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¿Es todo un montaje?

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Las acusaciones en contra de Sandra Torres, presentadas sospechosamente luego de que se le otorgara el privilegio del antejuicio, parecieran ahora que fueron hechas con el objetivo de taparle el ojo al macho, protegiéndola en su carrera hacia la presidencia. No soy creyente de las teorías de la conspiración, pero este caso tiene todos los ingredientes por lo menos para que uno dude de si todo esto es parte de la obra de un muy brillante titiritero. ¿Puede ser todo esto un muy elaborado montaje?

Según esta teoría de la conspiración, el objetivo sería llevar a Torres a la presidencia, sin importar el camino. El escenario lo fueron trabajando con mucho tiempo y dedicación. Dos años antes hicieron unas reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), que vendieron como que era el gran cambio para mejorar el sistema, pero cuyo objetivo principal era restringir la campaña política para todos los partidos. Ellos estaban claros de que les afectaría también a ellos, pero no había problema porque su candidata ya era lo suficientemente conocida como para que ninguno de los demás contrincantes se le pudiera acercar, no digamos igualar.

Pero había que asegurar todos los eslabones de la cadena para garantizar el éxito del plan, así que, llegado el momento, el embajador se puso a llamar a los diputados, uno por uno, para advertirles de que en la elección de representante del Congreso ante la CC debían votar por la porrista, o si no perderían la oportunidad de ir a ver a Mickey.
Ya sentada en el trono constitucional, con los suficientes elementos de intimidación para asegurar el triunfo, aunque sea con votos divididos, le comisionaron, mientras llegaba la hora de ejecutar el golpe maestro, que se encargara de obstaculizar lo más posible el desarrollo, crucificando a cuanta empresa llegase a sus dominios, para que la gente no prosperara, sino que se mantuviera en la peor pobreza. Esa es la mejor forma que tiene un político de asegurar la elección: ofreciéndoles espejitos a los pobres.

Conforme pasaron los días, se fueron filtrando las noticias de que había pruebas en su contra que podrían evitar que participara en la elección. Así que pusieron en marcha la siguiente etapa del plan: resistir la presión a como diera lugar hasta que ya tuviera garantizada la impunidad. Una vez alcanzada esta, le dieron luz verde a la otra comadre para que hiciera el show en su contra.

Dicho y hecho, se presentó la acusación pero unas horas después de que ella estuviese inscrita y, por tanto, gozase del privilegio del antejuicio. Con esa acusación se mataban dos pájaros de un tiro. Se quitaba la presión sacando a luz el escándalo y se liberaba a la comadre de cualquier sospecha.

Pero todo estaba bien planificado. Un día antes de que se decidiera si le quitaban la impunidad o no, convocaron en el Congreso a las comisiones que deberían seleccionar a los candidatos para la renovación de las cortes. El timing fue perfecto para lograr el apoyo de los que no eran incondicionales. Ellos sabían que la garantía de un trabajo seguro para los próximos años dependía del favor de los diputados de la doña, así que no se podían correr el riesgo de quedar desempleados. Votaron por mantenerle la impunidad.

Ahora iniciaba la nueva etapa del plan. El MP apelará la decisión de la Corte, pero la porrista los bateará en la CC, garantizando la impunidad para su gran amiga y líder. Y como los períodos de todos se traslaparían, la impunidad estaba garantizada hasta el final de la presidencia de la doña —que esperaban fuera eterna—.

En eso me desperté. Todo era un sueño. Las conspiraciones no existen y menos en Guatemala. ¿O sí? ¿Y quién sería el titiritero?