Hagamos la diferencia

¿Cuántos somos los guatemaltecos?

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

Los datos del XII Censo Nacional de Población y VII de vivienda -2018 han generado dudas. Diversos sectores se han manifestado, algunos criticándolo, otros defendiéndolo y otros dudando. Creo que para un país es importante tener datos, y aunque no sean los más exactos, son útiles para poder planificar. Como país se han cometido errores en el manejo de la información y lo que está ocurriendo con estos datos son un reflejo de ello. En el 2002 se hizo un censo en forma precipitada, desordenada e ineficiente. El objetivo era aumentar el número de diputados en el Congreso y la probabilidad de que se haya manipulado es bastante alta. El efecto de ese censo puede ser significativo. Luego pasaron 16 años para que se efectuara el del 2018, un lapso de tiempo muy prolongando para las cambiantes condiciones mundiales, pues lo recomendable es que se haga cada 10 años. Este censo se diseñó bajo criterios tradicionales no ajustados a la realidad nacional. La capacitación de los encuestadores fue deficiente y la fidelidad de muchos de ellos cuestionable. El país está inmerso en un ambiente de inseguridad exacerbado. Existe psicosis de la población en todo sentido y ello se refleja en el atrincheramiento de la población en colonias cerradas. La desconfianza para proporcionar información es alta, por lo que estoy seguro de que muchos habitantes optaron por no darla o la dieron inexacta. La idea de que el propio encuestado pudiera llenar los formularios debió analizarse mejor y debió tener algún tipo de control cruzado. Luego se manifestó la “pereza y desidia del encuestador”, fueron muchas las casas a las que no pasaron y luego aparecieron con el distintivo de que ya habían sido censadas.

La presentación de la información del censo se tardó casi un año. Luego se convirtió en un show mediático, característico de nuestro actual presidente. Un informe técnico se transformó en un informe político, se expusieron figuras públicas que en nada han contribuido al proceso. El INE, después de la avalancha de críticas, expresó que no son los datos correctos, que presentarán en diciembre los datos de un “censo conciliado”. Ese fue un proceso que debió hacerse antes de presentar resultados. Parecerá que es un chapuz coloquialmente hablando.

Lo cierto es que tenemos ahora distintas estadísticas: a) Las del Censo 2018: 14.9 millones b) las proyecciones del INE 17 millones c) las del Renap 19.6 millones. Las diferencias son sustanciales y si a eso agregamos informaciones de entidades estatales y autónomas, como sistemas de salud, municipalidades, PNC, Ministerio Gobernación, Educación etc., las diferencias serán mayúsculas. Citaré un ejemplo analizado in situ en occidente: el licenciado Edwin Cardona Ambrosio expresa en Facebook: “¡Salvajada Estadística! El Censo 2018. Mentira descarada del INE. El trabajo desarrollado por el INE resultó una muestra aproximadamente del 66% de la población. Tomando como ejemplo el departamento y municipio de Huehuetenango, de acuerdo con observaciones, cálculos y proyecciones nuestras, en Finer Tech, la población real del departamento se ubica en 1 millón 750 mil habitantes, mientras el INE publica 1 millón 170 mil habitantes. La población real del municipio es aproximadamente 170 mil habitantes y el INE publica 117 mil habitantes. Los datos si muestran una correlación en cuanto a proporciones, pero alejado de los valores reales de población”. Esa es una información con datos propios de Finer Tech.

Para contribuir en esclarecer causas, agradeceré a mis lectores responder el cuestionario que se encuentra en el siguiente link:https://forms.gle/RDmahT2PF2qthpM49, una iniciativa personal que podrá servir al INE para los ajustes que están realizando, pero, sobre todo, para dar sugerencias para el próximo censo, que “urge ya” bajo criterios técnicos bien definidos, pues la incertidumbre sigue: ¿Cuántos somos en realidad los guatemaltecos?