Tiempo y destino

Cinco letras escándalo de día, poema de noche

Luis Morales Chúa

El empeño por silenciar o destituir al Procurador de los Derechos Humanos ha querido encontrar una nueva fuente de energía en la manifestación pública del Día  Internacional de la Mujer,  que recorrió partes del centro de la ciudad capital la semana pasada.

No es la marcha en sí, sino su nombre: “Procesión de la santa vulva”, haber pasado frente a la catedral metropolitana, y porque algunas de las participantes pintaron frases en las paredes exteriores del templo, lo que molesta a quienes la critican, bajo el argumento de que constituyó una ofensa “al pueblo católico”.

La pintura de la vulva me parece innecesaria por cuanto el idioma español es tan rico en su inmensa cantidad de expresiones que no es bueno usar pinturas como la de la “procesión” cuando se pueden utilizar otras formas para manifestar pensamientos, actitudes, o posiciones políticas. Pero en Guatemala, las manifestaciones, sean de cualquier color o credo; políticas o hermosamente cívicas como las de 2015, y hasta la Huelga de Dolores, siempre pasan frente a la catedral; y ese anual desfile bufo, tradicionalmente irreverente, es aplaudido por miles de personas, sin distinción de creencias religiosas o vocaciones políticas; y hay diputados que presencian ese desfile y algunos de ellos participaron en él cuando eran estudiantes universitarios.

Pero, ahora, como en una de las fotografías aparece el Procurador de los Derechos Humanos, pues, hay que destituirlo. No por la palabra de las cinco letras —que son un escándalo usadas públicamente de día y son un poema de ternura en los escarceos amorosos de la noche. Y si no es así los diputados indignados deberían promover que la palabrita sea borrada de los diccionarios y de los tratados de anatomía.

Y hay otras consideraciones obligadas. La primera es determinar si los pocos diputados indignados son católicos, muy buenos católicos, perfectamente católicos apostólicos y romanos, porque de los que están en el poder, unos son religiosos no católicos, otros profesan creencias distintas y, por lo tanto, aquellos no pueden arrogarse la representación de estos y ni siquiera la de un grupo de católicos.

Véase esto: un campo pagado de alto coste, publicado ayer en varios medios de comunicación social solo tiene los nombres de dos distinguidas personas; y los diputados que promueven la destitución de Jordán Rodas eran, hasta ayer, unos pocos en relación al quórum del pleno. Son, eso sí, integrantes del sector político que tiene la sartén por el mango y que, sin duda, sobrevivirá algunos años más.

De manera que no se trata de un juicio moral contra el Procurador de lo Derechos Humanos, sino de una intención política, partidista porque, entre otras cosas, utilizando el amparo, Jordán Rodas evitó que el jefe de la Cicig, Iván Velásquez, fuera echado del país, como castigo porque está hurgando hondo en la podredumbre de la política nacional y en las instituciones públicas y ha encontrado toneladas de carroña.

Y no es un juicio moral, repito, porque los señores representantes han tolerado, sin indignarse para nada, que uno de ellos hiciera el amor —a su novia, o pareja— en el interior de su automóvil, aparcado en las instalaciones del Congreso de la República, y a la vista del personal que oficialmente cuida los automóviles de los diputados.

En fin, creo que hay muchos legisladores que no se atragantarán con el camelo de la interpelación al magistrado de conciencia y no apoyarán al malabarismo de la destitución, porque entraña un procedimiento ilegal.