Se cumplen dos años de la primera manifestación contra el gobierno de Otto Pérez

Dos años después de ocurrir la primera manifestación pacífica en el país por los casos de corrupción ligados al Partido Patriota, la ciudadanía observa de cerca el actuar de los políticos, pide justicia por actos de corrupción cometidos y parece tener menos temor a denunciar. “Valió la pena”, señalan quienes estuvieron en  esa primera protesta y las posteriores, y que afirman que aún hay camino por recorrer.

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Nueva era ciudadana arrancó un 25 de abril, cuando la población comenzó a exigir justicia contra la corrupción y los abusos. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Nueva era ciudadana arrancó un 25 de abril, cuando la población comenzó a exigir justicia contra la corrupción y los abusos. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Todo comenzó como un evento organizado en Facebook que replicaron amigos y después los amigos de los amigos hasta convertirse en un movimiento social que logró,  el 25 de abril del 2015, la primera de decenas de protestas pacíficas para exigir el fin de la corrupción y la impunidad.

Ese día, los ojos del mundo voltearon a ver a Guatemala, donde cientos de ciudadanos se reunieron en la Plaza de la Constitución sin importar  su género, edad, estatus social o religión, con la esperanza de lograr un mejor país.

“Hasta antes de dos años se señalaba, se escribía y se especulaba sobre las fallas y debilidades y de la profunda insatisfacción que causaba el sistema político, pero eran señalamientos que no se tomaban en serio o se dudaba de ellos, se negaban. A partir del 2015, hemos tenido una radiografía de cómo funcionaba el sistema: la corrupción, la falta de cultura, la ilegalidad, el irrespeto era generalizado”, afirma el sociólogo Edmundo Urrutia.


El profesional asegura que es importante rememorar un movimiento histórico de gran significación para el país. “Celebrar estos dos años es importante, pues sin duda valió la pena”, reitera.

Aquel 25 de abril, una columna interminable de estudiantes salió de la Universidad de San Carlos. No usaban capuchas e instaban a otros ciudadanos a involucrarse.

Durante la caminata por la Avenida Bolívar, familias enteras se organizaban para entregar bolsas con agua pura, mientras las bocinas de automóviles, buses colectivos y camiones apoyaban las consignas.

Estudiantes de universidades privadas se integraron en la 18 calle de la zona 1. La Historia había cambiado ya; se unieron a una sola voz y se dejaron de lado las diferencias.


En la Plaza Central había familias enteras, grupos de religiosas, artistas callejeros. Todos pedían una  cosa: una mejor Guatemala.

Lo que sigue, según Urrutia, es conformar una alianza por la transparencia y contra la corrupción, “una alianza de sectores de diferente orientación ideológica, de derecha e izquierda, que más allá de esas diferencias se una en un esfuerzo para transformar el país”.

Para los participantes también es importante una cosa, entender que la responsabilidad no debe trasladarse a terceros y cada uno debe empujar fuerte.

Con las manifestaciones se evidenció que hacía falta  organización ciudadana.

Una plaza llena no es sinónimo de participación ciudadana activa, se dará cuando la gente crea que la injusticia se comete contra cada uno.” type=”Timeline” transformer=”gsi.gn3quote.SCD_ColumnaRelacionadaNota_2017″ /]