Hondureños encuentran solidaridad de los guatemaltecos en el camino

Una bandeja desechable con huevo, pan francés y pan dulce, acompañado de un vaso de café fue el sencillo menú que un grupo de vecinos de Chiquimula ofreció a los migrantes hondureños que este miércoles, desde muy temprano, continúan el éxodo en busca de su sueño americano.

Los migrantes abordan un bus que fue proporcionado por un residente de Guastatoya y que los llevó desde esa ciudad hasta la Casa del Migrante, zona 1. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)
Los migrantes abordan un bus que fue proporcionado por un residente de Guastatoya y que los llevó desde esa ciudad hasta la Casa del Migrante, zona 1. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

La caravana, que más bien se ha transformado en una fila de grupos grandes que avanzan sobre la Ruta CA 10, ha causado embotellamientos, debido a que los viajantes aprovechan cada punto en donde los guatemaltecos puedan ofrecerles alguna ayuda.


Lucen cansados, algunos van enfermos y desvelados. Muchos llevan a sus familias enteras. Les tocó pernoctar en la cabecera de Chiquimula, los más afortunados en el Centro de Animación Pastoral (CAP), los menos en los graderíos del estadio Las Victorias, a expensas de la lluvia, el frío de la madrugada y una gran cantidad de roedores que les acechaba.

Ya en la mañana partieron de nuevo y al llegar al ingreso al Centro Universitario de Oriente (Cunori) los chiquimultecos les ofrecieron alimentos.

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Miguel Ángel Noguera, quien organizó la colecta de alimentos, expuso que todos los chiquimultecos se unieron, así como las iglesias católica y evangélicas, para apoyar la caravana de indocumentados hondureños.

“La gente está desesperada, están huyendo de la pobreza y de tantos mareros que hay en Honduras, por eso es que los ayudamos. El presidente de Honduras -Juan Orlando Hernández- dice que esto es político y eso es una gran pena que piensen y digan eso”, expuso Noguera.

Hondureños van a jalón por la ruta entre Chiquimula y Zacapa. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

“Le pedimos a Dios que abra las puertas y los corazones de las personas por donde vayan a pasar porque lo necesitan”, añadió Noguera.

El grupo de chiquimultecos había preparado más de dos mil desayunos, pero no fueron aprovechados por los migrantes puesto que salieron antes de que los llevaran a donde se encontraba la caravana. “Ahora tocará llevar la comida hacia otro lugar, más adelante”, dijo otro de los organizadores.

Silvia Rodríguez, una de las colaboradoras, afirmó que es un “pecado” que la gente vaya en estas condiciones por lo cual decidió ayudar. “Nos sentimos muy tristes y con mucho dolor de ver a tantos niños y tanta mujer que van hacia Estados Unidos, los gobiernos dicen que los van a parar pero Dios va con ellos y él los va a ayudar”, subrayó.

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Ana Torres, una conocida deportista de Chiquimula, servía desayunos en las afueras del Cunori y dijo esperar que todo salga bien a los integrantes de la caravana. Añadió que convocaron a los chiquimultecos por medio de las redes sociales y a pesar de que fue con corto tiempo lograron captar una gran cantidad de ayuda.

No hay marcha atrás

Algunos migrantes consultados afirmaron que continuarán con la marcha cuyo destino final es Estados Unidos. Dicen estar alentados por las atenciones que han recibido de parte de los guatemaltecos durante los primeros tres días desde que cruzaron la frontera de Agua Caliente.

Gerardo Gómez es originario de Puerto Cortez y aceptó hablar unos minutos con Prensa Libre después de haber recibido comida para él y su familia en Chiquimula.  Viaja con tres de sus hijos de 9, 8 y 5 años.

Familias han pernoctado en gimnasios o albergues en su paso por Guatemala.  (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

“Estamos muy, muy agradecidos de todo corazón con los guatemaltecos, sé que es difícil porque haber dejado nuestro país es triste, pero seguimos adelante”, precisó Gómez

“Me vine de Honduras porque allá ya no se puede vivir, sufría mucha violencia y el empleo es muy malo, cuesta encontrar y cuando uno halla pagan muy pocos. Yo ganaba 200 lempiras al día”, dice Gómez, quien cuenta que 100 lempiras alcanzan para el almuerzo de una persona.

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Respecto de las advertencias que ha hecho el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que no permitirá el ingreso de hondureños afirma: “Yo sé que Dios va a tocar los corazones de estas autoridades, así como en Guatemala que habían dicho que no permitirían que ingresáramos, pero ya lo hicimos”.

Los migrantes no tienen claro qué van a hacer, hasta dónde llegarán, algunos dicen que a Zacapa, otros que a Teculután o El Progreso, los más optimistas dicen que a la capital, Muchos no coinciden, pero en lo que sí están de acuerdo es en que llegarán a Estados Unidos.

Buses para migrantes

En Guastatoya, un empresario del transporte puso a disposición dos buses para que las madres e hijos pudieran llegar sin problemas a la capital.

“Vi que varias madres con sus niños venían con sus hijos y cómo se venían mojando en la ruta y me nació ayudarlos”, expuso Claudia Álvarez Morales, empresario de Transportes Paolas, que regularmente hace viajes con estudiantes y de turismo.

Familias o grupos de vecinos salen a dar comida a los migrantes hondureños. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

Cada bus, indicó Álvarez, transportó a 35 personas hacia la Casa del Migrante de Guatemala. Si queda tiempo y más migrantes lo requieren podría hacer más viajes entre este miércoles y viernes. 

En la cabecera departamental de El Progreso, pobladores, iglesia y comuna se organizaron para ofrecer asistencia a los migrantes hondureños.

El sacerdote Baltazar Góngora, párroco de la iglesia de Guastatoya, indicó que se organizaron para apoyar a los “hermanos hondureños en el drama que están viviendo”. Indicó que durante el día vieron imágenes que les partieron el corazón, aunque también ha sido testigo de la solidaridad de los guatemaltecos. Aunque habían preparado áreas para albergarlos, indicó que la mayoría continuó su trayecto hacia la Casa del Migrante de Guatemala.

“Gracias hermanos guatemaltecos”

Ligia tiene 68 años de edad, dice que por sus años ya no consigue trabajo  y “tengo una gran necesidad”.

La migrante hondureña originaria de San Pedro Sula confía en que llegará a EE. UU. donde tres hermanos suyos la esperan para ayudarla.

“Estoy admirada de que el guatemalteco es bien dadivoso y humanitario. Enormemente nos han ayudado ¡Gracias hermanos guatemaltecos!”, exclamo Ligia quien ingresó a Guatemala en la madrugada del martes.

La sexagenaria precisó que la situación en Honduras es “caótica”, por lo cual la intención de ella y sus compatriotas es llegar hasta Estados Unidos.

“Tenemos mucha fe en el Señor que es el que nos ayuda y que el señor Trump nos recibirá allá”, añadió.

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