Florescencia

Al pequeño empresario

El alma de la economía guatemalteca son las micro, pequeñas y medianas empresas, formales o informales: los puestos en los mercados, la tienda, la panadería de la esquina o las boutiques que se abren paso en centros comerciales. Los negocios en crecimiento, con dos, cinco, 10, 25 y hasta 50 empleados. Las que fueron creadas por alguien que buscaba llevar el pan diario a su familia.

Durante la pandemia, estos negocios son los que más están sufriendo, y quienes los dirigen son los que más la están pasando mal. Pero estos pequeños empresarios son quienes tienen más oportunidades de crecer. No es que las empresas grandes no sufran. No quebrarán porque han sobrevivido a otras crisis, tienen reservas de capital o inventario, o porque sus inversionistas tienen alto poder económico.

En estos días he sabido de muchos pequeños empresarios que han tenido que dejar ir a su personal o cerrado sus negocios. He visto a amigos llorar y en un estado emocional que nunca imaginé. He sido testigo de su impotencia y el sentimiento de “no ser capaces de hacer algo” por preservar el trabajo a su gente. La mayoría de estos emprendedores usan sus propios recursos para navegar esta contingencia. ¡Son héroes!

El coronavirus covid-19 es un desafío para el sistema de salud, la convivencia social y para la economía. Las empresas en Guatemala son un 90% micros y pequeñas y generan el 85% de empleos. Por lo regular, son proyectos propios y, por lo mismo, la dinámica entre dueños y colaboradores son personales.

Es un panorama difícil, pero estoy seguro de que, en medio de esta crisis, el pequeño empresario tiene la oportunidad única de aprender para resurgir. Son la fuerza que conducirá la recuperación económica del país. Si eres uno de los que lo está pasando mal, recuerda que no es porque seas mal líder, es una situación mundial —fuera de tu control—. Si hoy cierras tu empresa, el solo hecho de haberla creado es prueba de tu capacidad de asumir retos, y esa lección ni esta crisis te la puede quitar.

Hablo desde mi propia experiencia. En 16 años de la fundación de XumaK hemos pasado varias crisis. Personalmente me ha tocado decirles a muchas personas que no podía seguir pagándoles y debía dejarlas ir de la empresa. Esto era aún más difícil y personal cuando el grupo era de dos, tres, cinco o 10 empleados. ¡Nunca es fácil!

Con XumaK recuerdo dos momentos críticos: la crisis financiera mundial de 2008 y la que tuvimos como empresa en el 2016 y que duró hasta 2018. Dejé ir a más de la mitad de mi equipo, mientras que otros renunciaron. Pasar por estas crisis nunca es fácil. Por eso, cuando no sabía qué hacer, busqué fortaleza y guía. Soy hombre de fe y siempre recurro a Dios. Recuerdo claramente el consejo de un amigo jesuita que en medio de la adversidad me dio paz: “Marcos, recuerda que todas las personas son hijos de Dios, como tú. Él cuidará a cada uno para sacarlos adelante” —y así fue.

Hay muchas formas de ver las crisis. Yo sugiero que te esfuerces a tomar esta crisis como un aprendizaje para fortalecerte. No hay empresas exitosas que se bañen de éxito desde su comienzo. El éxito de un negocio se forja con sudor, lágrimas, desvelos, crisis; altibajos, mucha fe y visión.

Pequeño empresario, si hoy ya no puedes pagar más a tus trabajadores y tienes que cerrar, cuando pase esta crisis volverás a empezar, abrirás otro negocio y le darás trabajo al doble de personas. No te pierdas en las ansias, la tristeza y el dolor. Toma aire, para luego emprender la carrera y así alcanzar una mayor distancia. Tu empatía será recompensada con apoyo de tu gente que querrá hacer carrera contigo y no tener simplemente un trabajo.