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Nimajuyú, el proyecto ambicioso de la década de los 80

El 29 de enero de 1983 se inauguró el conjunto habitacional construido por el Banvi en zona 21 a un costo de Q14 mil 200 el apartamento más caro.

Nimajuyú Guatemala

Vecinos de Nimajuyú denuncian nuevo intento de invasión del área verde y llevan varios días de enfrentamiento. (Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila)

Desde hace tres semanas los vecinos de Nimajuyú se enfrentan con un grupo de personas que amenaza con ocupar las áreas verdes que colindan con el módulo 5 aduciendo que no tienen vivienda.

 

El pasado lunes se observaron los enfrentamientos más violentos, donde varias personas resultaron heridas y un joven residente del lugar murió por impactos de herida por arma de fuego. Actualmente la Policía Nacional Civil (PNC) mantiene patrullajes y la Comisión Presidencial de Diálogo lidera las conversaciones para mantener la calma en el lugar.

De esta forma, Nimajuyú, el proyecto habitacional que se creó en 1983, está en el ojo público y ha llevado nuevamente a la discusión el problema de vivienda que existe en el país.

Han pasado 38 años desde que se entregó el primer módulo de Nimajuyú a las primeras familias beneficiarias que pudieron optar a vivienda un bajo costo. En casi cuatro décadas, los vecinos del lugar ahora se enfrentan a problemas como la falta de agua y las ocupaciones hacia sus espacios designados como área verde.

Con bombas y platillos, el gobierno de Fernando Romeo Lucas García anunciaba en julio de 1979 el préstamo de Q30 millones que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) entregó al Banco Nacional de la Vivienda para la construcción de proyectos habitacionales de condominio.

El interés por crear un proyecto así surgió por la necesidad habitacional de la población después del fatídico terremoto del 4 de febrero de 1976. Sin embargo, este no fue el único proyecto impulsado por el Estado de Guatemala para otorgar vivienda a la población.

El proyecto habitacional de Nimajuyú fue una opción barata de vivienda en la década de los 80, con un concepto de apartamentos y amplias áreas verdes. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Uno de los primeros fue el denominado programa de esfuerzo propio y ayuda mutua que creó el Proyecto 4-1 en zona 6 y la colonia Centroamérica en zona 7, en 1957. A estos le siguieron los Multifamiliares de la zona 3 (1959), la colonia Justo Rufino Barrios en zona 21 (1966-1970) y el último fueron los edificios de Tulam Tzu en zona 7 en 1990.

Por haberse anunciado el proyecto de Nimajuyú después del terremoto, el Banvi se dedicó a promover su construcción como edificios antisísimicos.

“Con el terremoto se incrementaron las ocupaciones de terrenos por los pobladores y se hicieron muchos proyectos, sobre todo los que están por el anillo periférico, pero luego se hicieron proyectos en altura”, explicó la arquitecta y urbanista Amanda Morán.

Morán explica que a diferencia de los proyectos 4-1 en zona 6, los apartamentos que se empezaron a construir en zona 21 eran edificios que buscaban beneficiar a más número de personas. Eran más apartamentos, pero con dimensiones más pequeñas.

La construcción estuvo a cargo de la empresa corporativa internacional Solel Boneh que había hecho edificios, complejos habitacionales y carreteras y varias partes del mundo como Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia, Turquía, Nepal, Tailandia, Etiopía, Venezuela, Ecuador, Colombia, Costa Rica, entre otros.

Área verde como compensación

Nimajuyú se construyó en el área sur de la capital en un terreno de 52.30 hectáreas, colindando al norte con las colonias Venezuela y Bello Horizonte, y al sur con, lo que era en ese entonces, la aldea Cerro Gordo.

Se construyeron 3 mil 456 departamentos distribuidos en 22 módulos. Cada módulo contaba con cuatro edificios de cuatro niveles construidos alrededor de una plaza central diseñada para actividades de convivencia comunal.

El primer Módulo que se terminó de construir fue el 16-01, que actualmente se ubica enfrente del mercado de la colonia Venezuela y a pocos metros donde actualmente grupos de personas desean ocupar las áreas que aducen que están abandonadas.

Los vecinos de Nimajuyú aseguran que tener un lugar seguro y abierto es uno de los mayores atractivos del complejo, el cual después de 38 años de su construcción también enfrenta problemas en el suministro de agua potable. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Pero según los planos originales, estas áreas que están en disputa fueron designadas para recreación. Según agregó la arquitecta Morán, para compensar el pequeño espacio de los apartamentos, se dejaron áreas al aire libre para que los vecinos pudieran construir parques y campos polideportivos.

“Mi papá me decía que para su bolsillo lo sintió caro, pero se aventuró porque a mi mamá le gustó tener áreas verdes y porque en aquel entonces vivir en un apartamento era algo novedoso”, cuenta Gilberto García, un joven de 32 años que nació y creció en el módulo 4 de Nimajuyú.

El precio de venta de cada apartamento variaba según el nivel en el que se ubicaban. Mientras que los que estaban en el primer nivel se estaban dando a Q14 mil 200 con cuotas a 20 años de Q165.17, los que estaban en el cuarto nivel se ofrecían a Q8 mil 750 con cuotas a 20 años de Q105.62

García ahora vive solo en ese apartamento que compraron sus padres en 1988. “Lo que más apreció de crecer ahí fue porque siempre teníamos ese espacio verde, sentíamos que podíamos explorar el mundo porque teníamos barranco alrededor” agrega.

Aunque estos proyectos también cuentan con pozo propio donde aseguraban el servicio de agua potable a través del servicio de Empagua, casi 40 años después de su construcción, el acceso al agua ha sido una de las razones por las que los vecinos se han organizado en los últimos años.

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