Catalejo

Continúa la peor colección de abusos

Mario Antonio Sandoval

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En esta semana quedó comprobada, una vez más, la inmensidad de la tragedia nacional del actual gobierno, así como del Congreso y el sistema de justicia. La consigna es quedar en ridículo, emplear a fondo el peor de los descaros y el desprestigio nacional. Todavía faltan larguísimos 109 días para el cambio de gobierno y el ingreso al pasado, aunque reciente, de un grupo de delincuentes de todas clases, decididos al pillaje total de los recursos de la nación y ciegos por voluntad o por estulticia de la realidad del país, a consecuencia de la clase de personas llegadas a los puestos públicos. La consigna es robar, burlarse de la ley, de los ciudadanos, olvidando algo: es imposible ocultar la realidad gracias a los medios informativos no mercenarios.

En total, 82 diputados, entre ellos los integrantes del pacto de corruptos, todos notorios por sus marrullerías, su papel de simples levantamanos para acatar las órdenes de los peores representantes de la sociedad nacional en muchas de sus divisiones, corren para crear nuevas leyes, burlarse de otras o simplemente no obedecerlas. Hace dos días decidieron crear la “Comisión Anticicig”, entidad ya pasada a la Historia y por supuesto con muchos gruesos errores, pero sin duda con acciones positivas sobre todo en la lucha contra la corrupción, base del angustiante subdesarrollo de Guatemala. Ahora, el Estado pagará deudas privadas. Irónicamente, los contrarios a esta entidad, pero decentes, por eso mismo reaccionan contra quienes batallan para borrar todo lo logrado.

La publicación en redes sociales de las caras de los “dipucacos” demuestra a un grupo de desconocidos, y el resto son notorios por su corrupción total. La publicación de los miles de quetzales gastados en almuerzos de lujo con numerosos compinches, acentúa la indignación total. Los diputados no participantes se ausentaron para salirse del listado y quedar bien ante la Historia, y de ellos unos sí estaban de acuerdo con darle otro ataque a la Cicig, contraproducente por haber sido preparado por delincuentes legales, económicos y/o políticos. Así como recibir un halago de gentuza es en realidad un desprestigio, recibir un ataque de ellos resulta ser un halago, casi un premio.

El pintoresco Jimmy Morales fue a la ONU para continuar su diatriba contra el secretario general y la Cicig. Eso no sorprende a nadie. Pero ahora el ridículo se multiplicó porque acarreó con 21 funcionarios, (ministros, secretarias privadas), con el fin de aplaudir las palabras de su jefe, pues como siempre ocurre cuando hablan los presidentes guatemaltecos, la sala de la ONU estaba vacía un 90% o más. Eso sí, el dinero de los boletos (Q60,150) lo pagarán los ministerios, pero aún no se sabe el costo total. Es el aplauso más caro de la historia de Guatemala, porque se debe agregar lo gastado en comida, tragos, y talvez otros de diversa índole, algunos causantes de mayor vergüenza en términos de moralidad, porque una semana en la Gran Manzana cuesta plata.

Para verdades, el tiempo, dice un viejo refrán. Pasará, inexorablemente y toda esta serie de irresponsables, sin duda, tendrán dificultades de responderles a sus hijos y a sus nietos la simple pregunta “¿Por qué hiciste esto?, o “¿Es cierto? Porque me lo repiten muchos y no sé qué decir”. Mirarán con ojos tristes, si son niños y aún tengan a los culpables como seres admirables a quienes aman con toda su alma. Será tarde. Se sabrá todo, como siempre se sabe alguna vez, y verán las actuales publicaciones de prensa como paredones inexpugnables. Eso de “la vergüenza pasa, pero el pisto queda en casa”, no es cierto en la primera parte. Sus nombres serán olvidados, pero sus familias quedarán condenadas a una vergüenza de cadena perpetua histórica, aunque sean inocentes.