La buena noticia

Hacia un nuevo perfil del político

El próximo lunes arranca la campaña electoral. La tarea es derrotar el pacto de corruptos, prototipo del “antipolítico”. Se originó en el Congreso con aquellos 112 diputados que, durante las fiestas patrias del 2017, intentaron reformar el Código Penal. Ahora se amplió. Lo integran políticos, empresarios, militares, burócratas, grupos pentecostales, jueces y magistrados, algunos medios de comunicación social y fundaciones xenófobas de ultraderecha que rechazan el trabajo de la Cicig. También los que apoyan al presidente, alcaldes y gobernadores en su lucha por desmantelar la lucha contra los corruptos y los que celebran el desacato a la CC.

Es nuestra responsabilidad detectar dónde están los corruptos, qué partidos los cobijan y qué cargos de elección popular buscan, para que jamás votemos por ellos, y si todos pertenecen a “la política tradicional”, nuestra opción será anular el voto, no dejar en blanco la boleta, sino tacharla para rechazar a todo político marrullero responsable de tener herida a Guatemala en su institucionalidad, atascada en el empobrecimiento, sumergida en la impunidad y cooptada por alianzas criminales.

En la búsqueda de un nuevo perfil del político, ya presenté las primeras cuatro “bienaventuranzas” con sus respectivas malaventuranzas. Ahora ofrezco las otras cuatro.

“Bienaventurado el político que realiza la unidad”. Es capaz de promover la unidad sin ahogar la diversidad, la integración sin excluir a nadie. Es de mentalidad amplia y plural, abierta a lo diverso y respetuoso del que piensa distinto; es capaz de generar acuerdos, consensos y participación multisectorial y cultural. Lucha por la unidad de su pueblo y de la nación, piensa y actúa en clave de país, es incluyente de todos los pueblos y culturas, es abierto al diálogo y propositivo. Pero, ¡ay de los políticos que dejan divididas y confrontadas las comunidades! ¡Ay de los políticos promotores de violencia y de muerte!

“Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical”. Es capaz de promover transformaciones profundas en los pueblos y en la nación entera a nivel económico, social, cultural y político. Impulsa el cambio del sistema cuando está carcomido por la corrupción, por eso se esfuerza en promover procesos de cambios radicales en la sociedad más que ocupar espacios para oprimir. Pero, ¡ay de los políticos conformistas con el statu quo para no incomodar a las élites de su nación! ¡Ay de los políticos indolentes e indiferentes ante las necesidades de las mayorías empobrecidas y excluidas.

“Bienaventurado el político que sabe escuchar”. Oye el clamor de su pueblo, sabe escuchar a las víctimas del sistema, también a las élites económicas y a la oposición política, a todos los sectores del país y a la comunidad internacional. Muestra capacidad de análisis y discernimiento para orientar la acción política y la gobernanza en función del bienestar para todos. Pero, ¡ay de los políticos que, una vez elegidos, crean roscas que los van cooptando y no los dejan ejercer el poder libremente! ¡Ay de los políticos que endurecen su corazón, se encierran en su propio laberinto y quedan ahogados en una “soledad poblada de aullidos”!

“Bienaventurado el político que no tiene miedo”. Es audaz, sabe lo que quiere, asume las consecuencias, es firme en sus convicciones, no claudica en sus valores y es capaz de tomar decisiones en el ejercicio del poder promoviendo el bien común. En nuestro país muchos han sido asesinados, por ser valientes y asumir una actitud intrépida. Pero, ¡ay de los políticos cobardes, mediocres y tímidos! ¡Ay de los políticos que no arriesgan la vida por amor a su pueblo!