Hoy le dicen adiós a Santos Tax, el niño a quien le impidieron ser cantante cristiano, bombero y policía

Desde la morgue del Hospital Nacional de Totonicapán “José Felipe Flores”, salió la carroza fúnebre con los restos de Santos Josué Elías Tax Canastuj, el niño de 11 años que fue secuestrado el 21 de mayo pasado al salir de la escuela oficial Tenerías, zona 1 y hallado desmembrado tres días después en un sector del paraje Chitax, donde él vivía.

Los restos del niño Santos Josué Elías Tax Canastuj serán sepultados en el cementerio de Totonicapán. (Foto Prensa Libre: Mynor Toc)
Los restos del niño Santos Josué Elías Tax Canastuj serán sepultados en el cementerio de Totonicapán. (Foto Prensa Libre: Mynor Toc)

El vehículo fúnebre, azul obscuro, ascendió hasta el centro de la ciudad prócer. Buscó la histórica “Calle de la Pulmonía”, y continuó el ascenso al final del camino donde vivía el pequeño estudiante del quinto primaria que soñaba con ser cantante de música cristiana, bombero y policía nacional.

2 mil 600 metros sobre el nivel del mar. Hasta ese punto llegó la carroza de la funeraria. Es lo más alto de la ciudad de Totonicapán, allí está el paraje Chitax. Es el final de la “Calle de la Pulmonía”. Desde allí, día con día, desciende la neblina, el frío, y las ilusiones de muchas personas que trabajan en Totonicapán y disfrutan de residir en uno de los tres departamentos más pacíficos del país.

En las alturas, cercanas al Bosque Comunal que protegen las autoridades locales, hay un callejón. Una laza blanca en el ingreso advierte que allí es el punto donde velan al pequeño Santos, que fue cortado en pedazos por uno, o varios, sujetos, que hasta ahora se desconoce su identidad. El caso está en reserva.

El Ministerio Público (MP) aseguró que investiga el caso y la familia lo confirma, el MP se abstiene de señalar a alguien en particular.

Al final de esa pequeña calle está la casa de Santos. Allí vivía con su madre, su padrastro y su abuelo. Era hijo único. Era la alegría de la familia, aseguran los tres. Eran quien les daba alegría.

La vista de la ciudad prócer es espectacular en este punto. Es martes 30 de julio, un día después de que el Instituto nacional de Ciencias Forenses (Inacif) les confirmó que las partes de un cuerpo que hallaron pertenecen a Santos. Este mismo día fueron a la morgue para recibir el cuerpo y llevarlo a casa para velarlo y prepararlo para llevarlo a su última morada en el cementerio general de Totonicapán.

Es un martes soleado, de cielo azul-celeste, y de pocas nubes. El viento mueve la milpa que está sembrada alrededor de la vivienda. Un perro viejo, blanco, duerme en la puerta principal de la casa mientras los amigos, familiares y autoridades comunitarias pasan por el camino de tierra a aquella casa, cuya fachada son láminas que esconden el adobe de los tres ambientes interiores de la residencia de la familia de Santos.

El niño Santos Josué Elías Tax Canastuj. (Foto Prensa Libre: Cortesía)

En lo alto se observa un tinaco negro y una columna de humo que lo abriga, que recuerda que hoy la comunidad se ha unido para alistar el último día en la tierra del niño. Cocinan con leña el maíz, el fideo de chow mein, el atol y los tamales que le servirán a las personas que acompañan el funeral.

El humo invade los tres ambientes, incluido el cuarto donde está el ataúd blanco con detalles plateados de Santos. Allí un pequeño grupo de amigos, familiares y autoridades de la junta directiva de la Asociación 48 Cantones, les acompañan. Les dan el pésame. Les dan ánimos para continuar, a pesar de la pérdida irreparable.

“¿Quién le pudo hacer algo tan macabro a mi hijo? ¿Quién?”, repite entre sollozos su mamá, Elvia Elizabeth Canastuj. Ella, junto con su familia, hasta hace dos días, aún guardaba la esperanza de que el Inacif les dijera que las partes del cuerpo que hallaron en un terreno del paraje Chitax no correspondían a Santos, pero no fue así. El cotejo de muestras de ADN lo confirmó.

“Era un niño muy bueno, muy obediente, muy cariñoso y eso me parte el corazón, porque sigo sin entender por qué le hicieron algo tan perverso”, explicó Canastuj.

La joven madre recuerdó que cuando ella regresaba de trabajar (es comerciante), él corría hacia la puerta a abrazarla y darle un beso. “Ahora no habrá nadie que lo haga”, se quiebra, hace una pausa, respira, y prosigue.

“El amor de los niños es muy especial, es incomparable. Es una situación muy difícil. Solo Dios sabe por qué pasó esto. No me lo explico, nadie me lo explica, ni entiendo de dónde vino. Será Dios quien haga la justicia divina. No le debemos nada a nadie como para que se ensañaran de esta forma con mi hijo”, revela.

Canastuj aseveró que el único delito hijo fue jugar, reír, llorar, estudiar y ser feliz. Él no tenía culpa alguna para terminar así. Solo esa persona (quien lo asesinó y descuartizó) sabrá por qué se ensañó con él”, afirma.

“Me duele el corazón. Me duele mucho lo que le han hecho. Era tan solo un niño feliz que siempre estaba pendiente de mí. Quería ser cantante de música cristiana, agente de policía y bombero”, recuerdó su madre.

Agregó: “Preparábamos su fiesta de cumpleaños, porque siempre se lo celebrábamos. Él iba a cumplir 12 el 16 de junio y estaba emocionado por eso”, recuerda, mientras una lágrima cae por su mejilla derecha.

La vista de la ciudad prócer desde la vivienda del pequeño Santos Tax. (Foto Prensa Libre: Mynor Toc)

El padrastro, Pascual Dionilio Tzaj Tambriz, está totalmente vestido de negro. Hace cinco años llegó a la vida de Santos y su mamá, y desde entonces, asegura, formó más que un lazo de padre e hijo.

“Él era mi amigo más que mi hijo. Él me tenía confianza. Me contaba todo lo que le pasaba”, recuerdó.

Tzaj Tambriz es de Nahualá, Sololá, y es la pareja sentimental de Elvia. El padre biológico de Santos migró a Estados Unidos.

El presidente de la junta directiva de la Asociación 48 Cantones, Rafael Gutiérrez, aseveró que el gobierno de Guatemala, tiene la obligación de investigar y esclarecer este caso. “No debe quedar impune”, afirmó.

Gutiérrez explicó que Totonicapán es una ciudad que se caracteriza por su tranquilidad, por ser pacífica, y este hecho ha conmocionado a la sociedad.

“Hemos venido a la casa de esta familia para ofrecerles nuestro apoyo”, expresó.

Las personas llegan a la casa de la familia de Santos. Le llegan a decir adiós por última vez. La población de Totonicapán aún no sale del asombro ante el macabro suceso. Se preparan para llevarlo a la iglesia evangélica a donde asistían, ahí cerca, a pocos metros de su casa, en la misma “Calle de la Pulmonía”. Tras el culto, lo llevarán al Cementerio General, donde despedirán a este niño, quien quería cantar música religiosa, música que le dé esperanza a las personas y les reconforte ante los problemas del mundo.

Un integrante de la directiva de los 48 Cantones de Totonicapán ofrece sus condolencias a la familia. (Foto Prensa Libre: Mynor Toc)

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