Por la libertad

Chile: Se ganó una batalla, pero no la guerra

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El contundente rechazo del pueblo chileno en el Plebiscito a la nueva Constitución en Chile, el pasado domingo 4 de septiembre, es una victoria parcial en este proceso largo del cambio a las reglas del juego que regirán ese país en el futuro. Es verdad que el rechazo fue abrumador, pues las 16 regiones que conforman el país votaron contra la nueva Constitución. Pero esto no significa que ya se terminó todo. Se ganó una batalla, pero no la guerra. El presidente Boric ha indicado que seguirán haciendo cambios a la Constitución hasta que se apruebe algo que satisfaga a todos los chilenos.

El problema con la Constitución rechazada es que eliminaba muchas de las bases que permiten que una sociedad pueda ser próspera, elevando así el nivel de vida de todos sus habitantes. La vida, la propiedad y la libertad estaban debilitados, cuando son los pilares sobre los cuales cualquier sociedad debería basarse. Si los ciudadanos no tienen seguridad de que sus pertenencias serán protegidas al igual que su vida y su libertad, entonces no hay nada que hacer. El proceso continúa, pues en Chile los comunistas y socialistas radicales insisten en hacerle cambios a una constitución que para ellos carece de algunos elementos sociales importantes que son muy polémicos en cualquier país, como lo son el aborto, la participación de mujeres, indígenas y personas de cualquier género en cualquier proceso. Sin embargo, la forma en que lo están proponiendo implica una coerción sobre los demás. No se puede, por ejemplo, obligar a que, por ley, cierto porcentaje del Congreso o directivas deban ser mujeres. En el Congreso deben entrar quienes gustan de política y son electos por sus votantes. A una directiva de una empresa deben entrar personas por su capacidad, y no por su sexo, raza o religión. En cuanto al aborto, el tema es muy polémico, pero la defensa de la vida es uno de los principios fundamentales para que una sociedad prospere; sin embargo, hay situaciones extremas en las que no es tan fácil para cualquier persona decidir sobre la vida, como cuando la madre está en peligro de muerte, violaciones, etc.

El pueblo chileno, al igual que el resto de los países latinoamericanos, deberán ser vigilantes y entender bien que la Constitución que tienen es muy buena en muchos aspectos que no deberían cambiarse, sobre todo en la defensa de la vida, la propiedad y la libertad. Se vienen épocas difíciles, y los chilenos que estén interesados en vivir en un país próspero y civilizado no deben ignorar los movimientos políticos que se vienen sobre un nuevo plebiscito.

Ahora más que nunca cabe recordar la frase de Thomas Jefferson: “El precio de la Libertad es la eterna vigilancia”. No hay que dormirse en sus laureles. La lucha por la libertad no tiene tregua. No hay que destruir algo que está funcionando para agregar algo nuevo. Algún cambio mejor se podrá hacer, pero no a base de eliminar los principios que hicieron que Chile fuera el ejemplo de desarrollo para toda Latinoamérica. Tal vez pasa que los chilenos se creyeron que ya lo tenían todo hecho, que nada podía cambiar esa tendencia. Sin embargo, la izquierda radical nunca descansa, buscan el poder como sea, a base de destruir los principios fundamentales que permite a una sociedad ser más libre y próspera.

No olvidemos que la victoria del “rechazo” implica que el cambio constitucional sigue en pie. No se puede volver a la constitución de 1980. Hay que trabajar en una nueva constitución que permita que todo aquello que hizo grande a Chile se mantenga. Quienes aman la libertad deben trabajar más arduamente que nunca.