“La cobertura educativa sin calidad es una estafa”, dice experto del Banco Mundial

Para Rafael de Hoyos, de la Unidad de Educación del Banco Mundial, tanto la calidad educativa como ampliar la cobertura son temas que deben ir de la mano para atender, principalmente, a la población infantil en condiciones de pobreza.

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Rafael de Hoyos, de la Unidad de Educación del Banco Mundial, habla de la que la calidad educativa y cobertura educación van de la mano. (Foto Prensa Libre: Cortesía Banco Mundial)
Rafael de Hoyos, de la Unidad de Educación del Banco Mundial, habla de la que la calidad educativa y cobertura educación van de la mano. (Foto Prensa Libre: Cortesía Banco Mundial)

En Guatemala tres de cada cuatro jóvenes están fuera del sistema educativo o no están adquiriendo los aprendizajes necesarios. De esa cuenta, de Hoyos señala que el país no está explotando todo su potencial de crecimiento económico ni de movilidad social.

En entrevista con Prensa Libre, el experto menciona que el actual sistema educativo reproduce las desigualdades que se marcan entre la población, ampliando aún más la brecha de pobreza.

¿Cree que el sistema educativo no hace mucho por la población con menos recursos?

Los niños que nacen en un hogar con ingresos por debajo de la línea de pobreza no reciben la nutrición adecuada, ni la estimulación ni la interacción temprana necesaria para su desarrollo cognitivo.

Guatemala tiene casi un 50% de desnutrición crónica, eso condena a los chicos más pobres a una vida sin libertad, donde no alcanzará el ingreso mínimo para tener una vida plena. Están condenados en la medida que el sistema educativo no revierte esas desigualdades de origen.

¿Qué hacemos con ese 50% que tienen desnutrición crónica? Los mandamos a las escuelas más pobres, y lo que sucede con las brechas de habilidades cognitivas entre los niños pobres y los que no están en pobreza -durante su trayectoria educativa- es que se ensanchan más.

A eso me refiero cuando digo que tenemos un sistema educativo que reproduce, si no es que exacerba, las desigualdades que están fuera del sistema educativo.

¿Cuál sería la primera acción para mejorar los aprendizajes?

Una política de desarrollo infantil temprano, que dé a los niños, especialmente a los que viven en pobreza, una mejor nutrición, interacción, materiales didácticos para su desarrollo cerebral, para que no estén en desventaja desde el día uno en que llegan al sistema educativo, aunque están en una condición desfavorable frente a los que no tuvieron desnutrición.

Estos niños cuando llegan al sistema educativo deben tener más insumos que aquellos que no sufren pobreza durante sus primeros años de vida, y hay un insumo que es, por mucho, el más importante: los docentes.

Los niños en condiciones de pobreza tienen que tener acceso a mejores docentes, y los mejores docentes del sistema educativo son aquellos que han sido seleccionados por la vía del mérito. Este proceso de selección identifica a los docentes que tienen los conocimientos mínimos necesarios, que saben transmitirlos y que están motivados. Si cumplen con estas tres características tienen que ir a enseñar a nuestros niños.

¿De qué manera se puede mejorar el aprendizaje en las aulas?

Una de las estrategias que ha probado su efectividad en el rubro es el uso formativo de las pruebas estandarizadas, que cuando están bien diseñadas y tienen vínculo con la malla curricular, nos dicen en qué áreas del currículum nuestros niños están fallando o tienen mayores problemas, y eso se tiene que transformar en una ruta o un plan de mejora a nivel de la escuela.

Esta ruta debe estar acompañada por la autoridad educativa, para que las escuelas, sobre todo las más pobres, tengan acceso a la asistencia técnica mínima necesaria para garantizar el aprendizaje para todos.

En las pruebas de graduandos del 2018 el 65% de los estudiantes no alcanzó las competencias mínimas de lectura y el 88% no logró el nivel satisfactorio en matemática. ¿Deberían estas pruebas ser vinculantes?

Yo no lo recomendaría. Hay dos grandes usos que se le han dado a las pruebas estandarizadas, uno que es el vinculante. Voy a utilizar los resultados de las pruebas estandarizadas para que tengan alguna consecuencia.

El otro uso es el formativo, y entonces en esta disyuntiva lo que estoy argumentando es que el uso formativo es lo más efectivo para mejorar los aprendizajes. No solo es lo más efectivo, es también lo políticamente plausible dado el contexto en el cual se desarrollan los sistemas educativos en nuestros países.

Hacerlas vinculantes, entonces, ¿no sería apropiado en un país como el nuestro, en donde los estudiantes en situación de pobreza están en desventaja?

Si uno atiende las razones detrás de una calificación no probatoria, donde el 65% no alcanza el mínimo, lo que estamos capturando detrás de ese 65% es un niño que nació en un hogar pobre que no recibió la nutrición adecuada, la estimulación adecuada, sus padres quizá no tenían el vocabulario adecuado, algunos quizá ni hablaban español.

Ese niño fue a un sistema educativo donde las escuelas se estaban cayendo, no tenía estructura edilicia, los docentes no tenían los conocimientos o cuando los tenían no sabían transmitirlos, entonces, es un milagro que este niño haya llegado a la escuela. ¡Claro que está por debajo del mínimo! Es el resultado lógico de esto que hemos construido.

¿Cómo revertir esta situación?

Hay que tener una visión de responsabilidad compartida. No hay un ente maquiavélico que haya diseñado esto para el detrimento de los más pobres, esto es lo que hemos construido, pero lo importante es cómo lo vamos a mejorar.

Una de las condiciones es que todos los niños que nacen hoy en Guatemala tengan la nutrición adecuada, el piso es tan bajo que no debería ni siquiera haber polémica en este tema. Es decir, una política integral de la primera infancia.

Segundo, tenemos que cambiar el sistema educativo, al punto que los niños cuando ingresen, sobre todos los más pobres, no entren a una escuela que se esté cayendo y con docentes que no tengan los conocimientos, pero todo esto cuesta.

¿A qué debe ponerse atención, a la calidad educativa o la cobertura?

Se tiene que apostar a las dos. Si uno ve los derechos humanos, el recibir una educación de calidad es un derecho, porque esta es una de las herramientas principales para alcanzar la libertad.

En esta disyuntiva de cobertura versus calidad, la cobertura sin calidad es un desperdicio de recursos, y no solo eso, es una estafa.

De alguna manera, es una estafa en términos de cumplimento del contrato social entre la ciudadanía y el Estado. La ciudadanía paga impuestos para que el Estado le provea de servicios, y uno de los más importantes es la educación. Cuando se abre una escuela tiene que proveer aprendizajes, si no, no está cumpliendo con su razón de ser.

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