La buena noticia

Carta al Pueblo de Dios en Jutiapa

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

El obispo Antonio Calderón Cruz y los presbíteros de Jutiapa se dirigen a sus hermanos, con quienes van haciendo camino en las parroquias, para desearles que “la gracia del Señor Jesucristo esté con el espíritu de cada uno” (Filemón, 25). La carta se da a conocer al finalizar los ejercicios espirituales para conocer más de Jesús, para amarlo, seguirle y anunciarlo con alegría desde esta empobrecida Guatemala.

Vivieron el retiro en medio de la alegría que provocó el papa Francisco al nombrar cardenal a Mons. Álvaro Ramazzini, obispo de Huehuetenango. Se congratulan con los pueblos presentes en ese departamento, el presbiterio y la Iglesia en Guatemala. Mons. Álvaro “es un pastor que ha asumido las causas legítimas de los pobres, los migrantes y de la Madre Tierra; un profeta que anuncia el evangelio y abre caminos a la justicia y la paz en nuestros pueblos”.

El gesto del Papa es interpretado como “un apremiante llamado a ser una Iglesia pobre y con los pobres, profética y en salida misionera, cuyo ícono es “san Romero de América”. Es el modelo de Iglesia que se comprometen a impulsar y quieren relanzar desde ya bajo la consigna “bautizados y enviados”. Además, ven en esta decisión “la expresión de un inmenso amor a nuestra patria, cuyo Estado continúa cooptado por la dinámica de la corrupción y redes criminales”.

Por eso agradecen el esfuerzo de la Cicig, “cuyo mandato no quiso renovar el presidente, perdiéndose una gran oportunidad para fortalecer nuestra democracia y luchar por la justicia”. Al mismo tiempo reconocen “que ninguna obra humana es perfecta, siempre hay limitaciones, errores, y hasta delitos, pues la cizaña crece junto al trigo”, pero su legado ha sido grande.

Recuerdan que en su último mensaje con motivo de las elecciones generales invitaron a participar ejerciendo un voto libre, consciente y bien informado. Ahora que ya concluyó dicho proceso y se conocen las autoridades electas, “agradecen a Dios por la participación de los electores con el afán de consolidar nuestra democracia”, y llaman a “ejercer una ciudadanía activa y vigilante ante quienes ejercen el poder para afrontar juntos y eficientemente los graves problemas sociales que aquejan al país: la corrupción y el empobrecimiento, la impunidad y la injusticia, la violencia y el narcotráfico, el desempleo y la migración”. Esperan de las nuevas autoridades “la implementación de políticas para el desarrollo integral de los campesinos y de los pueblos xinkas a quienes afecta directamente la ausencia del Estado, la sequía y el calentamiento del planeta”.

Frente a esa realidad social manifiestan su firme compromiso de estar cerca de la gente, “de modo que no los vean lejanos ni indiferentes a las situaciones que más les ocupan, interesan y necesitan. Reconocen que a veces por sus preocupaciones clericales, exigencias doctrinales o percepciones personales pasan de largo, ante las circunstancias tan duras en las que viven cotidianamente”. Valoran el servicio pastoral que muchos laicos ofrecen con generosidad y amor en las parroquias.

Al concluir su retiro anual, “donde una vez más el Señor les ha mostrado su amor y su lealtad” (Salmo 98,3), vuelven a sus comunidades parroquiales con el ánimo de seguir caminando con sus feligreses en “esta encrucijada que vive Guatemala por la defensa de su democracia y la amenaza de las “redes político-económicas ilícitas” que intentan reagruparse para mantener el régimen de impunidad y corrupción.

Salen empujados por el dinamismo del espíritu de Jesús y más convencidos que, al lado de las comunidades, toda la vida es misión. Concluyen reafirmando su compromiso por ser fieles a Jesús y a su Evangelio, que desean vivir a plenitud en comunión con sus feligreses.