Florescencia

El sueño guatemalteco lo construimos todos

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Entre el viernes y domingo recién pasados tuve el honor y el privilegio de compartir con jóvenes, líderes, emprendedores, autoridades y empresarios locales de diversas comunidades de cuatro departamentos del occidente de Guatemala. Mi propósito fue abrir el diálogo en torno a la necesidad de construir el “Sueño Guatemalteco”. Tras terminar la primera fase de esta gira me siento más inspirado y con la firme certeza de que todos tenemos el mismo sueño, el de una Guatemala digna de heredar a nuestras hijas e hijos.

Estoy muy agradecido y emocionado por el recibimiento que tuve en mi paso por Tecpán, Chimaltenango; San Pedro Sacatepéquez, San Marcos; Quetzaltenango; Chichicastenango y Santa Cruz del Quiché. Ha sido una enriquecedora experiencia poder compartir la posibilidad de soñar en grande y escuchar directamente de nuestra gente la Guatemala que queremos.

El occidente de Guatemala ha pasado por episodios difíciles, tanto durante el conflicto armado interno como en los últimos tiempos a raíz de la pandemia, las dificultades económicas y la crisis que deriva de la corrupción e impunidad que reina en el corazón del Estado de Guatemala. Pero también veo acciones y esperanza. El domingo, en mi última parada de la gira Migrante, cerca de Q’umarkaj, la antigua capital del imperio k’iche’, recordé el pasaje del sagrado Popol Wuj en el que se cuentan las luchas de los gemelos Junajpu e Xbalamke en contra de las fuerzas de la oscuridad, los señores de Xibalbá. Y vi en los ojos y el corazón de quienes estreché la mano que todos tenemos algo de esos hermanos que nunca se dan por vencidos, que siempre encuentran una solución, que confían en el Corazón del Cielo para vivir un día más con dignidad y valentía.

Lo que más me emociona, inspira y llena de esperanza es haber confirmado durante estas conversaciones que todos soñamos con lo mismo, que compartimos las mismas preocupaciones y que todos queremos una Guatemala en equidad, moderna y libre de corrupción —digna de heredar a nuestras hijas e hijos.

El Sueño Guatemalteco no está lejos y no es imposible de lograr. De hecho, veo que ese sueño desde ya se construye con la labor de docentes como Mirna Gramajo, que sueña con una mejor educación para nuestra niñez; con el trabajo de Norma Beatriz, emprendedora de Diseños a Mano de Olintepeque, Quetzaltenango, cuyo emprendimiento empodera a jóvenes, principalmente mujeres, para luchar por sus propios sueños; con el arte del joven quetzalteco Daniel Rivera, el mejor escultor de plastilina de Latinoamérica; con el sueño de Linda Melany Soto Marroquín, de 15 años, que aspira estudiar Diseño Gráfico y formar parte del equipo de creatividad y tecnología de XumaK.

En cada ciudad del occidente en que estuve conocí a gente resiliente y perseverante que lucha para darle lo mejor a su familia. He visto con mis propios ojos y he escuchado con mis propios oídos que todos soñamos con una Guatemala digna de heredar. Pero también sabemos que para lograrlo necesitamos unirnos, ser parte de un equipo donde, además de trabajar juntos, cada uno tome responsabilidad de sus propias acciones. Que necesitamos dejar atrás el desánimo, la división y la desconfianza. Estoy agradecido con la vida, por haber nacido en Guatemala, en la cultura maya q’anjob’al, en una familia que me enseñó el valor del trabajo y del esfuerzo, fortalezas que me ayudaron a superar las barreras de la vida —plasmadas en mi libro autobiográfico, Migrante.

El sueño guatemalteco lo construimos todos. Sigamos soñando por nosotros y por nuestros hijos. Unámonos alrededor del sueño de una Guatemala posible, una Guatemala mejor.