El ingeniero que aplicó el reciclaje industrial en su hogar, en Alta Verapaz

Pablo Torres Alvarado estudió una maestría en calidad que lo motivó a aplicar los conocimientos y normas de reciclaje del trabajo, a su hogar. El ingeniero industrial unió a la actividad a sus padres, Ileana de Torres y Edgar Torres, y sus hermanos Daniel, Pablo, Marcos, Clemen y Dulce. La familia aporta un granito de arena para combatir el cambio climático, en Alta Verapaz.

Pablo Torres muestra el lugar donde guarda botellas de vidrio y de plástico, abajo de unas gradas, en su casa, en Alta Verapaz. (Foto Prensa Libre: Eduardo Sam Chun)
Pablo Torres muestra el lugar donde guarda botellas de vidrio y de plástico, abajo de unas gradas, en su casa, en Alta Verapaz. (Foto Prensa Libre: Eduardo Sam Chun)

El profesional dio a conocer que, actualmente, han optimizado los espacios en su hogar, en donde tiene un centro de acopio. Debajo de las gradas, espacio que en ocasiones no tiene mayor utilidad, acondicionó el área para separar botellas de vidrio y de plástico. Aparte, en un espacio de cuatro metros cuadrados, clasifica papel, periódico, cartón, latas de aluminio, electrónicos y metales ferrosos.

Parte importante de la clasificación es rotular los desechos, explica Pablo. Se debe identificar cada uno de los componentes, para que cada miembro de la familia conozca en dónde colocar de forma adecuada los productos y no solo los tiren a un basurero central.

“Hay que hacer un modelo que sea sencillo, no tan complejo, porque uno se engorra en tanto procedimiento. Aquí está la forma más sencilla, solo es de roturarlo, en un pequeño espacio, y es de echarle ganas para apoyar al medio ambiente”,  comenta.

Indica que la inversión es mínima y que cuenta más la creatividad de las personas para separar los productos. Pablo utiliza  cajas, bolsas, blocks y tejas que estaban sin utilidad.

Además, dijo que en ocasiones hay productos que tienen bastante valor, como reliquias, y la gente se percata hasta que clasifica las cosas. También mencionó repuestos de carro que ya no son útiles, pero para otras personas sí. De igual manera pueden ser electrónicos, como celulares, baterías e imanes de las bocinas, que son buscados en el mercado.

Al consultarle si existen beneficios económicos en esa actividad, manifestó: “Si hay beneficios económicos, nos hemos dado cuenta de que el reciclaje y ayudar el medio ambiente es económicamente factible. Por ejemplo, una libra de aluminio es de Q3.50 y Q4.50, dependiendo la persona que compre el material”, afirmó.

Pablo manifestó: “Aunque en los hogares es poco lo que se gana es mejor reciclar que tirar o desechar los productos que contaminan el ambiente, y a cambio se recibe cierta cantidad de dinero extra. Con eso del cambio climático es un pequeño grano de arena que uno pone para que cuidemos nuestro entorno”, agregó.

La idea de clasificar los desechos en el hogar le surgió a Pablo de la cultura del reciclaje. “Uno tiene que ver qué es lo mejor o las mejores prácticas que han hecho otros, y acoplarlas a uno mismo. Existen normas de calidad, hay una norma específicamente del medio ambiente, la ISO14001, que explica cómo implementar un sistema de gestión en una empresa, que es lo fuerte, pero uno lo puede aplicar en el hogar”, explicó.

El ingeniero industrial clasifica los desechos de forma ordenada desde hace 10 años, pero, antes solo colocaban los materiales en una bolsa, pero recientemente, con las recomendaciones de los sistemas, buscan un espacio para cada cosa, que esté en orden y limpio.

La materia orgánica también se recicla en el hogar de Pablo. Los desechos que produce la familia en la cocina los utilizan para crear compost. En una época la grama había desaparecido del jardín, pero luego del compostaje, que consiste en agarrar desechos orgánicos, como cáscara de papa, banano, zanahoria y pepino para revolverlo con tierra, sirvió de buen abono y ahora cuentan con un jardín más verde, por los nutrientes que recibe, libre de químicos.