Florescencia

Dignificar a los migrantes

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La semana pasada viajé a la capital de Estados Unidos a visitar a unos amigos migrantes y allí mismo me encontré al diputado Aldo Dávila, en labor de fiscalización del Consulado General de Guatemala en Washington, D. C. Después de viralizarse los malos tratos a connacionales por empleados de algunas de esas oficinas, el diputado no se quedó de brazos cruzados y tomó el vuelo para inspeccionar cuatro de los 23 consulados ese país. Esta situación me recordó cuando, en 1990, viviendo en Los Ángeles, California, a mi mamá le costó mucho obtener nuestros documentos y así inscribirnos en la escuela. No hablaba español y fue gracias a que alguien en el consulado hablara q’anjob’al que lo logró. Incluso antes de fallecer en el 2016, mamá deseaba obtener su DPI. Con el cáncer de pulmón avanzado, no era fácil traerla a Guatemala. La burocracia y la lentitud de los procesos en el consulado impidieron que cumpliera su anhelo.

Los desafíos para los migrantes son latentes aun cuando el monto de las remesas que envían rompe récords cada año. En el 2021 Guatemala recibió Q117,771 millones en divisas por remesas, un crecimiento del 34.9% y que representaron el 17.8% del Producto Interno Bruto (PIB). Para este 2022 el Banco de Guatemala proyecta que el dinero que envíen los migrantes aportará el 18.4% del PIB. Los migrantes prestan un verdadero servicio a Guatemala. Se ven forzados a irse a causa de la violencia, la pobreza y principalmente por falta de trabajo. Arriesgan su vida y muchos mueren en el intento. Aun así, no se les dignifica y se ha sabido que en algunos consulados como el de Los Ángeles servidores públicos les cobran descaradamente por servicios que son gratuitos.

Las remesas contribuyen a la economía y sostienen a miles de familias. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2018, Huehuetenango, San Marcos, Guatemala, Quiché y Quetzaltenango son los departamentos que generan más migración. Son los mismos con índices altos de pobreza, desnutrición y desigualdad. Estas son razones suficientes para que los gobiernos de turno presten atención a los migrantes. Hasta ahora, el sector de exportación y de inversión extranjera, del que formo parte, siempre ha tenido prioridad en cada gobierno. Pero los migrantes, de los que también soy parte, hemos estado olvidados.

Para ayudar a los migrantes solo se necesita voluntad política. Como se lo dije al actual presidente de Guatemala cuando llegó a Miami para reunirse con nosotros, los migrantes: necesitamos que se nos faciliten los trámites. Hoy, la cobertura de los 23 consulados en EE. UU. es insuficiente, igual que sus servicios de asistencia. Por mencionar algunos ejemplos, hay una crisis de pasaportes. Más que para viajar, este documento sirve a las personas en Estados Unidos para darles identidad a sus hijos y que estos accedan a servicios esenciales como salud o educación. Por otra parte, muchas personas que no hablan español, como le pasó a mi mamá, enfrentan la dificultad de entender los procedimientos.

Esto podría solucionarse con asesoría por call center, que puede manejarse desde Guatemala y podría ser liderada por la Academia de Lenguas Mayas. Por otra parte, los consulados y el Tribunal Supremo Electoral deberían comunicar más el empadronamiento. Se nos debe dar oportunidad de votar desde el extranjero para el gobierno central y los alcaldes de nuestros municipios. También es necesario que los diputados al Congreso cumplan su función de fiscalización y sigan el ejemplo del diputado Aldo Dávila. Los 160 diputados podrían fácilmente cubrir los diferentes consulados, empezando por los representantes de los departamentos con más migración forzada.