De Mis Notas

Bloqueados

Alfred Kaltschmittalfredkalt@gmail.com

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bloqueos de carreteras

¿Por qué somos pobres? La pregunta está siempre a flor de tierra, generando debates y añejas disputas ideológicas. La bronca es permanente. Y es que la herida abierta que sale a colación con harta frecuencia y de la cual supuran los gusanos de los choques ideológicos es por la “redistribución de la riqueza”. No extraña que los que la propugnan, la mayoría no han invertido un centavo, pagado una planilla, abierto una empresa y producido un solo empleo.

Pero la realidad no perdona ideologías. Como las leyes naturales, también las leyes económicas son inmutables: hay pobres porque no hay desarrollo y crecimiento económico. No hay crecimiento económico porque no hay inversión. No hay inversión porque ¿Quién quiere invertir en un país en el cual cuatro o cinco facinerosos pueden bloquear las rutas más importantes de comunicación durante días enteros sin ninguna consecuencia, y siguen anunciando más bloqueos, como si estos pudiesen corregir los problemas nacionales con pancartas y cuatro piedras en las carreteras? Bloqueos y más bloqueos en todos lados por sindicalistas unidos a organizaciones contestatarias intransigentes del FLN, con mentalidades tan estrechas, tan retrógradas y radicales como para atreverse a proponer y demandar que se “privatice la energía eléctrica…”. O que “tenemos derecho a conectarnos a la red eléctrica y no pagar”. (El robo que sus organizaciones filiales Casa-Codeca vienen haciendo, vendiendo la conexión pirata a Q50 mensuales a más de 200 mil usuarios clandestinos, asciende a Q120 millones al año). O que la propiedad privada se puede invadir porque “tenemos derecho a una vida digna”.

Y si no es el FLN, es la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC). “Para demandar que el Estado responda a los intereses de las necesidades de la población indígena y campesina, bloquearemos 27 puntos del país”. Dijeron. Eso fue el 11 de mayo. Desde entonces ha habido dos o tres bloqueos por mes. Y todavía Francisco Sandoval, integrante del Comité de Desarrollo Campesino (Codeca), se atreve a decir: “Esto puede causar inconvenientes, pero el razonamiento es entender que los ricos de este país sí pueden bloquear ríos y nadie le dice nada”. (Por cierto, la mayoría de los principales casos de desvíos de ríos ya están controlados por las autoridades).

Luego viene el paro magisterial con Jodiel a la cabeza. Un sindicalista sin norte moral y una historia de clientelismo político con cada gobierno de turno. Su estrategia es digna de la academia politiquera: “Dame pisto y no fastidio”. ¿Se puede llegar a algún diálogo razonable con alguien de semejante calibre populista politiquero?

Los líderes sindicales de Guatemala se han salido del guacal ético al formar parte de la corrupción. Son los responsables del fallo sistémico de los servicios públicos, ahora prácticamente colapsados. Las palabras claves de su ruina son: depredación de recursos, despilfarro, pactos colectivos leoninos, ineficiencia, robos, extorsión y amenaza.

No faltan las voces defendiendo “el derecho del pueblo a la legítima resistencia”. No es legítima cuando se le coarta el derecho constitucional de la libre locomoción a un país entero. ¿Cuántas son las pérdidas horas/hombre por la de la suma total de los paros? Cientos de millones de quetzales. Embarques perdidos. Contratos lacerados. Obreros sin poder ganarse el sustento. Caos vehicular. Tensión social. Indignación y rabia generalizada.

El sindicalismo está desacreditado en Guatemala. No tiene sustento moral. No defiende derechos de sus afiliados. Son amorfos, incoloros, indefinidos. Bailan al son que les toquen las prebendas de sus líderes. Y es una lástima porque los obreros merecen una representatividad genuina, transparente y efectiva. Ningún guatemalteco está en contra de la intermediación laboral legítima.

El Gobierno no puede escudarse en una posición “políticamente correcta” y dejar que esta ingobernabilidad continúe.

Si seguimos así, habrá más pobres, y por supuesto, menos distribución de la riqueza.

alfredkalt@gmail.com