CATALEJO

Al respecto de la fatal lucha electorera

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El lunes 7 de enero comenzará de manera extraoficial  el año político del país. Si la primera vuelta de las elecciones generales son realizadas el último domingo de junio, se encuentran a 31 semanas o a 217 días de distancia. A causa de las inesperadas e irrepetibles circunstancias actuales del país, las actividades relacionadas con la política y con la politiquería serán la fuente de noticias, informaciones, columnas de opinión y editoriales en una proporción mucho mayor a la de otros comicios, pues se juega lo poco de democracia, aunque sea estilo tropical, logrado en los 34 años pasados desde 1984. Un porcentaje mayoritario de la población ha vivido en un país con gobiernos engendrados electoralmente. Esto, claro, no garantiza su efectividad.

Este domingo tuve una agradable confirmación. El licenciado Mario Guerra Roldán, quien fuera magistrado del Tribunal Supremo Electoral por 29 años, de sereno juicio y ética política sólida, en una entrevista a elPeriódico, expresó criterios sin duda compartidos por quienes nos interesa la conducción correcta de las elecciones. Los resumo brevemente: el TSE ha sido vacilante; le ha faltado presencia y autoridad; los partidos tratarán de anularse entre sí; continuará su actual desobediencia. Los partidos políticos no tienen filosofía ni programas de gobierno; su multiplicidad no implica pluralismo; están integrados por grupos de gente con ambiciones políticas personales; muchas veces saben de su derrota pero participan para salir llenos de dinero.

Cualquier analista sereno ve a este proceso como el marco del retroceso nacional, de hecho, en todos los frentes y en eso es fundamental y notoria la actitud personal del presidente Jimmy Morales y sus compinches. Hay un aspecto fundamental para analizar: el mandatario tiene presentes las características de un delirio de persecución, pues a causa de su manera de ser, y de estar consciente del chiripazo de su llegada, busca apoyo en grupos específicos de la sociedad: militares, políticos desprestigiados, pastores y, en general, personas aún no convencidas totalmente de cómo ha sido de espaldas a la historia y al beneficio del país. Ello explica su decisión de atacar a la Corte de Constitucionalidad y a quienes simplemente no están 150% de acuerdo con él.

A causa de la importancia para el país de temas políticos, sin duda aumentará la cantidad de columnas periodísticas al respecto, incluso entre quienes normalmente no los tocan. Esto se debe a la relación de esta temática con economía, aspectos sociales, ahora incluso religiosos, en la lucha política (o politiquera…) Las secciones de opinión de la prensa guatemalteca son de las mejores de América Latina, por la variedad de criterios de quienes escriben. El beneficio para la población, ayudada a tomar decisiones con más fuentes de análisis, por desgracia no es mayoritario, porque un porcentaje minoritario es el interesado, a causa del desinterés de muchos, de la imposibilidad de comprender los mensajes. Incluso personas con títulos universitarios se quejan del demasiado elevado nivel de lenguaje, según ellos. El simplismo conceptual entonces se reafirma.

La participación de numerosas hordas políticas autodenominadas partidos, lejos de afianzar la democracia, la debilita al causar rechazo de una población ya hastiada de las mentiras y del incumplimiento de promesas acompañado de un ascenso de la corrupción relacionada —y peor aún, justificada— con el ejercicio del poder. Ayer, Prensa Libre publicó un trabajo con los escudos de los 26 pseudopartidos participantes. Es difícil imaginarse una papeleta electoral con tantos dibujitos, así como la tarea de contar los votos, de decir el nombre de todas las agrupaciones y de los aspirantes. Pensando con malicia se puede considerar a toda esta multiplicidad partidaria como una forma de beneficio indirecto a quien aspira a ser presidenta legal luego de haberlo sido de hecho.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.