Crisis del coronavirus: Desnutrición y el hambre que agobia a varias familias del Corredor Seco

Aunque no hay datos oficiales actualizados de país, los casos de desnutrición aguda en el corredor seco van en aumento, y se prevé que con la inseguridad alimentaria, sumado con la llegada del período de hambre estacional y la crisis generada por el covid-19 los números lleguen a un nivel de alarma.

Gisele está por cumplir los dos años sufre de desnutrición aguda. Su condición la hace propensa a enfermarse. Los médicos recién le diagnosticaron neumonía y fue necesario hospitalizada. La pequeña es originaria del municipio de Zacapa, donde hay otros 33 niños con desnutrición aguda. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)
Gisele está por cumplir los dos años sufre de desnutrición aguda. Su condición la hace propensa a enfermarse. Los médicos recién le diagnosticaron neumonía y fue necesario hospitalizada. La pequeña es originaria del municipio de Zacapa, donde hay otros 33 niños con desnutrición aguda. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

La desnutrición aguda es un problema que no dio tregua con la pandemia del coronavirus, sino al contrario, escuetos registros oficiales dan cuenta del incremento de casos, sobre todo en el Corredor Seco, esa región que cada año se ve golpeada por el hambre estacional y que ahora, además, suma un nuevo temor: al coronavirus.

 

A las faldas del cerro Miramundo, en la cabecera de Zacapa, se encuentra el caserío El Canal, en la aldea La Fragua. No está lejos del casco urbano, a unos 15 minutos en vehículo, pero los cuadros de pobreza se agudizan conforme se avanza por las calles empolvadas y se observan las chozas de adobe, palos y techo de lámina. En este lugar habitan más de 600 familias.

En El Canal vive la familia Felipe Nájera, y de sus cinco miembros, la más pequeña es Gisele, que este mes cumple 2 años y atraviesa un cuadro de desnutrición aguda. Los médicos le llaman caso ping pong, pues desde que nació ha enfrentado varios momentos críticos, se recupera y recae al ritmo que se provisionan de alimentos en casa.

Esta niña no es un caso aislado. Nació en uno los municipios en que el riesgo de desnutrición aguda infantil es alto, como en el resto del Corredor Seco. La inseguridad alimentaria que afecta a muchas familias es el problema, condición que cada año se acentúa cuando llega el período de hambre estacional, que ahora preocupa más porque, a diferencia de años anteriores, los casos no se reflejan en el sistema que lleva el control nacional, aunque sí en los centros de Salud, al menos en Chiquimula y Zacapa, en donde se hizo la consulta directa.

El caso de Gisele se repite de manera cíclica. En esa región, los alimentos son escasos cada año y este problema hace que los niños menores de 5 años tengan nueve veces más probabilidades de morir que uno nutrido adecuadamente. Judith, la madre de Gisele, lo sabe. La pequeña ha estado varias veces al borde de la muerte y el pasado miércoles, otra vez, cuando fue llevada de emergencia al Hospital Regional de Zacapa. Esta vez, por neumonía.

Llevaba tres días con fiebre alta, pero por falta de dinero para pagar un taxi y debido a que está restringido el transporte colectivo su madre no podía trasladarla al centro de Salud para que la evaluaran. Además, ha tenido que salir temprano de casa para conseguir algo de comida para la familia, mientras su esposo encuentra trabajo.

A sus casi 2 años, Gisele pesa 15 libras y mide 74 centímetros. Es un caso de retraso de peso y talla, explica Miriam Madrid, la enfermera que lleva el control de la niña.

“Si en casa no hay que darles de comer, este niño se desnutre en la etapa más importante de su vida, cuando el cerebro se desarrolla. Esto afecta toda su vida”, advierte Alberto Ramírez Ramos, médico coordinador del Distrito Municipal de Salud de Zacapa.

Control sin control

El último dato oficial de desnutrición se registró el 25 de enero en el Sistema de Información Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Siisan), cuando la cuenta acumulaba 704 menores de 5 años con desnutrición aguda.

La crisis por el covid-19 concentró la atención de Salud, al tiempo que el hambre estacional se consolidaba, y tan solo en Chiquimula se reportan 221 niños con desnutrición aguda. Si se compara con el mismo período del 2019, eran 149 casos, una diferencia del 56.6%.

Un informe del Programa Humanitario de Oxfam Guatemala detalla que un 97.3% de los casos identificados en Chiquimula están en Olopa, Esquipulas, Camotán y la cabecera departamental. El municipio más afectado es Camotán, que el año pasado reportaba 18 casos de desnutrición y ahora tiene 67, cuatro de ellos, severos.

Santos Valdez, secretario del consejo comunitario de Tisipe Centro, Camotán, señala que de las 160 familias que residen en la comunidad, la mayoría tiene dificultad para alimentarse, pues lo poco que lograron cosechar el año pasado ya se terminó, y sin fuentes de trabajo no pueden comprar maíz ni frijol —su dieta básica—. “La desnutrición aumentará”, sentenció.

En la aldea Marimba, en Camotán, el centro de salud identificó un caso de desnutrición aguda. Las condiciones de pobreza y la falta de alimentos afecta principalmente a los niños menores de cinco años. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

No tener una cifra certera del número de niños con desnutrición aguda y no saber dónde se encuentran dificulta implementar acciones de respuesta para darles tratamiento y que las familias reciban asistencia alimentaria lo antes posible. “Sin información no se puede actuar, y esto pone en riesgo la vida de los más vulnerables”, afirmó Rita Franco, de la Instancia de Consulta y Participación Social (Incopas).

La situación preocupa porque los mecanismos de búsqueda activa de casos —jornadas de salud o visitas domiciliarias del equipo de salud en las comunidades— no son muy sólidos, señala Iván Aguilar, jefe del programa de Oxfam.

Sin ese trabajo “hormiga”, muchos casos se dejan de registrar, precisamente en un momento en que urge ese monitoreo, pues el período de hambre estacional comienza a golpear a las poblaciones vulnerables, esa época en la cual los agricultores se quedan sin reservas de granos básicos para sustento diario; tampoco hay demanda de mano de obra, por lo que no tienen acceso a dinero para comprar alimentos, sumado a la escasez de lluvia, que afecta los cultivos.

Para este año la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesán) pronosticó riesgo por el período de hambre estacional para 2.3 millones de personas, el 30% son hogares rurales.

Hay planes de respuesta por parte del Gobierno para ayudar a la población golpeada por esta crisis alimentaria, pero sin datos actualizados, como los de niños con desnutrición aguda, es difícil hacer que la ayuda llegue a ellos.