jorge López, otro visitante, dijo que el precio de los ramos de flores se ha incrementado en comparación al año pasado, pero es necesario pagarlo para adornar las tumbas de quienes ya fallecieron.

En el cementerio general de Cobán, Alta Verapaz, desde las primeras horas se observó a comerciantes que ofrecían desde arreglos florales hasta platillos gastronómicos.


Aparte, Kevin García, vecino de la cabecera de Zacapa, dijo que en años anteriores ha habido menor cantidad de visitantes en el cementerio general de la localidad, pero en esta ocasión fueron cientos de pobladores los que acudieron a adornar las tumbas de sus familiares.

Menfil Méndez, quien reside en la capital, dijo que desde hace varios años lleva flores a los sepulcros de sus padres, cuyos restos descansan en el cementerio de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos. 

Además, en el cementerio general de Antigua Guatemala, Sacatepéquez, autoridades esperan la llegada de unas 250 mil personas, por lo que han coordinado un operativo de seguridad en el que participan agentes de la Policía Nacional Civil y soldados.

Tradición

Cementerios repletos de personas que participan en diferentes actividades para conmemorar los días de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, 1 y 2 de noviembre, es una expresión cultural y de ritos cristianos que evoca al pasado prehispánico, según el historiador Fernando Urquizú.

La procesión de Las Santas Calaveras, en Petén, y procesiones del Señor de las Ánimas en otros departamentos reflejan el sincretismo religioso.

A esas  tradiciones se une la preparación de platillos de la época como chilacayote, jocotes y nísperos en dulce, que  fueron  comunes en todo el país e incluso rituales en el área mesoamericana antes de la colonización de 1524, y que en la actualidad aún se reflejan en los pueblos, agrega el cronista.

Añade que la celebración  comenzó luego de la contrarreforma, en 1566, como iniciativa del Papa Pío V. En ese entonces, el rey Felipe II exigió a las arquidiócesis de México y Lima que  se promulgara un día para las ánimas.

Según el historiador, Guatemala, al pertenecer al arzobispado mexicano, adaptó las tradiciones y el colorido de la celebración, lo que aún se puede apreciar. La elaboración de fiambre, si bien ya forma parte de la tradición, es multicultural, pues contiene  ingredientes árabes, españoles y locales.

Sincretismo religioso

Tumbas adornadas con flor de muerto, familias que comparten platillos de la época junto a los mausoleos, serenatas con mariachi y marimba son solo algunas de las formas de conmemorar en memoria de los difuntos.

Las Santas Calaveras de Petén son una clara manifestación de veneración a los difuntos, y es representativa del departamento, con mayor auge en  San José.

Luis Hernández, historiador eclesiástico en ese departamento, relata que la tradición es de origen maya, pues desde la incursión de los españoles en el Noh Petén —Petén Grande, en  itzá—, ya  eran expuestas tres calaveras, de las cuales  una es  llevada en procesión.

Agrega que las calaveras son humanas y se cree que eran   de hombres itzaes religiosos e importantes en la comunidad. Anteriormente se exhibían   12 cráneos.

Origen prehispánico

 Urquizú señaló que esa  tradición se basa en rendir culto a las ánimas y data de  la época  prehispánica, pues en Petén la conquista ocurrió  hasta principios  del siglo XVIII.

“No es un rito pagano,  es el recuerdo y veneración de los antepasados, visto de una manera muy especial y propia  de los lugares”, explica Urquizú.

En Chimaltenango también prevalecen las tradiciones. Una de ellas es la pedida de cabecera, que llevan a cabo  jóvenes y niños.

La tradición consiste en la visita de  grupos a  viviendas, cada 1 de noviembre, y   después de una breve serenata expresan la frase: “Ánimas somos, del cielo venimos, cabecera pedimos, y si no nos dan puertas y ventanas sonarán”, con lo cual  obtienen comida   de la temporada.

“Lastimosamente esta tradición se ha ido perdiendo en algunos lugres, ya que no hay apoyo para conservarlas”, dice  Jacinto Teret, historiador de El Tejar.

María Ajbal, de 76 años, cuenta  que desde que tiene uso de razón conoce la tradición de la cabecera, y que   de niña participó en ella.

En Santiago Sacatepéquez se practica la costumbre de   los emponchados, que consiste en   acudir al cementerio la noche del 31 de octubre para amanecer el 1 de noviembre, y  comer junto  a los  panteones de sus difuntos.

Bertha Santos, representante legal de la Asociación Civil Santiaguense para el Desarrollo Cultural, explica que la creencia es que a partir de la medianoche del 31 de octubre llegan los espíritus malignos a molestar; entonces los familiares acuden para proteger la tumba de sus seres queridos.

*Con información de M. Sandoval, O. Cardona, V. Gómez, J. Vargas, M. Popá, W. Obando, A. Julajuj, A. Marroquín, R. Escobar, R. Melgar, E. Sam, A. Coyoy, J. Tizol y R. Miranda.