Nuevas generaciones de Xela pierden interés por aprender a tejer

Nicolasa Pretzancín, de 91 años, es la tejedora más antigua de Quetzaltenango. Aprendió el oficio a los 12 y su talento es la principal herencia para sus hijas, nietas y bisnietas, a quienes enseñó ese arte. 

Nicolasa Pretzancín, de 91 años, junto a sus hijas Julieta y Esther Canastuj, a quienes enseñó a tejer. (Foto Prensa Libre: María José Longo).
Nicolasa Pretzancín, de 91 años, junto a sus hijas Julieta y Esther Canastuj, a quienes enseñó a tejer. (Foto Prensa Libre: María José Longo).

De acuerdo con el Museo Ixkik’ del Traje Maya en Quetzaltenango, ha disminuido el interés de las jóvenes por este oficio. Algunas lo aprenden pero optan por otras ocupaciones. Por esta razón consideran que el trabajo de las 20 tejedoras que aún existen en Xela es muy importante.

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En el registro que tiene el museo sobre las tejedoras de la ciudad, Pretzancín es la más antigua y dejó de tejer hace cuatro años. “Aún lo puedo hacer”, afirma, pero el dolor en las rodillas y la dificultad para permanecer sentada, debido a la edad, le impiden cumplir con los pedidos, por lo que ahora   solo guía a sus hijas. 

Pretzancín recuerda que a los 12 años su padre la llevó con una joven tejedora para que aprendiera el oficio. “No quería, porque prefería estudiar, pero mi padre me dijo que debía aprender a tejer. Después me encantó hacerlo   y tejer fue mi vida”, recuerda esta mujer, quien tejió en telar de cintura durante 76 años.

Raquel García, directora del museo Ixkik', indicó que en los últimos 40 años ha disminuido el interés de la población joven por el telar de cintura, también conocido como telar maya, lo que atribuye a la industria y la falta de conocimiento sobre su importancia cultural.

Falta valoración 

La poca retribución económica, la industria y la falta de valoración de este arte son las razones que, según García, influyen en que las jóvenes ya no se interesen por dedicarse a tejer.

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García enfatizó que el cambio ha sido propiciado por las industrias, que han copiado los diseños de los huipiles para imprimirlos en telas.  “De esta forma, para otros países es muy fácil, pero las mujeres que tejen trasladan formas de vida, costumbres y tradiciones en sus creaciones. Cada huipil que tejen es un libro abierto de la relación del hombre con la naturaleza”, expresó.

Valiosa labor

Miriam Nimatuj, coordinadora de cultura del museo Ixkik’, señala que es importante reconocer el trabajo de las abuelas tejedoras, pues ya quedan pocas en Xelajú.

“Es un trabajo que aparentemente es invisible, pero tiene un significado valioso. Para tejer a palito no existe un manual, son las tejedoras las que lo tienen en la mente, requiere mucha estética, por la combinación de colores; implica una gran creatividad, un trabajo artístico, una herencia de nuestras abuelas mayas”, resaltó.

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