Sospechosos movimientos al amanecer: la crónica que evidencia cómo en Guatemala opera una red de coyotes que trafica a haitianos que van a EE. UU.

Así es un día normal en la “Capital centroamericana de la fe”, que se ha llenado de migrantes, principalmente de Haití, que buscan llegar a Estados Unidos.

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Las calles de Esquipulas se han convertido en refugio para migrantes que, a toda costa, buscan llegar a Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)
Las calles de Esquipulas se han convertido en refugio para migrantes que, a toda costa, buscan llegar a Estados Unidos. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

Esquipulas es un municipio ubicado a 220 kilómetros de la Ciudad de Guatemala y es considerado como “La capital centroamericana de la fe”, pero desde enero pasado hay cambios drásticos: se registra un éxodo de migrantes que en su mayoría dicen ser de Haití, y así Esquipulas se ha convertido en el nuevo Puerto Príncipe de los haitianos.

Este municipio es muy religioso y se debe al peregrinaje de devotos católicos al Cristo Negro que se encuentra en su basílica, una devoción que lleva más de 400 años y se ha interrumpido por la pandemia del covid-19. Ahora los peregrinos de la fe son pocos y los cientos de nuevos visitantes son migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. En este municipio se toman un descanso para replantear su viaje y encontrar la ayuda de los coyotes.

Entrar a Esquipulas es sinónimo de religiosidad, dulces diversos, sombreros coloridos y devoción. Pero en un recorrido que hizo el equipo periodístico de Prensa Libre y Guatevisión se evidenció que en la actualidad el panorama es distinto y desde el ingreso se atestiguan los cambios.

Hay presencia de migrantes en Esquipulas, un fenómeno que se desarrolló y masificó en caravanas desde octubre de 2018 y al parecer en esta ciudad se asentó un modo de operar más que de vivir.

Al caminar por las calles se pueden observar extranjeros. No son turistas que vinieron por religiosidad a la ciudad, son migrantes que solo están de paso para continuar su viaje;  allí descansan, planifican y hacen negociaciones con coyotes que los guiarán por las distintas rutas para llegar a México.

Ese municipio tiene una industria hotelera desarrollada que ha sido afectada por la pandemia e incluso algunos cerraron operaciones. Esta área hotelera se ubica alrededor de la Basílica, pero acá no todos han perdido, los hospedajes de bajo costo se están recuperando. Esos que pueden cobrar Q30 la noche tienen un respiro financiero con la llegada masiva de migrantes.

Caminar en Esquipulas es la clave para entender la nueva dinámica.

En la tienda de la esquina migrantes compran comida, en el mercado también se abastecen, afuera de los hoteles permanecen observando la cotidianidad para entretenerse mientras reanudan su viaje.

Hasta ahí todo parece normal con la evolución de un fenómeno social en el que migrantes descansan en la primera ciudad que encuentran en un nuevo país por recorrer; sin embargo, todo cambia desde el amanecer.

(Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

Tráfico

A las 6.30 horas empiezan los recorridos sospechosos de automóviles de Esquipulas hacia la aduana de Aguas Calientes, un recorrido corto de 10 kilómetros que puede durar unos 12 minutos.

Todos los automóviles usan vidrios polarizados para proteger la identidad de los ocupantes y no causar sospechas.

En la ruta hay tres puestos de registros de la Policía Nacional Civil, una o dos autopatrullas y cuatro agentes en cada control.

El segundo registro policial le hace un alto al equipo periodístico de Prensa Libre y Guatevisión y pide la identificación de cada uno. Todo transcurre normal y se continúa el recorrido.

Los vehículos sospechosos se detienen a 200 metros de la aduana, allí permanecen 10 soldados del ejército custodiando la frontera con Honduras. Los conos naranja advierten un alto y que la autoridad controla. Los coyotes son quienes permanecen adentro de los automóviles y saben que deben ser pacientes porque en cualquier momento saldrán del bosque los migrantes.

Cuando el migrante no es centroamericano opta por esquivar la aduana y lo hace a través de la maleza, pues en el bosque hay caminamientos trazados y así eluden el control militar.

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Ya esquivado el Ejército un grupo de migrantes se muestra en la ruta y empieza a negociar con los coyotes. El idioma no es barrera, es el momento de la oferta y la demanda de la migración en Guatemala.

Después de 10 minutos de negociación, no hay acuerdos y esta familia de migrantes opta por caminar. Más adelante hay otros coyotes y quizá consigan llegar a un trato.

Deben acordar el traslado antes de encontrarse con los tres registros de la Policía, el más próximo está a un kilómetro y medio; de lo contrario, tendrán que ingresar de nuevo al bosque, esquivar policías hasta llegar a Esquipulas.

Quince minutos después se decidió regresar y de repente apareció una caravana minúscula de ciudadanos hondureños. Ellos van más relajados sobre la carretera porque hablan español y pueden ingresar al territorio guatemaltecos sin mayor problema amparados por el Convenio Centroamericano de Libre Movilidad (CA-4).

Ellos siguen su ruta y en el retorno encontramos a otro grupo de migrantes, dijeron ser de Haití entre los cuales va un colombiano. Eso mientras los automóviles seguían pasando con rapidez haciendo los traslados.

(Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

Negocios

Walter Junior Amador Sánchez, migrante colombiano, era el único del grupo que domina el inglés y accedió a brindar una entrevista. Un kilómetro antes negoció con coyotes, pero el precio era muy alto.

“Hubo unos coyotes que me ofrecieron su servicio, pero les he dicho que no por el costo. Me pidieron US$30 (unos Q225) para llevarme a la ciudad de Esquipulas y por no llegar al precio he tenido que esquivar los retenes policiales”, expuso Amador Sánchez.

Este migrante sabe que al no cargar mucho dinero debe esquivar los controles policiales, está acostumbrado a caminar por la maleza. Así lo hizo en Colombia para adentrarse a Panamá y lo hace en Esquipulas, siempre cargando una bolsa de pan en migas para alimentarse.

“El servicio que me ofrecieron los coyotes incluye ir embarcado en un carro, protección para que no te roben y pasar la policía sin problemas”, reveló Amador Sánchez.

Los periodistas siguieron a Esquipulas, pero el segundo control policial nos volvió a detener. Ya eran viejos conocidos porque 50 minutos antes los habían identificado y esta vez se llevaron los documentos y les tomaron fotografías.

Uno de los puestos de control. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

Mientras se hacía la revisión, los automóviles con vidrios polarizados pasaban con facilidad y se exponía el modo de operar de los involucrados.

Algo ocurrió a partir de allí, los automóviles del coyotaje fueron más cautelosos y en Esquipulas hubo más celo en el área hotelera.

Allí en Esquipulas, la mayoría de migrantes se identifica como haitiano y es la percepción popular que se tiene. La movilidad está ocurriendo a diario y en el centro del municipio es evidente.

En el día los migrantes asisten a los cajeros que funcionan en los bancos o bien se dirigen a cajas rurales a cambiar remesas. Solo con un pasaporte pueden realizar el retiro de dinero y así financiar el viaje con coyotes.

Hay días en que en los cajeros hay largas filas; sin embargo, durante la visita eso no fue tan visible.

Lo expuesto es que las caravanas de migrantes surgieron hace tres años y el tránsito persiste, ahora hay más ciudadanos de El Caribe, Sudamérica y África pasando por Esquipulas.

En las calles hay familias de migrantes durante el día porque es un periodo de preparación, y cuando todo oscurece será la hora de viajar de nuevo.

Vehículos con vidrios polarizados transportan a migrantes después de cerrar negocio. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

El dinero decide

Ahora los que tienen poco o nada son los que se refugian afuera del centro del municipio en la Casa del Migrante. Ahí ha permanecido el migrante cubano Luis Mario del Toro Fernández, quien viaja con su esposa y sus hijas de 16, 11 y 5 años.

“Viajar con hijos es mucho más difícil porque no podés arriesgarte mucho y eso hace que tardes más en un lugar, cada paso debe ser seguro”, explicó Toro Fernández.

En 2019 salió de Cuba y ha realizado su recorrido por Sudamérica, su esposa se enfermó y por esa razón se ha demorado bastantes meses en continuar. Además, su estadía en Guatemala ha sido adversa.

“No tengo dinero y cuando pasé con los policías (agentes de la PNC) me pidieron dinero, tuve que vaciar mi bolsón para que se dieran cuenta de que no cargo como ellos piensan y cada retén me pidió US$10 (unos Q80). Me regresaron y volví a pasar hasta que entendieron que no tengo dinero”, recordó Toro Fernández.

Una familia haitiana que se quedó sin recursos para seguir hacia EE. UU. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)

El migrante logró pasar los controles de la policía, pero en el último tuvo que hacer algo distinto.

“En el último retén los policías me dijeron que recogiera toda la basura de área para poder pasar, me puse a recoger con mi familia la basura de la orilla de la carretera, lo hicimos y nos dejaron pasar, así fue como llegamos a Esquipulas”, denunció Toro Fernández.

Los migrantes que tienen dinero pueden en Esquipulas definir su llegada hasta México, y los que no, deben evadir controles en carretera.

La esperanza es lo único que le queda a una familia cubana. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández)