Cadenas globales de valor

En 2001, durante la IV Conferencia Ministerial de la OMC en Doha, un grupo de países denominado Economías Pequeñas y Vulnerables, conformado en ese entonces por Barbados, Belice, Bolivia, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Mauricio y Sri Lanka logró insertar un párrafo en la Declaración Ministerial. En él se instruyó al Consejo General de la OMC examinar los problemas y formular recomendaciones sobre las medidas relacionadas con el comercio que podrían mejorar la integración de las pequeñas economías al comercio mundial.

Con base en esta decisión, el Consejo General encomendó al Comité de Comercio y Desarrollo dar seguimiento al tema. En este sentido se celebraron reuniones específicas y posteriormente se adoptó un programa de trabajo. En este marco, durante la IX Reunión Ministerial realizada en Bali en el 2013, se instruyó a la Secretaría de la OMC elaborar un estudio sobre las oportunidades y desafíos que enfrentan las pequeñas economías para incorporarse a las cadenas de valor mundiales, informe recientemente publicado.

Una cadena de valor, se entiende en el estudio, es el modo en el que se desarrollan las acciones y actividades de una empresa o sector. En ella se toman en cuenta los diferentes eslabones que intervienen en un proceso económico y que añaden valor al producto, desde la materia prima hasta la entrega del producto terminado. La participación en esta cadena requiere optimizar las actividades del proceso productivo, reducir los costos y mejorar la eficiencia productiva de los recursos. Por su parte, las cadenas de valor mundial, también conocidas como cadenas globales de valor, consisten en la interconexión de los procesos de producción entre distintos países, y la consecuente especialización de los diferentes países en determinadas etapas de la producción del bien o servicio.

En el estudio se analiza la participación de las pequeñas economías en las cadenas de valor mundiales, así como los retos y oportunidades para profundizar su incorporación. Se hace especial hincapié en las limitaciones naturales que caracterizan a un gran número de estos países, tales como su tamaño y lejanía de los mercados. De igual forma, se resalta que los costos del comercio relacionados con la infraestructura de transporte y la facilitación del comercio, el cumplimiento de las normas, el acceso a la financiación y la calificación de la mano de obra, constituyen algunos de los principales obstáculos enfrentados por proveedores de las pequeñas economías para integrarse a las cadenas de valor mundiales.

En el documento se subraya también la dificultad que puede representar la generación de incentivos a las empresas para participar a largo plazo en estas cadenas de valor tan competitivas, si se toma en cuenta su gran dinamismo, las severas exigencias que imponen a sus participantes y la tendencia a la agrupación en torno a un pequeño número de grandes proveedores internacionales.

La posibilidad de que las cadenas de valor mundiales aumenten la desigualdad o tengan otros efectos desfavorables es otro motivo de preocupación, según se menciona en el informe. Por consiguiente, se recomienda que las políticas relativas a la incorporación de pequeñas economías a cadenas de valor mundiales, contemplen aspectos económicos, sociales y ambientales que contribuyan a reducir los posibles efectos negativos que podría conllevar su incorporación.

Con base en lo descrito en este informe, se hace patente la importancia que juegan las políticas industriales y gubernamentales, para promover el desarrollo y fomentar el aprovechamiento de los avances y ventajas que conlleva para nuestros países el incorporarse a las cadenas de valor mundiales.

Con las políticas de apoyo adecuadas, las pequeñas economías se pueden beneficiar de las cadenas de valor en el comercio de mercancías y servicios y obtener beneficios económicos positivos, independientemente de lo pequeñas que sean y de qué tan lejos se encuentren del cliente más cercano.