Florescencia

¡Bienvenidos a casa!

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Hace unos días, unos amigos muy cercanos nos contaron que pronto se mudarían a Israel. Se acogerían a la Ley del Retorno que data de 1950 y que dicta que todo judío, hijo o cónyuge de una persona judía y sus familiares tienen pleno derecho a inmigrar y obtener la ciudadanía israelí. Me parece una ley muy humana y que alienta a sus ciudadanos a regresar a casa.

Lo que más me impresionó de mis amigos es el hecho de que, una vez demostradas sus raíces judías, aunque no hayan nacido en Israel se les concedería la ciudadanía al nada más llegar, ¡en el aeropuerto! Pero, además, si lo necesitan, en ese mismo momento reciben un subsidio de subsistencia por hasta un año. Tendrán acceso a un seguro de salud y asistencia médica que les permitirá atender a la mamá de nuestra amiga que padece cáncer. Adicional, recibirán apoyo para costear el aprendizaje del idioma hebreo, entre otros.

Esto me hace pensar en los miles de guatemaltecos que a lo largo de décadas han tenido que migrar a EE. UU. en busca de oportunidades, refugio o reunificación familiar. Hoy, Guatemala no les facilita a sus hijos nacidos en el extranjero reencontrarse con sus raíces. También pienso en amigos emprendedores cuyos cónyuges, por no tener ciudadanía guatemalteca, desde hace poco tengan que renovar su residencia ¡cada año!, sin importar cuánto llevan viviendo en el país o que sus parejas sean nacionales, tengan inversiones y generen empleos. Estas acciones contradictorias al ‘deseo de atraer inversiones’ han provocado que algunos inversionistas se hayan ido a países como Costa Rica o El Salvador.

Cuando con Yana tramitamos la nacionalidad y pasaporte guatemalteco de nuestra hija Yanushka Lucía, vimos el complejo proceso burocrático que ello conlleva. Tuvimos la suerte de trabajar con el cónsul en Miami, cuyas oficinas quedan a una cuadra de la oficina de XumaK —nos encaminó pacientemente por ese proceso. Otros funcionarios no siempre tienen ese don de servicio.

Deberíamos aprender de Israel a no solo abrir sus puertas para que sus ciudadanos regresen, sino a brindarles facilidades para su adaptación y un nuevo comienzo. Con una visión innovadora y un liderazgo que priorice a las personas, Guatemala podría ir más allá. Aprovechar la legislación migratoria para facilitar y dar certeza a las inversiones extranjeras, ¡ser un paraíso para invertir!

Hoy, EE. UU. permite a los extranjeros que han invertido o tienen planes de invertir US$1 millón (o US$500 mil en áreas de empleo específicas) y generar al menos 10 empleos, convertirse en residentes permanentes (Tarjeta Verde). Este beneficio también puede extenderse a sus cónyuges e hijos menores de 21 años. Costa Rica brinda facilidades de residencia a extranjeros que inviertan como mínimo US$200 mil o que sean personas retiradas que reciban una pensión mínima de US$1,000 en su país de origen o bien rentas de al menos US$2,500. Y El Salvador aprobó en 2019 la nueva Ley Especial de Migración y Extranjería que facilita la residencia temporal a foráneos que desean residir en el país en su calidad de inversionistas.

Guatemala no necesita nuevas leyes para lograr lo que otros países están haciendo. Las leyes guatemaltecas le otorgan al presidente y al ministro de Relaciones Exteriores la potestad de conceder ciudadanía a hijos de guatemaltecos nacidos en el extranjero, así como otorgar residencia y otros estatus migratorios a inversionistas.

Lo que Guatemala necesita son líderes al frente del aparato estatal capaces de hacer que el engranaje funcione con agilidad y eficiencia, para que, quien quiera venir a residir, reencontrarse con su patria o invertir, sienta el ¡bienvenido a casa!