Ideas

De Oxford y Cambridge a Moscú

Jorge Jacobs Fb/jjliber

La carrera contra el covid-19 ahora depende principalmente de qué tan rápido se logra vacunar a un porcentaje suficiente de personas para reducir los contagios y la severidad de los síntomas. En Guatemala, el proceso va lento y los dos factores claves, tener las vacunas y administrarlas, penden de un hilo, principalmente porque todo está centralizado en el Ministerio de Salud. ¿Se podrían hacer las cosas de otra manera?

Según los datos del Ministerio, en los 42 días —hasta el miércoles— desde que inició la vacunación se han aplicado 127,945 dosis, para un promedio de 3,046 diarias. Para que los 11.3 millones de guatemaltecos mayores de edad recibieran por lo menos la primera dosis de la vacuna antes de que termine el año, se requeriría que desde hoy se vacunara a poco más de 42 mil personas diariamente. Ello implica que se debería multiplicar por 14 veces la cantidad de dosis administradas actualmente. Y para las dos dosis, pues hay que duplicar velocidad; es decir, tendrían que ser por lo menos 84 mil vacunados diarios.

Aquí se regresa al primer punto de que, para poder vacunar a todas esas personas, se deben tener las vacunas, lo que hasta la semana pasada era bastante incierto, pero el lunes se anunció que se negociaron 16 millones de dosis de la vacuna Sputnik V rusa, que alcanzaría para vacunar a la mayoría de los mayores de edad. Si los envíos del fármaco se hacen de manera regular, el abastecimiento no debiera ser un problema serio.

Hasta el momento la gran mayoría de las vacunas administradas en el país eran de la versión de Oxford/AstraZeneca, pero a partir de ahora serán las del Instituto Gamaleya, de Moscú. Aunque desde el principio ha estado rodeada de controversia —especialmente por la forma como Putin la aprobó, de un dedazo—, según el estudio publicado en The Lancet, tiene una efectividad del 91.6 por ciento para prevenir la infección. Esto se compara con el 70 por ciento de efectividad de la de AstraZeneca y el casi cien por ciento para la de Pfizer/BioNTech.

La Sputnik V se basa en el virus del resfriado común, utilizando dos vectores de adenovirus diferentes, lo que los científicos creen que es la razón por la cual Sputnik obtuvo mejores resultados en eficacia que la vacuna Oxford/AstraZeneca, que solo usa un adenovirus.

Pero las controversias siguen. Apenas ayer el gobierno de Eslovaquia se quejó de que les dieron “gato por liebre” y que las vacunas que recibieron no son las mismas que las que se utilizaron en el estudio de The Lancet, lo que provocó la ira de Moscú, que inmediatamente ordenó que les regresaran las vacunas, argumentando que habían violado el contrato de confidencialidad. Así que, como mínimo, el MSPAS debe revisar que le manden lo que compraron y no agua salada.

Pero luego está el problema de la distribución. Yo insisto en que, para que la mayor cantidad de personas sea vacunada de la manera más rápida, se debe dejar la centralización y permitir que se involucre la iniciativa privada. Pero como el Gobierno está empecinado en que solo ellos van a comprar las vacunas, por lo menos deberían dar participación a las empresas en el proceso de distribución. Así es como han logrado incrementar la vacunación en Estados Unidos, en donde uno se puede vacunar en casi cualquier farmacia o supermercado.

Y no hay que desechar las ideas “fuera de la caja”, como la propuesta del sector privado organizado de que se utilice la base de datos del TSE y la infraestructura que se usa para los procesos electorales. De implementarse algo así, seguramente se reduciría considerablemente el tiempo para dejar atrás este problema y ocuparnos en la verdadera “recuperación”.