Por la libertad

La desigualdad no es excusa

Los desmanes y destrucción de propiedad privada y pública ocurridos recientemente en Chile han provocado que muchos medios de comunicación, generalmente socialistas, culpen a la desigualdad de rentas como la raíz del problema. De hecho, algunos medios van más allá justificando la actuación de ese vandalismo desbordado que destruía lo que no podían robarse y llevarse a sus casas. Es vergonzoso ver estos artículos y comunicados defendiendo esa actuación. La desigualdad no es excusa para ello.

Me recuerda el conflicto causado por los pensadores extremos de la teología de la liberación preguntando si “lo tuyo es realmente tuyo”. Y es que cuestionan de entrada la propiedad privada considerándola un robo, no importando si fue adquirida legítimamente. Por ello, da pena ver los destrozos tanto de propiedad privada como de la pública que afectarán precisamente a quienes la han destrozado, los que más la usan y necesitan.

Quienes argumentan que hay que lograr una sociedad más igualitaria ignoran, a propósito, o por desconocimiento, que no es la desigualdad el problema, sino la pobreza. Y para resolver la pobreza es necesario, precisamente, adoptar aquellas medidas que permiten un más rápido y mayor crecimiento económico. De esta manera se generarán más y mejores oportunidades para que todos mejoren su nivel de vida. Nunca lo harán en forma igual, siempre en forma desigual pues así es la naturaleza humana. Todos somos diferentes y eso no lo podemos cambiar. No podemos hacer que todos pensemos y actuemos igual porque cada ser humano tiene su propia inteligencia, habilidad, creencias, destreza, belleza, carácter, forma de ser, aversión al riesgo, etc. Cada persona tiene una infinidad de características que las hace únicas y diferentes a los demás.

La única igualdad que debemos defender es precisamente la igualdad ante la ley y ante la justicia. Y esta igualdad debe aplicarse a cualquier persona, ricos y pobres, extranjeros o locales, de cualquier raza, religión, color, estatus, del gobierno o de la iniciativa privada, patrono, trabajador, estudiante o desempleado, en fin, a todos por igual, sin excepción. La igualdad ante la ley debe ser aplicada siempre en cualquier situación y circunstancia de tiempo y lugar. Solo eso garantizará que la justicia sea verdadera.

Si queremos crecer y desarrollarnos rápidamente debemos respetar inviolablemente la propiedad, la vida y la libertad de las personas. Quienes dicen que debemos crecer con equidad, es decir, crecer con redistribución al mismo tiempo olvidan que la forma más rápida y mejor de ayudar a los pobres a mejorar su nivel de vida es precisamente el crecimiento económico más acelerado, aunque sea desigual. Es mejor esto a una igualación de rentas empobrecedoras. Y es que mientras ocurre el crecimiento económico se multiplicarán las oportunidades de mejora de vida, pero no serán iguales para todos. Unos las tomarán porque las descubrirán más rápidamente que otros. Pero a todos les llegará alguna oportunidad, aunque no sea en forma igualitaria. Y por la propia naturaleza humana cada uno se adaptará de diferente forma a esas oportunidades y la sociedad seguirá siendo desigual, pero al final menos pobre que antes. Incluso menos desigual que antes dado que hay evidencia que las sociedades más desarrolladas han ido disminuyendo las desigualdades con el crecimiento económico a lo largo del tiempo.

Debemos elegir entre un crecimiento igualitario que es bajo o un gran crecimiento que no necesariamente es igualitario, pero sí enriquecedor, que permitirá una mayor mejora de nivel de vida de los guatemaltecos. ¿Cuál queremos?