Desde Ginebra

China, cuarenta años de reforma y apertura

China pasó en solo 40 años de ser un país pobre y rural a una superpotencia mundial, convirtiéndose en la segunda economía mundial, y de continuar con este paso, pronto podría superar a los Estados Unidos como primera potencia. Este crecimiento ha permitido sacar a 740 millones de personas de la pobreza, según cifras oficiales.

El programa llamado “Reforma y Apertura”, bajo la idea de un socialismo de características chinas, se le atribuye el éxito y fue impulsado por el líder Deng Xiaoping, que gobernó China desde fines de los años 70 hasta 1997. El programa abandonó muchas doctrinas comunistas e incorporó elementos del sistema de libre empresa en la economía. El viceprimer ministro Liu He, uno de los consejeros más cercanos al presidente Xi Jinping, pasó de ser campesino a diseñar la política económica de China. La reforma apartó a China del comunismo de Mao Zedong, originando una ruptura de las cadenas del pasado, dicho esto por Xi Jinping, séptimo y actual presidente de la República Popular de China en marzo 2013.

 

El cambio comenzó en 1978, cuando China era un país pobre. El programa fue ratificado el 18 de diciembre de 1978 por parte del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), y en él se basó la modernización económica como principal prioridad.

Entre los antecedentes del fundador de la República Popular China, Mao Zedong, quien falleció en 1976, según medios de prensa, dejó proyectos que buscaban transformar la economía agraria del país, provocando una hambruna por la que murieron al menos 10 millones de personas. Así como la Revolución Cultural (1966-1976), la campaña de Mao contra los partidarios del capitalismo, que dejó también varios millones de fallecidos y paralizó la economía.

Fue en esa situación de pobreza y hambre cuando Deng Xiaoping, entonces secretario general del gobernante Partido Comunista de China, propuso un cambio. Apostando por evolucionar hacia una economía en la que el mercado tuviera un protagonismo creciente, se adoptó una política que logró darle un impulso sin precedentes al gigante asiático.

En el sector agrícola, por ejemplo, abandonó progresivamente el sistema maoísta de economía rural planificada, lo que permitió incrementar la productividad y sacar a varias zonas del país de la pobreza, fomentando la migración de mano de obra hacia las ciudades. También se aflojaron “las cadenas” del sector privado y, por primera vez desde la creación de la República Popular en 1949, el país se abrió a la inversión extranjera.

Tras 15 años de difíciles negociaciones, en 2001 China logra ingresar formalmente a la Organización Mundial del Comercio (OMC), aceptando una serie de compromisos importantes en áreas de los aranceles, la agricultura y el comercio de servicios, con la aplicación del trato nacional para todas la empresas extranjeras, permitiendo que las compañías comerciales foráneas administraran sus negocios en China por cuenta propia, con una mayor flexibilidad a los negocios de empresas extranjeras en China, lo que facilitó la globalización, que fomentó su progreso económico.

Sin embargo, más recientemente se han incrementado las tensiones comerciales entre los EE. UU. y China, intensificando el debate sobre si China cumple con los compromisos de la OMC, así como la cuestión de cuáles son los efectos positivos y negativos y cuáles son las ventajas y desventajas de China para continuar con las prioridades económicas de la eliminación de la pobreza, frenar los riesgos financieros y el combate de la contaminación ambiental.