A veces mueven las camillas y se oyen pasos: Trabajador de morgue narra su diario vivir

Ruidos extraños, pasos y el sonido de puertas cuando alguien toca, sin explicación alguna, son las experiencias que narra Carlos Ortiz, quien tiene 23 años de trabajar en la morgue del del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) 7-19, en la capital. 

Carlos Ortiz tiene 23 años de trabajar en la morgue del IGSS 7-19. (Foto Prensa Libre: Oscar García).
Carlos Ortiz tiene 23 años de trabajar en la morgue del IGSS 7-19. (Foto Prensa Libre: Oscar García).

Ortiz, de 64 años, indica que este trabajo le ha permitido salir adelante y que con el paso de los años se ha acostumbrado a escuchar ruidos extraños en el recinto.


Para llegar a esta área del hospital se debe recorrer un pasillo, al final un rótulo en el que se lee “morgue” da la bienvenida. Al ingresar se observan camillas donde son colocados los cadáveres y el escritorio que usa Carlos para llevar el control.

Desde hace 10 años ya no se practican autopsias en el área, pues ahora los cadáveres permanecen unas horas y luego de un trámite legal son remitidos a las autoridades correspondientes.

“En época de fin de año aumentaba el número de autopsias”, relata Carlos, luego indica que cuando está de turno debe dormir en una cama que está dentro de la morgue, pues la atención es de 24 horas.

Ruidos extraños

“En ocasiones se escuchaba que movían las camillas”, dice Carlos, también ha escuchado que alguien toca a la puerta del área interna de la morgue, pero cuando verifica no hay ninguna persona, pues primero se debe pasar por la entrada principal. 

Otro fenómeno que suele escuchar son pasos entre los corredores de las habitaciones de la morgue, explica el trabajador, quien añade que, por rigidez, algunos cadáveres bajan los brazos cuando están en la camilla.

Extraña aparición

La morgue está limpia y ordenada para recibir cadáveres, mientras en las otras áreas del hospital, personal médico y de enfermería se esfuerza por salvar vidas de pacientes.

Carlos recuerda que en una ocasión a las 2 de la madrugada, se percató de que un aparente bulto estaba en su silla junto a su escritorio, “No le puse importancia, uno se acostumbra a esto”, manifestó el empleado, quien cada día pone dedicación a su trabajo.  

Ortiz muestra algunas de las camillas donde son colocados los cadáveres. (Foto Prensa Libre: Oscar García).

Historias como estas suelen contarse en las funerarias, morgues y hospitales del país. “A los vivos hay que tenerles miedo no a los muertos”, es un dicho que acostumbraban a decir las abuelas, no obstante, se requiere de algo más que valor para pasar las noches, como Carlos, en una morgue.