Promueven transformar remesas en inversión y ahorro en el altiplano y el área metropolitana

Guatemala

El altiplano y algunos municipios del departamento de Guatemala son "corredores de remesas", según la organización Diálogo Interamericano, que junto a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, en inglés) han impartido 146 mil asesorías financieras en dos años, lo que ha propiciado la movilización de unos US$7.3 millones en ahorros e inversión.

Los dos indicadores que cerraron el 2018 con crecimiento

Economía

Las remesas familiares alcanzaron este año un nivel histórico en Guatemala, donde la industria turística también creció y el producto interno bruto (PIB) alcanzará un 3 por ciento de crecimiento, pero el país aún mantiene un alto porcentaje de población viviendo bajo la línea de la pobreza.

Aliados silenciosos

Opinión

Los presidentes de los países del Triángulo Norte de Centroamérica insisten en ver una manipulación detrás de la masiva movilización de centroamericanos que pretenden encontrar asilo en Estados Unidos. Van a redoblar sus intentos por que Washington y México se unan en la búsqueda de los responsables, aunque poco dicen de las causas de ese éxodo.

El desconcierto de los apachurrados

Opinión

Gobernar siempre significa beneficiar y postergar intereses. Es patente ese rumbo de pérdidas y ganancias en la economía. La responsabilidad no se encuentra en manos invisibles ni númenes desconocidos. Un conjunto de decisiones crean cortos circuitos en el crecimiento de la riqueza nacional.

No hay otra varita mágica

Opinión

Circula una narrativa compartida por algunos tanques de pensamiento, oenegés y, al parecer, el Departamento de Estado de EE. UU. Premisa uno: la corrupción es uno de los principales culpables de la migración de guatemaltecos hacia el norte. Premisa dos: la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) combate la corrupción. Conclusión: la Cicig es la solución para acabar con la migración de guatemaltecos a EE. UU.

El momento del hielo

Opinión

Aún vocalizar su nombre no es tan fácil. Vaya, un carajo bien difícil, más bien, se tendría que admitir. El lugar se llama Lajcholaj, vocablo que de seguro se acentúa y lleva apóstrofos, pero que hoy no sé ni dónde colocar. La aldea queda, digamos, en el núcleo, el corazón de Huehuetenango; en la entrada a San Rafael La Independencia; en la cima de la sierra. Verde, frío y tierra envuelven el paraje. Imagine un lugar donde las nubes y las personas se funden en uno, cada mañana. Hay sitios del país que cuando un ladino entra no logra hablar con la mayoría de la gente. La “castilla”, cual le llaman, es en serio escasa por ahí. En el centro de su calle está la única tienda. En ella, recibe de mascota un pequeño búho, al que llaman ton-ton, el nombre, en q’anjob’al, de esa plumífera especie. Lajcholaj se imagina desde afuera pobre, decaído e indigente; y lo es, en buena parte, pero de manera en extremo peculiar. Pues ahí, una casa sí, una casa no, emergen templetes a la exuberancia, los palacios de la remesa. Con piso sobre piso, las moradas lucen la estrella americana. Un símbolo que identifica entre los vecinos al que abandonó ese carajo de pobreza, para arrebatar, con su trabajo, su propia cuota de felicidad material; esa, a la que los himnos mencionan, tenemos derecho todos los humanos.