Liberal sin neo

¿Conspiración o error?

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

Ante la más reciente metida de pata del Tribunal Supremo Electoral (TSE), surge la pregunta de si esta obedece a alguna conspiración o es simplemente un error humano. ¿El TSE tiene la intención y estrategia de encausar el proceso electoral en una determinada dirección o resultado, o su exceso de “vigilancia” le lleva a cometer grandes torpezas? ¿El acuerdo 99-2019 tiene propósitos oscuros para manipular los resultados electorales o constituye una equivocación inadvertida? Sea cual fuere la intención de este acuerdo, ha despertado, con razón, fuerte oposición. En mi opinión, no hay conspiración, sino un exceso de reglamentación derivado de la falta de humildad sobre las limitaciones de su propia capacidad para imponer “lo justo”, aunado a una profunda desconfianza de la capacidad de las personas para interpretar lo que ve y escucha y tomar sus propias decisiones. Es arrogancia paternalista.

El actual TSE ha venido dando muestras de un exceso de ingeniería autoritaria en la reglamentación del evento electoral que se llevará a cabo en junio. El pasado 5 de marzo, los magistrados del TSE emitieron el acuerdo 99-2019 para reglamentar la organización de debates, entrevistas y foros públicos entre candidatos durante el próximo proceso electoral. Los medios de comunicación quedan obligados a presentar su actividad programada anticipadamente a la Unidad Especializada sobre Medios de Comunicación y Estudios de Opinión del TSE, para que esta apruebe la programación, mecánica de debates, entrevistas y foros. Las disposiciones parecen sacadas de un manual de autoritarismo, propio de regímenes despóticos e intolerantes. El reglamento también establece que en los foros y debates los candidatos “deben” centrarse en sus programas, prácticamente imponiendo una mordaza a lo que pueden o no decir. Faltó especificar que los candidatos no pueden lucir vestimentas con colores encendidos o usar peinados provocativos que llamen la atención de manera desproporcionada, no vaya a ser que uno de ellos destaque y viole algún imaginario principio de igualdad. En vista de que quienes lideran en las encuestas son mujeres, podría reglamentar el escote o el ruedo de faldas.

Daría demasiada tristeza pensar que el reglamento del TSE tiene por objeto favorecer a algún candidato y dañar las posibilidades de otros. Hay que suponer que las disposiciones del TSE vienen cargadas de buenas intenciones, que como es bien sabido, es el material del cual está empedrado el camino al infierno. Con la intención de garantizar comicios justos, limpios y transparentes, han caído en un exceso de imaginación reglamentaria que viola principios elementales del ejercicio democrático. El poder de legislar y reglamentar puede construir o destruir y las intenciones no vienen al caso, lo que trasciende son las consecuencias, intencionadas o no intencionadas.

El error, la estupidez e ignorancia, la falta de decoro, honorabilidad y decencia, la mayor capacidad o atractivo de algunos, no desaparecen con prohibirlo. El debate político es animado, enérgico, ruidoso, demagógico y hasta vulgar. El TSE simplemente sobreestima su capacidad y conocimiento para eliminar estos factores y al tratar de hacerlo, cierra el espacio para la discusión y el debate. Entre más trata de controlar el ejercicio, es menos libre y democrático. En lugar de abrir caminos, los cierra. La humildad consiste en entender que la verdad no es patrimonio exclusivo de los buenos y sabios y que las personas tienen capacidad de discernir y tomar sus propias decisiones, sin ser tutelados por excesos reglamentarios.