Año fiscal 2021 rompe récords de migración de guatemaltecos y de remesas

Guatemala es el tercer país de la región que más expulsa a sus ciudadanos, según cifras anuales de la Patrulla Fronteriza, revelados recientemente.

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La llegada de migrantes ha causado una crisis en la frontera sur de EE. UU. (Foto: AFP)
La llegada de migrantes ha causado una crisis en la frontera sur de EE. UU. (Foto: AFP)

El deterioro de las condiciones de vida de los guatemaltecos en la última década —acentuado a raíz de la pandemia del covid-19— causó en el año fiscal 2021 de EE. UU. una ola migratoria sin precedentes en la historia de Guatemala.

En ese periodo de 12 meses que finalizó el 30 de septiembre pasado, Guatemala rompió todos sus récords de migración irregular, según datos de la Patrulla de Control de Fronteras de EE. UU. (CBP, en inglés).

Los guatemaltecos, en ese lapso, protagonizaron poco más de 283 mil encuentros con las autoridades fronterizas, bien sea porque se entregaron al cruzar el límite con México o porque fueron sorprendidos tras el cruce irregular.

Esta cifra se integra por 141 mil 309 migrantes que viajaban solos, 58 mil 778 menores de edad que lo hicieron sin ninguna compañía y 82 mil 882 unidades familiares. Estas últimas están compuestas por el padre o madre de una familia —o ambos— y al menos uno de los hijos.

El número de connacionales que fueron aprehendidos es 7% superior que la anterior marca, de 264 mil 168 detenciones, del año fiscal 2019. Además, los guatemaltecos fueron el tercer grupo que más encuentros protagonizó, el 16% del total, solo detrás de México y de Honduras.

Mal de años

Pero el deterioro socioeconómico viene desde hace años y ha empeorado al mismo ritmo que sube la migración. En 2017 el número de guatemaltecos detenidos en la frontera sur de EE. UU. fue de 74 mil 601, cinco años después la cifra casi se cuadruplicó.

Analistas en temas migratorios coinciden en que los números reflejan un empeoramiento de las condiciones de vida de la población, ya de por sí precarias, pero arruinadas casi por completo a raíz de la pandemia y de las tormentas del año pasado.

Una agente de la CBP habla con una niña guatemalteca que se llegó a la frontera sur de EE. UU. Poco más de 58 mil menores no acompañados guatemaltecos migraron en el año fiscal que finalizó en septiembre pasado. (Foto Prensa Libre: CBP)

El problema se agudizó porque el Estado no fue capaz de responder adecuadamente a estas emergencias al no contar con un sistema de protección social que apoyara a las familias más afectadas, con ingresos mínimos o con el restablecimiento de sus medios de vida.

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A un año de las tormentas ETA e Iota, cientos aún no reconstruyen sus viviendas, muchos de los terrenos donde cultivaban han quedado inservibles y las carreteras de acceso son intransitables.

“Lo que nos dicen estos números —las detenciones en la frontera sur— es que estamos peor, que el país está fatal y que la gente está huyendo”, aseveró Aracely Martínez, directora de la Maestría en Desarrollo de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG).

La migración suele ser primero a los centros urbanos, que están experimentando un aumento de personas que se dedican a una economía muy informal o incluso a mendigar en los semáforos.

Al explicar el aumento gradual de la migración de guatemaltecos, Martinez dice que la institucionalidad del país se ha deteriorado al mismo ritmo. Además, que cada vez sube la percepción de que se vive en un país autoritario que no responde a las necesidades de la población. “Lo vemos ahora en el caso de El Estor”, señaló.

A esto se le agrega el elevado índice de corrupción y de desconfianza por el futuro del país.

Un estudio efectuado en septiembre de 2020 por la firma CID Gallup citado en un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reveló que el 56% de los guatemaltecos encuestados respondió que la corrupción “ha aumentado”, mientras que el 51% dijo que el país va por el “rumbo equivocado”.

“La percepción es que no hay futuro en Guatemala. Hay mucha desesperanza”, comenta Martínez.

Un grupo de migrantes permanece bajo la custodia de las autoridades fronterizas de EE. UU. al ser detenidos. (Foto Prensa Libre: EFE)

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Si a estos factores se le agrega que estas personas tienen familiares o amigos en EE. UU. dispuestos a financiarles el viaje irregular, entonces “¿cómo podemos pedirle a la gente que se quede si no hay condiciones para una vida digna, el Estado me persigue y los impuestos que pago no se traducen en servicios?”, cuestiona.

Razones para partir

Las cifras de migración no sorprenden y ya se esperaban, dice Rosario Martínez, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), debido a la “precarización de las áreas rurales y semi urbanas en donde se están perdiendo los medios de vida sostenibles que era la garantía para que la población no migrara”.

Martinez expuso que antes era tradicional que uno o dos miembros de una familia viajaran a EE. UU. y el resto se quedaba a trabajar la tierra, esto cambió con la llegada de las tormentas y las familias enteras han decidido viajar al norte.

También es notorio, destacó, como de un tiempo atrás hasta ahora el perfil migratorio se compone ya no solo de personas rurales que se dedicaban a la agricultura, sino también hay muchos jóvenes que se gradúan de nivel medio e incluso que tienen estudios universitarios.

Estos se sienten cautivados porque la economía en EE. UU. va al alza mientras hay menos mano de obra local porque la población nativa de ese país cada vez envejece más. A esto se suma que los salarios para ciertas tareas calificadas están aumentando.

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El analista en temas de migración Pedro Pablo Solares dijo que “los números no son una sorpresa y ya se anticipaban después de los desastres naturales y la incertidumbre de una pandemia mal manejada”.

Familias enteras han migrado hacia EE. UU. este año. (Foto: CBP)

Agregó que esta tendencia al alza “no tiene fin a la vista” y se ha fortalecido con el paso de los años en la medida del éxito de las personas que salen del país, es decir, que logran llegar y establecerse en EE. UU.

“La migración tiene un efecto multiplicador que hace que sus números crezcan de manera exponencial. El empeoramiento de las condiciones en Guatemala y el buen momento de la economía estadounidense, solo vienen a sumar a esa gran regla”, enfatizó.

Aumento exorbitante de las remesas

El aumento de las detenciones de guatemaltecos en EE. UU. está acompañado por un lógico incremento de las remesas familiares. Hasta antes de la pandemia se calculaba que casi tres millones de guatemaltecos radicaban en aquel país. El Ministerio de Relaciones Exteriores no ha dado a conocer nuevas estimaciones, pero seguro habrá cientos de miles más.

Las remesas aumentaron, incluso durante la pandemia, cuando se creía que ocurriría lo contrario. Estas han ido al alza a tal punto que, en los últimos 12 meses, de octubre de 2020 a septiembre pasado, el país recibió más de US$14 mil 288 millones en ese concepto, una cifra por mucho superior a todas las exportaciones del país del año pasado que sumaron cerca de US$10 mil 100 millones.

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Esta dinámica mantiene la estabilidad macroeconómica porque regula la balanza de pagos e incentiva la importación y el consumo, pero a la vez refleja que Guatemala está supeditando su economía, más que a su capacidad de producir, a las remesas que envían millones de ciudadanos que salieron de su país por la falta de oportunidades.

La pandemia generó miles de nuevos pobres extremos en Guatemala y obligó muchos a mendigar para sobrevivir. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Las remesas terminan siendo un indicador de lo mal que está el país, dijo Martinez de la UVG. Más de estas divisas significa que más guatemaltecos han tenido que huir porque la situación ha empeorado lo cual es una “vergüenza”, indicó.  “La macroeconomía es sana, obvio, porque nos apoyamos en gente que expulsamos”, subrayó.

El consultor en temas de migración, Fernando Castro, cree que “al Estado no le interesa revertir la tendencia migratoria hacia EE. UU., debido a que las remesas sostienen economía de Guatemala” y “mientras mayor migración, mayor beneficio económico”.

“¿Qué pasaría si los migrantes dejaran de enviar remesas? Seguro que el Gobierno haría cambios para beneficiarlos, como abrir más consulados o reducir costos de pasaportes en extranjero”, expuso.

¿Pierde algo el país?

Los analistas coinciden con que Guatemala pierde mucho con la migración de sus ciudadanos, desde el punto de vista económico y social.

Primero, al ser jóvenes la mayoría de la gente que sale del país, se pierde una importante fuerza productiva y la potencial capacidad de aportes para el desarrollo de Guatemala.

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A nivel social, se cuentan efectos como la pérdida de liderazgos locales, la descomposición familiar, que redunda en madres que deben criar a sus hijos solas, o niños que se quedan bajo el cuidado de los abuelos, lo que los hacen más propicios a que se involucren en la delincuencia.

Un grupo de jóvenes sale de las instalaciones de la Fuerza Aérea Guatemalteca con sus pertenencias en bolsas plásticas luego de ser deportados de los Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: EFE)

Causas de arraigo

Un estudio que la organización Catholic Relief Services (CRS) que divulgó en septiembre pasado y que se efectuó entre 785 personas distintas edades de las áreas rurales y 89 jóvenes urbanos, concluyó que la formalidad y estabilidad de un empleo, más el acceso a la educación formal y a tierras cultivables, sumado a la participación social son factores que favorecen las intenciones de los jóvenes a no migrar.

La investigación encontró que la falta de oportunidades laborales acordes al grado de capacitación y de estudios de la juventud guatemalteca explica que los estudiantes y los desempleados piensen en la migración como en una de las pocas vías, o la única, de desarrollo.

Asimismo, que los jóvenes y las personas con mayores niveles de estudio son los que desean migrar en mayor medida porque no tienen esperanzas de realizar sus proyectos de vida.

En cuanto a los factores que propician la migración, el 73% respondió que “cada año es más seco y mi familia pierde sus cosechas”, el 72% que “la situación económica de mi familia es mala” y el 63% que “mis ingresos económicos no alcanzan”.

La ayuda a los afectados en Campur no ha llegado, un año después de las tormentas. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)