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¿Kazajis… qué? Repercusiones de un conflicto lejano

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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La situación en Kazajistán —disturbios y hasta un supuesto intento de golpe de Estado en los últimos días— es mucho más importante de lo que pareciera a simple vista, especialmente en estos momentos, en los que aumenta significativamente el riesgo de un conflicto entre la Otán y Rusia. ¿Nos debe importar estando tan lejos? Pienso que sí, y mucho.

Rusia está dispuesta a desplegar tropas en Kazajistán, debido a los intereses nacionales vitales que tiene allí. Comparten la frontera terrestre continua más grande del planeta, y aproximadamente una cuarta parte de la población de Kazajistán es de etnia rusa. En Kazajistán está el Cosmódromo de Baikonur, todavía su principal base de lanzamiento espacial hasta que concluya la construcción del Cosmódromo Vostochny. También tiene su campo de pruebas de misiles antibalísticos —cruciales para su seguridad— en ese país. Por si eso no fuera suficiente, Kazajistán es el principal productor de uranio del mundo —el 40 por ciento— y el principal proveedor de combustible nuclear para Rusia, China y hasta Irán.

Rusia percibe que los disturbios en Kazajistán son un acto de “guerra híbrida”, lo que han llamado “revolución de colores”. Esto para los rusos —y también para los chinos— implica que los gobiernos occidentales están tratando de hacer un cambio de régimen. Según esta teoría, las ONG respaldadas por los gobiernos occidentales —léase, Estados Unidos— fomentan grandes protestas que luego grupos de provocadores armados aprovechan para buscar un cambio de gobierno. Ya Putin indicó este lunes que la intervención rusa en Kazajistán “demostrará que no están dispuestos a permitir que se ejecuten ‘revoluciones de color’”.

Este lunes, el presidente Tokayev anunció que “todo fue un intento de golpe de Estado”. Las fuerzas de seguridad kazajas arrestaron al exjefe de seguridad del país Karim Massimov por traición, y el presidente desbandó a todo su gabinete y al Consejo de Seguridad, incluido el poderoso exdictador Nursultan Nazarbayev, su presidente.

Para complicar más el panorama entre Rusia y Estados Unidos, se ha filtrado información de que el hijo del presidente Biden, Hunter, era “amigo cercano” de Massimov, con lo que ahora el presidente estadounidense está vinculado al hombre acusado de encabezar un levantamiento “antirruso”.

Lo que nos lleva a las negociaciones sobre Ucrania. Debido a que la crisis de Kazajistán ha tensado aún más las relaciones entre Rusia y Occidente, será más difícil lograr una solución pacífica al enfrentamiento sobre Ucrania. De hecho, luego de tres infructuosos días de negociaciones en Ginebra, Bruselas y Viena, no solo no se llegó a ningún acuerdo, sino que los rusos ya dijeron estar dispuestos a dejar la “vía diplomática”.

La brecha entre lo que Estados Unidos y sus aliados estaban dispuestos a hablar (límites recíprocos de misiles, ejercicios militares y otras medidas de fomento de la confianza), y lo que Moscú exigía (garantías de que Ucrania y otros estados del antiguo bloque soviético nunca se unirían a la Otán) sigue siendo tan ancha como al inicio de la semana. Realmente más, porque Rusia tuvo varias oportunidades de resolver el conflicto, pero no lo hizo, lo que demuestra la determinación de Putin a no ceder en sus demandas.

Y allí volvemos a salir los latinoamericanos, porque Rusia amenazó con enviar contingentes militares a Cuba y Venezuela, para presionar a Estados Unidos. O sea que, un conato de golpe de Estado y una amenaza de invasión en países que no podían estar más alejados de Guatemala, podrían tener repercusiones a la vuelta de la esquina. La guerra ahora es más probable, no menos, pero habrá que esperar qué sucede en los próximos días.