Comunitario

|

Suscriptores

Cómo científicas guatemaltecas compaginan su profesión con la maternidad

A diferencia de otras profesiones, las relacionadas con la ciencia y tecnología son muy demandantes, pues se le dedica mucho tiempo a las investigaciones y redacción de artículos, pero esa circunstancia no es un obstáculo para que científicas guatemaltecas cumplan con su papel de madres, al cuidar y velar por sus hijos.

Cómo científicas guatemaltecas compaginan su profesión con la maternidad

La científica guatemalteca Susana Arrechea es ingeniera química especializada en nanotecnología y enfoque solar, con sus hijas de 1 y 4 años y su esposo. (Foto Prensa Libre, cortesía de Susana Arrechea)

Hay que destacar que para alcanzar sus metas profesionales y familiares necesitan del apoyo de un entorno que les facilite el cuidado de los niños, y compartir la responsabilidad de la paternidad con su pareja. Asimismo, que sus empleos les brinden la flexibilidad necesaria para desempeñar ambos papeles.

“Una mujer puede ser científica y madre a la vez. Puede pertenecer al laboratorio, ser parte de la sala de reuniones o ser presidenta de una empresa. Se necesitan entornos laborales equitativos y empáticos para ella. Si una mujer acaba de tener a su hijo, poder decirle que se tome su tiempo y que priorice el niño por un tiempo. Eso la tranquiliza y no la hace sentir que va a perder su trabajo, estatus profesional o competitividad”, expresa Mónica Stein, vicerrectora de Investigación y Vinculación de la Universidad del Valle de Guatemala.

“Toda mujer tiene la capacidad de lograr sus metas y sueños y de abogar por ella misma, pues la sociedad no nos lo enseña. Si nosotras no ponemos límites o pedimos hacer valer nuestro trabajo, nadie lo va a hacer. Debemos creer en nosotras mismas lo suficiente para pedir lo que merecemos”, destaca. En este espacio se presenta el testimonio de cinco científicas guatemaltecas, que pese a las adversidades han conseguido salir adelante y compaginar de manera idónea su profesión con la maternidad.

Susana Arrechea Alvarado

Susana Arrechea se crió en la colonia El Milagro, zona 6 de Mixco, y en San Juan Sacatepéquez. Obtuvo la licenciatura en Ingeniería química por la Universidad de San Carlos de Guatemala, y después una maestría y un doctorado en España, en Nanotecnología y enfoque solar. Se especializa en investigación sobre energía y cambio climático.

Al concluir su doctorado, en el 2015, estudió en la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos., con la beca Fullbright, donde conoció a su esposo, Jalel Sager, cofundador de la empresa de beneficio público New Sun Road, que se dedica al desarrollo de energía renovable en comunidades remotas, con una sede en Guatemala, y de la cual es directora de programas globales.

Tuvo a su primera hija en el 2019, y consideró quedarse en casa para cuidarla, pero continuó haciendo proyectos de voluntariado a distancia y escribiendo artículos científicos. Un año después recibió el premio internacional OWSD-Elsevier para científicas jóvenes. En el 2023 nació su segunda hija. “Es un cansancio de cuatro años que no ha terminado, un reto bastante grande. En el día las dejo en una guardería de la universidad, pues trabajo en casa, y cuando las paso a recoger les dedico todo mi tiempo, así como los fines de semana. Nunca me he separado de ellas”, dice. “Ellas me inspiran un amor sin límite y paz. Es bonito compartir con ellas esta etapa de nuestra vida, cansada, pero satisfactoria”, agrega.

Recomienda a las madres trabajadoras hallar un balance para que puedan cumplir con sus ocupaciones. “Queremos igualdad de oportunidades, sin importar si somos madres. Nadie puede decirnos cuándo podemos tener hijos o no”, sostiene la científica.

María del Carmen Samayoa

María del Carmen Samayoa, química bióloga y toxicóloga, junto a sus hijos gemelos y sus dos nietos. (Foto Prensa Libre, cortesía de María del Carmen Samayoa)

Aunque ya está jubilada, María del Carmen Samayoa, química bióloga con maestría en Toxicología, expresidenta de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Guatemala, continúa trabajando como auditora de la norma ISO 17025. Laboró como investigadora en Icaiti y estuvo a cargo de la evaluación de proyectos en la Dirección General de Investigación de la Universidad de San Carlos de Guatemala y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Es autora y coautora de 85 publicaciones científicas.

Tuvo a sus gemelos varones en los setenta, años difíciles en cuanto a equidad, dice, pues “la mujer trabajaba el triple que sus colegas hombres para poder ser considerada igual”. Al llegar del trabajo, recuerda, hacía las tareas del hogar, atendía a sus hijos y esposo, y por la noche regresaba a su empleo a continuar sus labores.

La responsabilidad del hogar recaía en las mujeres, señala. “También hubo satisfacciones, pues reconocieron mi esfuerzo. Logré alcanzar mis metas a nivel profesional y familiar. Con planificación, todo se puede. Ahora, con los adelantos tecnológicos, se facilita el trabajo, por lo cual con más razón se puede combinar todo y salir adelante”, señala Samayoa, quien con orgullo expresa que sus hijos son profesionales exitosos.

Ana Lucía Valle

Ana Lucía Valle, decana de la Facultad de Biología, Química y Farmacia de la Universidad Galileo, con sus dos hijos. (Foto Prensa Libre, cortesía de Ana Lucía Valle)

Ana Lucía Valle es decana de la Facultad de Biología, Química y Farmacia de la Universidad Galileo. Obtuvo una maestría en Toxicología por la Universidad Rugters, New Jersey, Estados Unidos, y un doctorado en Farmacología por la Universidad Federal de Sao Paulo, Brasil. En este último país conoció a su esposo y padre de su primera hija, quien ahora tiene 26 años.

Cuando nació, Valle estaba terminando su doctorado y fue complicado, pues debía llevarla todos los días en metro, sin importar las inclemencias del tiempo, y dejarla en la guardería de la universidad, para luego ir a estudiar y hacer experimentos, que exigían mucha dedicación y tiempo. Al mediodía iba a ver a su hija, por lo que no le daba tiempo de almorzar. Su situación económica era precaria, cuenta. Se separó de su esposo y regresó a Guatemala, donde volvió a casarse y nació su hijo, de ahora 16 años, cuya crianza fue más fácil que la primera, pues le pudo dedicar más tiempo.

No bajó la guardia, siguió trabajando con empeño y un año después de su nacimiento la nombraron decana. “He logrado lo que he querido con la ayuda de Dios y el apoyo de mi familia”, valora, al agradecer al rector de Universidad Galileo, Eduardo Suger, por creer en ella desde el inicio y en su trabajo. “Las mujeres deben tener buena actitud y pensar positivo. Está bien el deseo de trabajar y prosperar en combinación con tener hijos, con una buena organización, pues el esfuerzo es doble”, admite.

Micaela Tambriz

Micaela Tambriz es licenciada en Enfermería e investigadora en nutrición, educación sexual y prevención de enfermedades crónicas. (Foto Prensa Libre, cortesía de Micaela Tambriz)

Micaela Tambriz es una mujer maya, originaria de Sololá, con una licenciatura en Enfermería por la Universidad Mariano Gálvez y que está por concluir una maestría en la misma área. Se especializa en la investigación en nutrición, educación sexual y prevención de enfermedades crónicas. Tuvo a su hijo a los 17 años. Al poco tiempo se convirtió en madre soltera por el fallecimiento de su esposo.

Mientras él estuvo ingresado 18 días en un hospital, a Tambriz le llamó la atención el trabajo de las enfermeras. Quería comprender los términos que usaban para el tratamiento de su esposo y el funcionamiento del equipo médico, así que decidió estudiar esa carrera, para ayudar a las personas. Con el apoyo emocional y económico de sus padres, continuó su educación universitaria.

“Las carencias económicas, de educación y de conocimiento de cuidados básicos de un recién nacido me generaron un gran impacto. No hay libro o guía de cómo ser madre, pero una va aprendiendo. Mi madre me ayudó bastante, pues yo era muy joven para esa responsabilidad. Mi hijo, que ahora tiene 16 años, me impulsó a seguir estudiando, para darle mejores oportunidades. Él fue creciendo y traté de darle tiempo de calidad, pues, por mis estudios y trabajo, estuve ausente por mucho tiempo”, menciona.

“Sentía culpa por no estar en momentos importantes para él, pero mi misión y meta era graduarme. Es una gran satisfacción que la enfermería pueda influir en la educación de las madres y cambiar patrones de muchas generaciones para tener una mejor nutrición, evitar enfermedades y embarazos no deseados. Aunque conlleve sacrificios, los sueños se pueden alcanzar con perseverancia, compromiso y dedicación, así como una red de apoyo, y creer en nosotras para desenvolvernos como madres y buenas profesionales”, concluye.

Mónica Stein

Mónica Stein es vicerrectora de Investigación y Vinculación de la Universidad del Valle de Guatemala. (Foto Prensa Libre, cortesía de Mónica Stein)

Mónica Stein es vicerrectora de Investigación y Vinculación de la Universidad del Valle de Guatemala. Obtuvo su licenciatura en Bioquímica y otra en Estudios Ambientales por la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, y un doctorado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Stanford, con especialización en genética de plantas.

Sus investigaciones han sido publicadas en revistas de prestigio como Science y Nature. Es madre de tres adolescentes de 12, 14 y 16 años. “El trabajo de ciencia y tecnología es una vocación. Es más exigente que otros empleos, por lo que se esperan largas jornadas. Hay que balancear el tiempo dedicado a los niños con el trabajo. Además, en la ciencia la remuneración no es tan buena, por lo que las madres científicas deben tener varios trabajos para cubrir sus necesidades”, resalta.

Recuerda que quedó embarazada de su segundo hijo cuando la primera era pequeña, y tenía que hacer una consultoría para generar más ingresos. Después de su trabajo llegaba a casa, atendía a su bebé y luego se ponía a trabajar, cuando este se dormía. “La producción científica se mide por el número de proyectos y publicaciones —índice H— que se desarrollen. Cuando una mujer tiene hijos debe pausar esta actividad, por lo que el hombre, aunque tenga hijos, produce más que una mujer que es madre. El sistema de ciencia y tecnología rara vez toma en consideración esta situación en otros países. No hay equidad”, precisa. “La mayoría de mujeres deja la ciencia al entrar en la maternidad, porque no logra armonizar esta con su trabajo. Estamos perdiendo talento, al no apoyar a la mujer científica”, añade.

“Una mujer no cría hijos sola. Debe tener el apoyo de una red de personas como familia, madres de compañeros de los hijos y un entorno que comprenda y brinde flexibilidad y confianza a la mujer. Somos echadoras de punta, pero no valoramos lo suficiente que nos lo merecemos”, enfatiza.

ESCRITO POR:

Brenda Martínez

Periodista de Prensa Libre especializada en historia y antropología con 16 años de experiencia. Reconocida con el premio a Mejor Reportaje del Año de Prensa Libre en tres ocasiones.