Esto es lo que un contrabandista nunca confesará a los consumidores

Desde un combustible que daña el motor del vehículo hasta un licor que le puede causar ceguera. La factura para el consumidor que patrocina el contrabando es cara y dolorosa.

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Paso fronterizo de ciudad Guatemala y ciudad Cuauhtemoc, México. Guatemaltecos pasan mercadería de contrabando. (Foto Prensa Libre: Esbin García).
Paso fronterizo de ciudad Guatemala y ciudad Cuauhtemoc, México. Guatemaltecos pasan mercadería de contrabando. (Foto Prensa Libre: Esbin García).

Ana de Figueroa es un ama de casa de la zona 21 de la capital, que dejó de comprar productos mexicanos de contrabando en el mercado de Guajitos, luego de haber verificado la caducidad de un producto que estuvo a punto de ingerir.

“Por el precio, compraba productos alimenticios mexicanos e incluso hacía encargos, pero luego de esa experiencia me dio una total desconfianza, y ahora mejor prefiero comprar en establecimientos formales”, relató a Prensa Libre.

La experiencia de Figueroa fue la compra de pasta, de las que no recuerda la marca, así como aceite comestible y bebidas gaseosas.

“Imagine qué me hubiera pasado si antes no constato la fecha de caducidad. Para mi economía era atractivo, pero ya no voy a poner en riesgo la salud de mi familia. Me quedé con mucha desconfianza”, expresó el ama de casa.

Para que esos productos llegaran a manos de Ana tuvieron que hacer un recorrido de más de 300 kilómetros —si ingresaron por el río Suchiate—, en condiciones que nadie conoce y hacer uso de estructuras oscuras que hacen del trasiego un gran negocio, y que Ana nunca conocerá.

Es más, la transgresión del contrabando no solo golpea la salud de quienes lo patrocinan.

Se trata de un monstruo que facilita una atmósfera de ingobernabilidad, tanto de las autoridades locales como gubernamentales, así como un daño económico que se calcula en unos Q17 mil millones, según cálculos de la Asociación de investigación y estudios sociales (Asíes) a inicios de este año.

Alto riesgo

Por eso, un contrabandista le ofrecerá, en apariencia, un precio más cómodo, pero nunca le confesará, ni mucho menos presentará, los documentos sanitarios que lo respalden en caso de que un producto le salga defectuoso, ni mucho menos para devolver el dinero.

Así que, productos como bebidas gaseosas, alcohol, yogur, café, sustituto de crema para café, galletas, leche, saborizantes para leche, jugos y enlatados en general que entran por vías clandestinas, serán, consecuentemente, compras sin garantía.

De hecho, los productos alimenticios de contrabando son una “gran preocupación” para las autoridades de Salud.

Bernardo Molina, director de la Unidad de Regulación y Control de Alimentos, enciende las alertas en la medida que no se tiene control sobre la cadena de frío de algunos de estos alimentos.

Esto aplica con más preocupación para los de origen animal, los cuales pueden presentar putrefacción o algún grado de crecimiento bacteriano. Además, en los alcoholes no se sabe si tienen control de producción de metanol.

Aquí también entran las fechas de producción y caducidad, y la utilización de aditivos alimentarios, colorantes y otras sustancias que estén permitidas en el Reglamento Técnico Centroamericano de Aditivos.

El especialista dijo que se diagnosticaron los daños que un producto de dudoso origen puede ocasionar al organismo humano. Indicó que detectaron potencial intoxicación alimentaria por crecimiento bacteriano y aditivos no permitidos, lo que puede causar desde alergias hasta la muerte.

Otro riesgo puede darse por consumo de alcohol adulterado, por lo regular fabricado con metanol, y que puede ser  causante de ceguera y hasta de muerte. Expresó: “Ha habido intoxicaciones por consumo de alimentos no controlados”.

Tres denuncias por semana

Aunque Ana de Figueroa no lo denunció, la Dirección General de Regulación, Vigilancia y Control de la Salud, del Ministerio de Salud recibe en promedio tres casos semanales por parte del Ministerio Público (MP), para hacer inspecciones con número de registro sanitario y licencias autorizadas.

Por supuesto, esos bienes no cuentan con los requisitos y no pueden ser comercializados.

“Muchos de los casos son de productos incautados en operativos por contrabando y otros ingresan en las aduanas, pagan  impuestos, pero no cuentan con las licencias sanitarias ni registros en el país”, expuso Molina.

Sobre los bienes que ingresan de contrabando, explicó el profesional, nadie puede dar garantía.

Para  Fernando Trabanino, de la  Defensoría del Consumidor de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), se debe  determinar cómo ingresan los productos en el país y se ponen a disposición de los consumidores.

“Sabemos que, por factor precio, muchas familias ponen en riesgo la salud del consumidor con bienes de dudosa procedencia”, enfatizó.

Trabanino dijo que el problema es más grave en regiones fronterizas, donde la falta de empleo e ingresos en las familias hacen que un buen número de consumidores se arriesguen al comprarlos.

Balsas utilizadas para pasar producto de contrabando de México a Guatemala. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

De hormiga a elefante

Miles  de contrabandistas guatemaltecos y mexicanos llenan sus balsas de productos a diario, sobre todo de abarrotes, de Ciudad Hidalgo, Chiapas, México, a Tecún Umán, San Marcos.

Pero ahora el contrabando, según Juan Pablo Carrasco, presidente de AmCham Guatemala, se especializó en mover un mayor volumen, que cada vez está ganando espacio con apoyo de otras estructuras criminales que también ejercen control en traslado de armas, drogas y personas.

Desde el puente Doctor Rodolfo Robles —sobre el limítrofe río Suchiate— se puede observar a un ejército de personas que cada día operan un contrabando hormiga, pero también existe un movimiento a granel, que ingresa desde territorio mexicano, en vehículos, hasta 20 toneladas.

La actividad es estimulada por una acelerada devaluación del peso mexicano respecto del quetzal.

En opinión de Juan Carlos Tefel, presidente de la Cámara de Industria de Guatemala (CIG), el tema del contrabando genera gran preocupación, por los daños a la salud y de tipo económico.

“El contrabando representó Q17 mil millones en el 2015. Si se combate y  recauda ese dinero, bien se hubiera  utilizado para la construcción de nuevos hospitales, escuelas y comisarías”, afirmó.

Carrasco afirmó que hay lugares fronterizos donde el contrabando es visible y ninguna autoridad interviene por temor a la reacción de grupos que ejercen el control.

“Se ha generado una cultura de ingobernanza y de ilegalidad, en la cual no hay estado de Derecho”, afirmó.

Ambos dirigentes empresariales coincidieron en que el flagelo impacta de manera directa en el clima de negocios, expulsa del comercio a las empresas que hacen legalmente sus operaciones y puede generar desempleo. 

Wérner Florencio Ovalle, intendente de Aduanas, explicó que trabajan en combatir el contrabando para evitar que esos productos lleguen al mercado para su consumo.

Esa intendencia, sin embargo, no se atreve a decir cuánto es el monto que se calcula por contrabando, porque no hay control y el ingreso se hace por más de 128 cruces que nadie vigila o supervisa.

Las estadísticas detallan que del 1 de enero al 31 de octubre último se han incautado mercancías con valor de Q11.6 millones respecto de Q1.9 millones en el 2016, en distintos operativos efectuados en las rutas antes mencionadas.

El cliente es el que pierde

Fausto Velásquez, gerente de ventas de Uno Guatemala, afirmó que los productos derivados del petróleo que ingresan de contrabando no reúnen  las calidades, por lo que generan daños en los motores de los vehículos, que es un activo de los consumidores.

Muchas veces se venden productos alterados, dice. Por otro  lado, la ropa que ingresa no cuenta con estándares altos de calidad. Las prendas tienden a desgastarse de manera inmediata, por lo que el consumidor pierde su dinero.

Piden no comprar

En síntesis, los artículos que entran por contrabando no cuentan con etiquetado frontal ni lugar de fabricación, se desconoce qué ingredientes se utilizaron, así como dirección o teléfonos para hacer reclamos.

Incluso, estos productos incumplen con las normas para su comercialización.

Josefina Palma, presidenta de la Liga del Consumidor, instó a la población a evitar adquirir estos productos.

Muchas familias, ante el incremento de precio en los productos de la canasta básica de alimentos, recurren a la compra de esos bienes, por su accesibilidad. Pero ese ya no será el caso de Ana de Figueroa. Es más, a partir de lo que descubrió, corrió la voz entre sus vecinas para que no compren productos mexicanos en el mercado. Y lo seguirá haciendo, hasta que haya mejores barreras para que esa mercadería no se distribuya más por los canales comerciales.

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