Poco avance y opaco futuro

A 19 años de la firma de los Acuerdos de Paz, dos de los actores de este acontecimiento: Raquel Zelaya, entonces Secretaria de la Paz y el comandante guerrillero Pablo Monsanto, evalúan el cumplimiento de los 12 compromisos.

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La exsecretaria de la Paz Raquel Zelaya y el excombatiente guerrillero Pablo Monsanto, firman el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, el 29 de diciembre de 1996. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL
La exsecretaria de la Paz Raquel Zelaya y el excombatiente guerrillero Pablo Monsanto, firman el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, el 29 de diciembre de 1996. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL

Este martes se celebran los 19 años de la Paz Firme y Duradera, sin embargo algunos temas están pendientes y otros en el olvido, según los entrevistados.

Hay institucionalidad

Raquel Zelaya  integró la Comisión de la Paz en representación del Gobierno y fue la primera secretaria de la Paz de la Presidencia; aunque no está satisfecha por el avance alcanzado en los acuerdos, opina que se debe ver la situación actual desde la perspectiva histórica.

¿Qué análisis   hace después de 19 años de haber firmado los acuerdos de paz?

Aunque no se hable de agenda de paz ni de grado de cumplimiento, la agenda básica de la paz tiene siete términos de largo aliento y no sujetos a cronogramas, sino a procesos. Esos siete temas se encuentran en cualquier plan de gobierno, cualquier foro y cualquier taller de trabajo, y pasa por la seguridad y justicia, el gasto judicial, el pacto fiscal, la reforma política y el desarrollo rural.

Se dice que hay pocos avances en los acuerdos de paz.

Obviamente las dinámicas burocráticas llevan a encasillarnos en cronogramas, que contribuyen a sobredimensionar las expectativas de urgente. Si somos una sociedad excluyente y racista, ¿en cuánto tiempo se cambiará la mentalidad y actuación? Es una generación, por supuesto, que tiene que ver con componentes educativos. Yo diría como siempre que los acuerdos se pueden juzgar desde lo que nos falta y desde dónde venimos. En ese contexto salto a las manifestaciones de este año. ¿Eso hubiera sido posible antes de los acuerdos de paz? Esa libertad de organizarse fue con indignación, pero no fue que se pensara que ya venían las ametralladoras encima, porque había un proceso de democratización mucho más visible ahora.

¿Qué han dejado los acuerdos de paz?

Hay institucionalidad. Por ejemplo, la Superintendencia de Administración Tributaria, la Defensa Pública Penal, el Fondo de Tierras, la Academia de la Policía Nacional Civil son derivados de esa institucionalidad. Que haya gobiernos que lo desvirtuaron, sí, pero se ve que retoman el proceso porque saltarse jerarquías es mal visto, tomar decisiones unilaterales también. El gran déficit como sociedad es la exclusión.

¿Qué obstáculo ha dificultado el desarrollo de la agenda?

Pienso que el no tener una ciudadanía involucrada y comprometida. Por ejemplo, en Colombia toda la ciudadanía se pronuncia, unos a favor  y otros en contra, pero se interesan. En Guatemala, el involucramiento no se logró. Creo que ningún gobierno puede si no tiene la participación ciudadana y apoyo de los medios, pero  eso pasó en este año.

¿Qué es lo más urgente para cumplir con la agenda de paz?

Primero, el tema fiscal, porque va a ser inviable cualquier cosa. No puedo concebir una acción que no pase por eso: la SAT, su reforma; entrarle al tema fiscal. Eso es fundamental para viabilizar. En el tema de pobreza y desnutrición, creo que un desarrollo rural e integral tiene que existir. Se tendrá que priorizar la salud y educación, y lo que no vale dinero, pero es muy difícil, es la reforma política. Con eso que fuera la prioridad creo que los rezagos  se combatirían.

Basta ver la situación

El excomandante guerrillero y actual político Jorge Ismael Soto, más conocido como Pablo Monsanto,  signatario de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera, opina que estos no se han cumplido y vaticina un difícil panorama para la agenda de paz en los próximos años.

¿Se ha cumplido con los acuerdos de paz?

Hemos estado repitiendo año con año que no se cumplieron los acuerdos de paz por ninguno de los gobiernos. Hubo una estrategia desde el principio, que fue fragmentar los acuerdos en compromisos y solo se cumplieron aquellos   que no afectaban los intereses de los poderes fácticos de este país.

¿Por qué dice eso?

Solo basta ver la situación que está viviendo Guatemala ahora. Hay 10 millones de guatemaltecos que viven en pobreza y tres millones y medio en pobreza extrema. Tenemos más de cuatro millones de niños que viven con grados de desnutrición que son solo comparables con algunos países de África. La violencia se ha incrementado de una manera impresionante. Las violaciones a los derechos humanos siguen siendo uno de los datos importantes que se siguen señalando por parte de las instituciones internacionales.

¿Qué opina de las manifestaciones ciudadanas de este año?

Esto que ha pasado,  que por más de 20 semanas algunos manifestaron en contra de la corrupción, lo hicieron porque ya estaban hartos y fueron movidos por las cadenas de radio, televisión y cable. Pero el sistema corrupto en Guatemala no es nuevo. Cuando negociamos la paz, nosotros denunciamos ese tipo de aparatos corruptores que existían, y en aquel tiempo los controlaban de manera absoluta los militares. Y recuerde que la Red Moreno, durante el gobierno de Álvaro Árzu, se buscó y condenó, pero las redes no desaparecieron. Durante el gobierno de Óscar Berger, cuando fui diputado, presenté una denuncia en el MP de una defraudación millonaria a través de la Secretaría de la Esposa del Presidente. Eso siempre ha estado en manos de los mismos que han convertido al Estado en uno de los grandes negocios y que se han enriquecido y han empobrecido a este país.

¿Cómo se estaría si se hubieran cumplido los acuerdos de paz?

Tuviéramos un país verdaderamente democrático. En Guatemala no hay democracia, y está más que comprobado que lo que hay es una fachada y lo que hay es una democracia formal que a lo único que induce al guatemalteco es a depositar su voto. Si se entrevista a la mayoría de personas que votaron por el próximo gobierno, no saben por qué lo hicieron, y fuera del país se preguntan qué pasa y no se explican cómo el próximo presidente es un tipo anodino   que prácticamente salió de la nada.

¿Cuál es el  panorama de la agenda de paz para los próximos años?

Si no se cumple con lo mínimo, como reconocer a la mayoría de pueblos,   acceso al trabajo, a la educación, a la salud, el camino que seguirá es la lucha en las calles, será la batalla para cambiar, no a los gobiernos, sino al sistema.